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22 de septiembre de 2025

EL FEMIRULISMO CONTRAATACA. Entrevista Rosemblat-Cordera

 

"...Evidentemente el resultado de las últimas elecciones y este episodio, del que este chico Rosemblat no tiene la menor idea en la que se metió porque desconoce el tema, las han 'empoderado'..."



Por Carlos Balmaceda

21-9-2025


La entrevista que le hizo Rosemblat a Cordera les dio bríos a las femirulas. 


Me escribe un amigo que atravesó un juicio por una falsa denuncia con letrero contundente de inocencia, que además superó la fase de casación en la que el fallo fue ratificado, que una loca de mierda lo volvió a "escrachar".

Esto significa ni más ni menos que las  conchudas pretenden volver.

Cuando uno ve la cantidad de reacciones, los videos que se han hecho sobre el tema, el modo en que están operando, esto empieza a quedar claro. 

Tenía la sospecha de que estaba ocurriendo, ahora este amigo me lo ratifica.

 

Mi consejo fue que inmediatamente llame a su abogado previo a consultar en Dateas, una agencia de información por Internet, sobre los datos de la persona que lo "escrachó", y luego tomar al azar o no tan al azar alguno de los que hicieron 42 comentarios en el muro de esta conchuda e inmediatamente mandarles una carta documento a cada uno.

No en tren amenaza que quizás se cumpla o quizás no (hacerlo a la manera de Pablo Escobar y la abuelita).

Es decir, poniéndose directamente en la cabeza que tiene que hacerles juicio. 

Lo debe hacer porque, primero, él tiene un poder enorme que deriva de su fallo de inocencia y, segundo, porque tiene una responsabilidad enorme que significa permanecer y liderar esta lucha desde ese lugar en el que la verdad pudo salir a la luz y brindarnos un antecedente valiosísimo.

Si no lo hace, estaría siendo absolutamente insolidario con todos los varones que están sufriendo en este momento cárcel, persecución o que son empujados al suicidio.

Le dije: "espero que tu próximo texto o audio por WhatsApp confirme tu consulta al abogado y las cartas documento que tienen que venir en camino". 

Evidentemente el resultado de las últimas elecciones y este episodio, del que este chico Rosemblat no tiene la menor idea en la que se metió porque desconoce el tema, las han "empoderado".

Ni cuando Cordera habló en 2016 les importaba un bledo lo que estaba diciendo, (solo buscaron material para robustecer su dispositivo disciplinario), ni tampoco les interesa ahora.

Pero el mecanismo de victimización y su ratificación no se lo pueden perder.

Solo están marcándole la cancha a Rosemblat para que no se atreva a disentir. 

Obviamente lo que el bobo de Cordera pueda decir no tiene la menor trascendencia, pero tanto antes como ahora se lo infla para servir a sus intereses.

Voy a ratificar algo de lo que me convenzo cada vez más plenamente: estamos frente a un movimiento terrorista. Estamos frente a un dispositivo disciplinario que intentó reformatear la sociedad argentina. 

Nuestro trabajo es volver a encauzar esta comunidad.

Repito: hay no menos de 10000 varones presos en las cárceles argentinas por denuncias falsas promovidas a partir de políticas de género, mi registro personal de suicidados alcanza el medio centenar, el sistema de educación en nivel inicial tiene, literalmente, miles de procesados, y ha sido destruido, cientos de miles de padres separados de sus hijos, decenas de profesores universitarios perseguidos en las universidades públicas argentinas.

Este horror fue perpetrado en nombre de la igualdad.

Obviamente, proponer volver a la sociedad que éramos antes de 2015, significa que me acusen de "backlash", que para los que no lo saben, es la reacción conservadora que pretende un "regreso" al "patriarcado" (comillas porque nunca existió el segundo y no se puede volver entonces al primero). 

A partir de esa acusación, me dirán pedófilo, defensor de pedófilos, maltratador, psicópata, golpeador.

Ya lo han hecho, ya no se lo permiten porque no se atreven.

Por eso insisto, estamos frente a un movimiento terrorista.

Y así como al muchacho que me consultó por la falsa denuncia y la estafa posiblemente hecho por una red de policías y jueces que les comenté hace unos días, en este caso no solo orienté al amigo de está nueva consulta, sino que además le insistí que fuera completamente decidido en su accionar y que hiciera lo que corresponde. 

Todavía mucha gente no es conciente de lo que hemos atravesado y de lo que puede seguir pasando. 

Están los decentes y honestos que siguen escribiendo en lenguaje inclusivo sin advertir que detrás de esto se agazapan las garras del transfeminismo con un claro objetivo: destruir todo conato de construcción comunitaria.

¿Cómo?

A través de la instalación de miles de identidades de género que vienen a reemplazar al individuo (Dugin lo ha definido muy bien, el sujeto histórico que pretende crear el liberalismo es el post-individuo, una criatura en rumbo al transhumanismo, que entre otras cosas, en el propio magma de su indefinición, ni siquiera tendrá sexo).

La idea transfeminista es reemplazar a los dos sexos tradicionales por una miríada de géneros, considerando la necesidad de destruir lo binario, base de un "patriarcado" que ya sabemos es una invención teórica y una imposición pseudocientífica. 

Como se ha dicho, buena gente, honesta e inteligente, e incluso lúcida y brillante, sigue usando el lenguaje inclusivo porque suponen  que realmente incluye. No pueden ver la hilacha geopolítica de este movimiento, su financiación y la idea de que a partir de esta indiferenciación se borrarán las identidades tradicionales, sobre todo la de la mujer.

Detengámonos un poco en esto que tienen muy en claro feministas como Carmen Calvo, alguna vez fue vicepresidenta del gobierno español, o Lidia Falcón, fundadora del Partido Feminista ibérico.

En un caso, Falcón, expulsada de la coalición y en el otro, Calvo, sancionada por haber votado contra la ley trans. 

Calvo se opuso a la mutilación de menores, y a la indistinción del sexo femenino a partir de esta polución de géneros que se eligen y ofertan como si estuviéramos frente a una góndola de supermercado, opciones que cualquier desequilibrado podrá señalar y tener en su DNI, y, a esta altura, incluso, crear su propio género.

Vuelvo a recordarles que, según un ex consultor de la ONU, existirían 114 géneros.

Según el estado municipal de Nueva York y la Policía Nacional de España hay al menos 30 géneros y diversas identidades formando subgrupos como si se trataran de personajes de animé que se pueden seguir inventando y transformando.

Vuelvo al punto inicial.

Volvieron a tomar bríos. Las últimas elecciones les han dado la estúpida impresión de que pueden volver.

NO PUEDEN. NO DEBEN. 

Los convoco a que sean definitivamente concientes de lo que nos han hecho y de lo que nos quieren volver a hacer. 

A todos.

...



22 de agosto de 2024

Protocolo para todos.

 

"...Detengámonos un momento en este concepto. El "protocolo" es algo que impera en clubes, sociedades de fomento, asociaciones civiles, universidades, escuelas privadas o públicas, empresas, medios de comunicación; en cualquier ámbito en que haya interacción de ambos sexos habrá un "protocolo" que a priori condenará al varón solo por el hecho de serlo..."


Carlos Balmaceda *

22-8-2024


Lourdes Arrieta denunció a un compañero de bancada por "violencia de género", cumpliendo así un episodio más de la banalización del término, que alcanzó su cenit con Fabiola Yáñez, que, invitada a denunciar a su ex marido, rehusó un domingo y aceptó al día siguiente hacerlo, para luego filtrar videos y chats y después revelar que había perdido su celular. 


Cualquiera de ustedes que tenga un amigo, hermano, padre o tío varón heterosexual podrá averiguar qué está pasando en los ámbitos de trabajo, donde, frente a cualquier conato de conflicto, el hombre es acusado de "violencia de género", lo que puede derivar, sin pruebas, sin averiguaciones, sin denuncia judicial formal, en su despido, o, por lo menos, en su ostracismo. 


C.V., a quien no puedo nombrar porque ha pasado a ser un fantasma en la Facultad de Humanidades de La Plata, y así quiere continuar, no puede pasar por determinados pasillos de esa casa de estudios, y quedó recluido a tareas ajenas a la docencia. La denuncia es, como suele ocurrir, ridícula, falsa y sin sustento, pero poco importa si la frase mágica "violencia de género" la presidió. 


Para A.C. las consecuencias de un acto igualmente ruin, fueron más crudas. La intervención de fuerzas de la izquierda y La Cámpora terminó operando con aprietes contra su mujer e hijos. A.C. no quiere hablar precisamente por estas circunstancias. 


Más de uno de ustedes que lee esto supondrá que ambos casos son aislados y están encapsulados en una misma facultad. No es así. La metodología se extiende a todas las universidades, y es por eso que clamo en el desierto que hay que salvar a las casas de estudio de sí mismas. 


La causa y la forma de castigo que produce y consiente estas tropelías es el "protocolo" de cada universidad. 


Detengámonos un momento en este concepto. El "protocolo" es algo que impera en clubes, sociedades de fomento, asociaciones civiles, universidades, escuelas privadas o públicas, empresas, medios de comunicación; en cualquier ámbito en que haya interacción de ambos sexos habrá un "protocolo" que a priori condenará al varón solo por el hecho de serlo. 


El "protocolo" ha naturalizado y ocultado la idea de que se trata de un instrumento paralegal, que está por arriba y a veces en contra de la Constitución, Lo que dicen referentes de LLA respecto de esta cuestión, es cierto: nuestra Carta Magna nos asegura la igualdad ante la ley, y estos "protocolos" la impugnan. Sí, Milei tiene razón porque en este caso dice la verdad, y la diga Agamenón o su porquero, es la verdad. 


Días atrás el presidente Milei lo mencionó precisamente en estos términos: "perseguir al varón solo por ser varón" es una realidad transparente desde hace una década, pero no hay dentro del peronismo y mucho menos de la izquierda, una admisión de este estado de cosas. Esto no solo los debilita, sino que los aísla de una gran masa de la población que registra, a veces intuitivamente, a veces porque lo sufre, esta realidad. 


El "protocolo" fue mencionado la semana que pasó en el programa "Duro de domar", cuando en una virtual apretada, Carla Czudnowsky y Cinthya García le preguntaron y de inmediato le exigieron a Guillermo Moreno que su agrupación tuviera un "protocolo". 

Para que el embuste funcione, la "violencia de género" tiene que fungir como una palabra mágica que resuelve internas, reparte castigos y pone al "machirulo" en su lugar. 


El "protocolo" sirve entonces como pase de factura, y, en el ámbito de la política, como un arma arrojadiza. Fue un "protocolo" el que empujó a Emanuel Gómez al suicidio, posiblemente haya sido también un "protocolo" el que terminó con la vida de Carlos Lamas, ambos militantes de "La Cámpora" en Almirante Brown y Tres Arroyos, respectivamente. Otro "protcolo" apartó a Rudy Astudilla de la UADER de Entre Ríos, lo que lo derrumbó físicamente, lo llevó a contraer cáncer y abandonarse a la enfermedad en un suicidio indirecto. 


La promoción del término desde los medios de comunicación y el estado fue masiva durante el último gobierno, que era básicamente "transfeminista", lo que lo impuso en la sociedad como un dispositivo disciplinario. Hoy ya no importa qué tan sonsa o mentirosa pueda ser una acusación contra un varón, porque el objetivo será conseguido más allá del ridículo y la arbitrariedad. 


Por otra parte, el dispositivo ha imbecilizado y envilecido a muchas mujeres, que bien pueden haber tenido previamente estas características pero que a partir de este "permiso" dan rienda suelta a sus acusaciones. 


Los casos de Arrieta y Yañez son similares en su desmesura. Como ya dije por aquí, estoy convencido de que Alberto Fernández cometió todas las infidelidades torpes y exhibicionistas que se le endilgan, pero dudo mucho de la "violencia de género" ejercida contra su ex mujer, que usó este método para extorsionarlo, favorecer una operación política en sintonía con sus servicios (no olvidar que surgió de una agencia de escorts que colocaba agentes en distintos ámbitos del poder) y finalmente sacar una tajada contante y sonante.

 

Lo de Arrieta es un tema muy menor, en medio de un conflicto de por sí rocambolesco, pero el expediente de la "violencia de género" funciona del mismo modo. 

Que Czudnowsky y García apretaran a Moreno en vivo debería darles una idea de la necesidad de imponer el "protocolo", considerando, de por sí, que cualquier ámbito es peligroso para una mujer una vez que interactúa con varones heterosexuales. 


Esto no es novedad para el que escribe. Marta Dillon alguna vez afirmó que "La principal causa de muerte en mujeres menores de 44 años es la violencia doméstica, entonces entendemos que casarse es un riesgo".


La demonización terminó con diez mil de nosotros en las cárceles argentinas, medio centenar de suicidados y cientos de docentes de nivel inicial condenados entre otras tantas desgracias, pero también terminó, al banalizarlo, con el concepto real de "violencia de género" que sufren, de verdad, miles de mujeres.

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* Fuente: Facebook: https://www.facebook.com/arturo.vandelay.716

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7 de abril de 2024

Qué es una mujer, por J.K.Rowling




Rowling no se rinde y da clase en X-Twitter 

...no creo que las cirugías y las hormonas cruzadas conviertan literalmente a una persona en el sexo opuesto, ni creo en la idea de que cada uno de nosotros tenga una nebulosa "identidad de género" que puede coincidir o no con nuestros cuerpos sexuados... 

 

J.K. Rowling
@jk_rowling
Me hiciste varias preguntas en este hilo y me acusaste de evitar responder, así que ahí va:

Creo que una mujer es un ser humano que pertenece a la clase sexual que produce gametos grandes. Es irrelevante si sus gametos han sido fertilizados alguna vez o no, si ha tenido un bebé a término o no, irrelevante si nació con una rara diferencia en el desarrollo sexual que no hace posible ninguna de las dos cosas anteriores, o si tiene una edad superior a la de poder producir huevos viables.
Ella es una mujer y tanto como las demás. No creo que una mujer sea más o menos mujer por tener sexo con hombres, mujeres, ambos o no querer sexo en absoluto. No creo que una mujer sea más o menos mujer por tener el pelo corto y gustarle el traje y la corbata, o llevar tacones de aguja y minivestidos, por ser negra, blanca o morena, por medir un metro ochenta o ser una personita, por ser amable o cruel, enojado o triste, ruidoso o retraído. No es más mujer por aparecer en Playboy o ser una esposa entregada, ni menos mujer por diseñar cohetes espaciales o dedicarse al boxeo. Lo que la convierte en mujer es el hecho de nacer en un cuerpo que, suponiendo que nada haya ido mal en su desarrollo físico (lo que, como ya hemos dicho, no impide que sea mujer), está orientado a producir óvulos y no a al esperma, a tener hijos en lugar de engendrar hijos, e independientemente de si ha hecho alguna de esas cosas o si alguna vez quiere hacerlo. La feminidad no es un estado místico del ser, ni se mide por qué tan bien se imitan los estereotipos sexuales. No somos las criaturas que ni el porno ni la Biblia dicen que somos. La feminidad no es, como escribió la mujer trans Andrea Chu Long, "una boca abierta, un gilipollas expectante, ojos en blanco, en blanco", ni somos una ocurrencia tardía de Dios, surgida de la costilla de Adán. Es evidente que las mujeres estamos sujetas a ciertas experiencias debido a nuestros cuerpos femeninos, incluidas diferentes formas de opresión, según las culturas en las que vivimos. Cuando los activistas trans dicen: "Pensé que no querías ser definido por tu biología", es un intento débil y transparente de prestidigitación lingüística. Las mujeres no quieren ser limitadas, explotadas, castigadas o sujetas a otro trato injusto debido a su biología, pero nuestro ser femenino está definido por nuestra biología. Es un hecho material sobre nosotros, como tener pecas o no gustarle la remolacha, ninguno de los cuales es representativo de todo nuestro ser. Las mujeres tenemos miles de millones de personalidades e historias de vida diferentes, que no tienen nada que ver con nuestros cuerpos, aunque es probable que hayamos tenido experiencias que los hombres no tienen ni pueden tener, porque pertenecemos a nuestra clase sexual. Algunas personas sienten firmemente que deberían haber sido, o desearían ser vistas, como la clase sexual en la que no nacieron. La disforia de género es una condición real y muy dolorosa y no siento más que simpatía por cualquiera que la padezca. Quiero que sean libres de vestirse y presentarse como quieran y quiero que tengan exactamente los mismos derechos que cualquier otro ciudadano en materia de vivienda, empleo y seguridad personal. Sin embargo, no creo que las cirugías y las hormonas cruzadas conviertan literalmente a una persona en el sexo opuesto, ni creo en la idea de que cada uno de nosotros tenga una nebulosa "identidad de género" que puede coincidir o no con nuestros cuerpos sexuados. Creo que la ideología que predica esos principios ha causado, y sigue causando, un daño muy real a las personas vulnerables. Estoy firmemente en contra de que se desmantelen los derechos y protecciones de las mujeres y las niñas para dar cabida a los hombres identificados como trans, por la sencilla razón de que ningún estudio ha demostrado jamás que los hombres identificados como trans no tengan exactamente el mismo patrón de criminalidad que otros hombres. y porque, independientemente de cómo se identifiquen, los hombres conservan sus ventajas de velocidad y fuerza. En otras palabras, creo que la seguridad y los derechos de las niñas y las mujeres son más importantes que el deseo de validación de esos hombres. Sinceramente espero que eso responda a tus preguntas. Es posible que todavía no estés de acuerdo, pero como espero que esto lo demuestre, estoy más que feliz de tener este debate.




21 de marzo de 2024

Los 4 de Velez

 

“Sé que cuesta entenderlo. Yo le llamo el “dispositivo victoriano”, que los padres se enteren, que la noticia corra, que el novio lo sepa, vuelve súbitamente recatadas a las víctimas.”

 



Carlos Balmaceda

15-3-2024

Acabo de leer los chats completos de la “víctima” de cuatro jugadores de Vélez, “abuso” ocurrido después del partido disputado con Atlético de Tucumán. 

Por si no están al tanto. El arquero Sebastián Sosa hace contacto visual desde el micro del equipo con una periodista deportiva de allí. La busca por las redes, se conecta por WhatsApp e inmediatamente la invita al hotel donde pernoctan. 

La mujer accede. 

Hasta aquí, el caso tal y como ocurrió en la realidad. 

La versión del abuso que se difundirá tres días después, y justo 24 horas antes del “Día de la Mujer”, sugiere una “violación en manada”, perpetrada por los cuatro jugadores que se hallaban en la habitación, e incluye la posibilidad de alguna sustancia puesta en la bebida que tomó la “víctima”. 

Lo que trasciende a través de los medios entonces, es lo que sigue: Sosa la invita al hotel, le dice que pase por el casino para que nadie la vea, que vaya directamente a la habitación 407, y que allí la estará esperando. Para su sorpresa, se encuentra con otros tres jugadores, no obstante, se queda allí, tomando una bebida alcohólica, presumiblemente ferné, que ella misma compró a instancias del arquero. Por la mañana, atontada, después de advertir que ha sido abusada, se va hacia su casa, le manda unos chats al arquero en los que le reprocha la situación originada, y presenta la denuncia. 

A esto le sigue el terremoto mediático, y la intervención del abogado de Sosa que presenta una estrategia completamente equívoca, y que en el “juego del prisionero” representa abandonar a sus tres compañeros y hundirlos, tratando de salvar la ropa de una acusación que lo involucra mucho más fuertemente que al resto. Habla de posibles “20 años” de condena, dice que su defendido no tuvo nada que ver, y de esa manera, quiebra todo posible frente defensista con los otros acusados. 

Ahora bien, cuando uno accede al contenido completo de los chats, la realidad es bien distinta. La mujer declara cosas como “estoy acostumbrada a estar entre varones”, cuando le preguntan si tiene otras amigas para llevar, contesta “casi todas mis amigas están en pareja”, aclara que tardará porque “como entenderás, me tengo que bañar” y lo remate con una carcajada, el mismo Sosa, el arquero, advierte que sus compañeros “no se van a desubicar”, y por supuesto, le da instrucciones para que nadie la vea, porque aquí, la gran falta y la estupidez cometida por estos muchachos, es hacer ingresar a la concentración, a su lugar de trabajo y en horario de trabajo (que va más allá del partido) a un extraño. Aunque fuera para intercambiar estampillas, ese acceso es una falta. 

Pero es ella quien aclara “ni loca quiero que me reconozcan”, porque sabe perfectamente que lo que está pactando es una cita, que el arquero no estará solo, que lleva alcohol como para que la situación en algún momento se acelere, y que además, insisto, ni siquiera irá con la camioneta del padre, sino que tomará un Uber, según dice, porque “me matan” si llegara a chocar, aunque muy probablemente, por sus propias palabras, tratará de evitar que alguien vea el vehículo en cercanías del hotel. 

Los chats “reveladores” que el 90% del periodismo difundió e interpretó dan cuenta del ya mencionado “reproche” al arquero, “que eso no se le hace a una mujer”, que “cuando me levanté tenía sangre en las piernas”, que “las sábanas quedaron manchadas de sangre”. Esos chats son un recorte del contenido total, con posterioridad al “hecho”. 

Y lo que surge del contenido completo es la reiterada pregunta de ella sobre si “el paraguayo usó o no forro” porque “voy a tomar la pastilla del día después” pero pide una y otra vez que le pregunte al compañero si usó forro o no. Sosa le responde que de todos modos la tome, que “primero ella, segundo ella y después ella”, es decir, la mujer era plenamente conciente de que tenía una relación, incluso menciona algo así como que perdió el control. 

Las palabras que sugieren el abuso se concentran en “no se trata así a una mujer”, y las menciones sobre la sangre, dato que, si no surge de las pericias, hasta podría no ser cierto. 

La nota de A24 en la que se difunden estos chats, incluso mencionan, aunque de un modo confuso, que ella habría dicho “y se creen que por esa miseria de plata yo me voy a callar”. 

Doy dos datos más que mi ojo de conocedor del tema quiere resaltar: al día siguiente de los hechos, un conocido le pidió amistad a la periodista por Instagram, el medio por el que Sosa la contactó, y sin ningún inconveniente, se la otorgó. Al parecer, en “el estado de shock” que estaba, que un perfecto extraño le pidiera amistad, no le resultó llamativo. 

El otro dato se desprende de la causa. La denunciante pidió una cámara Gesell, que habitualmente se usa con menores, pero que en los casos de falsas denuncias han plagado los procesos contra varones heterosexuales. Se aclaró que esa será la única instancia en la que participará del proceso. 

Esto, los que tenemos cierta experiencia en estas lides, lo conocemos bien. La idea de la “revictimización” es recurrente: no se le puede preguntar nada, ni repreguntar, no hacerle recordar absolutamente nada, así que la cámara Gessell, un mecanismo guiado por profesionales de por sí infectados por la ideología de género, fácilmente manipulable, que en los juicios de presuntos abusos a menores se ha usado arbitrariamente hasta el cansancio, vuelve a cumplir el objetivo de una imputación montada, además, por los medios. 

En su declaración, Lourdes afirma que “Me ofrecieron dos latas de cerveza y, luego, me preguntaron si yo hacía tríos o si estaba con mujeres. Les respondí que no, que no me atraía y que siempre que estaba con alguien era sólo entre dos. En ese momento, me ofrecieron fernet en un termo Stanley color blanco”. 

Es decir, va a un hotel, donde le advierten que habrá otros hombres, ella declara no tener ningún problema, le preguntan si hace tríos (¿cómo habrá sido el tenor de esa charla, cómo se llega a ese tramo?), pero hay más, “En este punto de la declaración, la mujer hizo una aclaración importante, según sus propias palabras: “Los jugadores hacían como que tomaban o directamente se pasaban el vaso y siempre iba para mí”.

Es decir, era plenamente conciente del engaño, pero seguía tomando. De allí que deslice que algo habían vertido en el recipiente. 

¿Y los chats posteriores? ¿Y la pregunta sobre el “paraguayo y el forro”? Hay algo que ningún periodista mencionará, y es cómo es posible que ante la inminente denuncia, cuando todavía tiene rastros de la “violación”, la mujer no vaya de inmediato a la comisaría, donde le harán todas las pericias, y allí no solo le darán una batería de remedios contra cualquier posible enfermedad, sino que además determinarán de quién es el ADN que encontraron en su cuerpo.

No. Esta mujer llama a su “entregador”, también posible “violador” y en tono sereno le pregunta por el tema del “forro”. 

Claro, los que pasen por aquí –absténganse los nuevos contactos y seguidores recientes de mencionar estupideces si desconocen por completo el trabajo que desarrollo-, pensarán, y con razón: ¿pero por qué la exposición pública, por qué la mentira, por qué la falsa denuncia, por qué atravesar un proceso judicial? De inmediato concluirán: “no, no es posible, esto pasó, fue cierto”. 

Claro, desconocen los casos de la falsa manada de Palermo, de la falsa manada de Pilar, de Junior Cabrera, Juan Matías Bongiovanni, Joshua Suazo, Luis Rodríguez, Franco, el huelguista de hambre mendocino, IC, que en breve tendrá que comparecer por una loca que lo acusa de haberla violado después de pedir explícitamente al grupo de seis personas con las que se hallaba que celebraran una orgía, y como solo dos le concedieron el gusto, a guisa de nada, porque sí, decidió que uno de ellos sí la había violado. 

Sé que cuesta entenderlo. Yo le llamo el “dispositivo victoriano”, que los padres se enteren, que la noticia corra, que el novio lo sepa, vuelve súbitamente recatadas a las víctimas. Al margen, estas sociedades han encubierto una enfermiza androfobia como para acusar de la nada a un varón, es decir, el mecanismo hegemónico tan de moda en estos tiempos y meneado hasta por el propio presidente en menciones a Gramsci, funciona de manera aceitada. El varón puede ser vapuleado, difamado, se le puede inventar un crimen porque sí. 

De hecho, esto ocurre en acusaciones de hijas a padres, como el caso de Nahiara, que se arrepiente y confiesa que ha mentido, que pretendía que su padre “fuera preso unos días” para que ella pudiera irse de parranda. Le salió mal. Su padre ha sido condenado a 13 años, y su salud nos dice que posiblemente no aguante mucho tiempo más en la cárcel. 

Podría nombrar luego todos los casos de docentes de nivel inicial, porque forman parte del mismo entramado, aunque los sindicatos docentes, colonizados en sus cabezas por la agenda de género sean incapaces incluso de defenderlos. Y ni los propios docentes puedan hacerlo. 

En fin, nada sorprendente para los que nos asomamos al tema, que seguirá, por lo menos en mis investigaciones y publicaciones, hasta que un día quizás, la sociedad despierte azorada por todo el daño que ha permitido.



https://www.facebook.com/carlos.balmaceda.58323/posts/pfbid0w9LEtjTTcCiz4m7M2TxnVA92n3yhkusFGwmjKtYQbqp3VL6ScY7BhPBUvFLgvWiXl

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24 de enero de 2024

El femirulismo mata

 "El femirulismo ha sido letal, totalitario, criminal, y hoy una vez más lo comprobamos."



Carlos Pedrini

Carlos Balmaceda

23-1-2024


Como se puede ver en el tuit que escribió Juan Grabois, Carlos Pedrini, funcionario de Jorge Macri, era una buena persona, reconocido como un adversario leal, incluso por Pitu Salvatierra. 


Ayer, retomando un clásico del femirulismo, fue acusado de abuso sexual y hoy se ahorcó. 


En otro momento político, ni Grabois ni Salvatierra, con el añadido de ser rivales políticos del muerto, hubieran expresado sus condolencias por las redes sociales, porque, sencillamente, las femirulas los habrían tildado de “hijos sanos del patriarcado”. 


El hecho, espantoso, saca del cajón más oscuro de estos años lo que durante 2018 (hoy casualmente lo rememorábamos a través del mundo del rock) fue habitual. 

Aquí, se conjugan dos cuestiones: el suicidio de otro varón linchado en el altar del femirulismo, y el posible pase de factura de algún rival político. 


El senador Marino, acusado por una empleada fue víctima de una interna radical de La Pampa. 

Resultado de la imputación: inocente. 


Gastón Edgardo Ungar, dirigente peronista de Neuquén, fue acusado por sus propias militantes de violencia en los términos más porosos y amplios. Expulsado del partido, destruida su organización, la imputación resultó en una clamorosa inocencia. 


Eduardo Cáceres, diputado sanjuanino por el PRO, fue acusado por su ex pareja, movida por la propia competencia política. No solo resultó inocente, la contrademandó y se sumó a la lucha contra el femirulismo. 


Hay más, hay muchos más, porque el femirulismo se prestó a estas extorsiones en el mundo de la política. 


A veces, terminaron, como en este caso, en suicidios. El más conocido, porque su madre llevó a La Cámpora a juicio por instigación al suicidio, y luego, los propios camporistas, con la secretaria de DDHH de Almirante Brown a la cabeza, y Lepere, mano derecha del sionista De Pedro, la apretaron judicialmente de manera brutal para no “revictimizar” a la violada imaginaria Milagro Michetti. 


Cuando les digo que 25 es una cifra simbólica, porque ya perdí la cuenta y hay casos en los que ni siquiera pude llegar a conocer el nombre de los suicidados (el varón linchado que se arrojó de un balcón hace un mes y medio en Hidalgo al 500, de CABA es todavía un NN), es así. 


El femirulismo ha sido letal, totalitario, criminal, y hoy una vez más lo comprobamos.

 

Que Grabois y Salvatierra se animen a una necrológica noble del muerto, nos indica que el temor a las femirulas ha decaído. Cuando Grabois se expresó sobre el aborto, fue repelido por la furia verde y cerró el orto, por eso, al producirse la derrota en las elecciones intermedias, aprovechó la volada y habló elíptica pero certeramente de lo dañoso que fue privilegiar la “agenda de minorías”. 


La historia de todo el daño que provocó el femirulismo y cómo llamó a gritos a Milei, hay que contarla. Lo hago desde hace por lo menos ocho años, pero en breve, la sistematizaré.

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26 de diciembre de 2023

¿Se está cayendola mentira femirula?


"...Aquí, todos los medios que responden al capital financiero global definieron en horas lo que pasó aquel carnaval en Palermo. Es decir, para que quede clara la redacción, la totalidad de los medios, que se debaten entre ser claramente financiados por esa fracción parasitaria del capital y los que temen pasar por las horcas caudinas de sus “colaboradoras”, “editoras de género”, “cupo feminista”, silenciaron la verdad y dejaron que se impusiera esta mentira..."




Carlos Balmaceda

22-12-2026


DE 20 AÑOS A 6. SE VA A CAER


“La prueba clave fueron los múltiples videos de cámaras de seguridad que registraron todo el derrotero del grupo con la víctima durante nueve horas”, dice Vágina 12. Primera fake news. En realidad, la prueba que demuestra la inocencia de los acusados es un video de por lo menos tres horas de duración, que la youtuber Valentina Ortiz desmenuzó a conciencia, demostrando que no hubo ni violación ni cooptación de una presunta “víctima”.

 

Recordemos el caso: ocurrió el 28 de febrero de 2022, y la “víctima” había salido con un amigo a las 5 de la madrugada camino a Palermo Hollywood. Absurdamente, en la cadena de sinsentido de aquella noche que comparten por partes iguales “abusada” y “abusadores”, la mujer pierde a su amigo y decide quedarse en un local en compañía de desconocidos, con los que comparte charla, alcohol y sustancias ilegales. 

Luego, van a una plaza, y después, al auto de uno de los “abusadores”. Allí, alguno toca la guitarra, ya avanzado el día, lo que alerta y molesta a una panadera del lugar, de reconocida fama en la zona como mentirosa y estafadora, que decide llamar a la policía para informar de una “violación”. 


El video de Valentina muestra que la chica sale del auto cuando quiere, que de hecho se podría haber retirado de allí (aquí otra mentira de Vágina 12, que afirma que fue “retenida”) que incluso en algún momento de la jornada, son los panaderos los que la agreden, y que, desde el momento en el que es “cooptada”, la “víctima” está a su voluntad e incluso a su gusto. Previo a la estancia en el auto, será ella la que llevará la iniciativa para abrazar y hasta besar a uno de sus “violadores”, algo que desmiente lo que afirmará después, tal vez por consejo de algún abogado femirulo, acerca de su condición de lesbiana. 


En definitiva, la policía llega, detiene a los “autores” y a partir de allí se desata la cacería mediática más grande de la que se tenga memoria. Habrá marchas de mujeres cantando “como a los nazis les va a pasar…” lo que nos habla del desplazamiento politizado de los juicios por lesa humanidad, a casos de presuntos abusos, equiparando así la figura del genocida a la de cualquier varón, que según la terminología, aquí sí nazi del femirulismo, es desde que nace, un “hijo sano del patriarcado”. 


Eso será precisamente lo que dirá Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de Mujeres y Coso, al otro día, y lo que fogonearán los medios de comunicación, que llegarán al extremo de convocar grafólogos para “descubrir” en la letra de los señalados sus rasgos más perversos. 

No será un dato menor la pertenencia de dos o tres de ellos a las usinas del femirulismo (uno era asesor de un bloque de concejales en Vicente López, otros dos pertenecían a la Universidad de San Martín, cuyas revistas insignia, Anfibia y Cosecha roja, están financiadas por George Soros, tal como lo informó detalladamente el periodista Conrado Yasenza), lo que volvió al caso paradójico y al mismo tiempo ayudó a los sectores opositores a embestir por este flanco al gobierno femirulo de Alberto Fernández. 


“La manada de Palermo”, como las de Florencio Varela, o la de Pilar, están inspiradas en la inicial “manada de Pamplona” o la de la Arandina, ambas de España, lugar donde se inicia la cadena de dislate y androfobia que hoy padecen en Argentina decenas de miles de varones. 


Aquí, todos los medios que responden al capital financiero global definieron en horas lo que pasó aquel carnaval en Palermo. Es decir, para que quede clara la redacción, la totalidad de los medios, que se debaten entre ser claramente financiados por esa fracción parasitaria del capital y los que temen pasar por las horcas caudinas de sus “colaboradoras”, “editoras de género”, “cupo feminista”, silenciaron la verdad y dejaron que se impusiera esta mentira. 


Las familias de los acusados fueron agredidas, perdieron sus trabajos, las repudiaron públicamente, gracias al movimiento totalitario que aquí bautizamos femirulismo, y, en nombre de esta gran venganza de género, estos muchachos pudieron haber perdido sus vidas por completo en la cárcel. 


Por supuesto que si hablamos de condenas, de situaciones que les dieron vuelta la existencia como una media, las consecuencias son de todos modos siniestras, pero para lo que veníamos viendo, este juicio, con una carga mediática abrumadora, termina con un desenlace casi alentador. 


Saquemos cuentas: de los seis, dos son condenados a seis años; dos, a uno y otros dos absueltos. 


Primera conclusión: según el veredicto, gracias a la prisión preventiva que se aplica siempre a presuntos violadores, como en este caso, víctima de falsas acusaciones, hay dos varones que cumplieron su condena hace un año, y dos que jamás debieron pisar ni el umbral de una cárcel. 


A Emanuel Suárez, condenado hace semanas a 12 años y medio de cárcel en Rafaela, le negaron la prisión preventiva, extendiéndola más allá de los dos años de rigor, aunque no había riesgo de fuga, e incluso se detalló la posibilidad de trabajar en un local contiguo a la vivienda de un pariente. 


A menudo, ladrones, narcos y hasta homicidas zafan de la prisión preventiva, pero los miles de varones arrastrados a la locura de género, no. 


En este caso, el relato inventado por la “víctima” y los medios, infló la noticia hasta el paroxismo, y entonces, la sociedad estuvo en vilo durante meses, ratificando así que no hay peor crimen que un abuso, lo que puede ser más o menos cierto cuando ocurre, pero no cuando lo que se produjo es una redonda mentira. 


El único rastro material recogido es el esperma de uno de los acusados, que, por otra parte, jamás forzó a la “víctima”. El absurdo llega a tal grado que a uno de los que se queda en la vereda tocando la guitarra, se lo consideró “partícipe secundario”. 


Ahora bien, si comparamos con algunos casos clásicos, las condenas para los que más duramente ha caído esta mentira sobre sus cabezas, son leves. Veamos por qué. 


- Luis Rodríguez, de Bahía Blanca, acusado por su hijastra de abuso (denuncia que tuvo que potenciar después de que en principio fuera desestimada y sumar a una prima que solo sería testigo) fue condenado a 20 años. 


- Lucas Puig, docente de nivel inicial absuelto en un primer juicio, fue condenado a 35 años en un segundo juicio. 


- Juan Matías Bongiovanni fue condenado a 10 años por dos acusaciones que solo se sostienen en un respectivo hecho único para las dos “víctimas” y que –de ser verdad, que no lo es-, se trataría de un abuso simple.

 

- Joshua Suazo, de Bahía Blanca, a 8 años, por una flagrante mentira que la propia “víctima” anunció que concretaría con bombos y platillos. 


Que con el carnaval mediático producido, marchas y agresiones a los familiares, este caso se cerrara así, indica que la mentira se ha empezado a caer. La querella pedía 20 años, la fiscalía, 13, y terminamos en una pena que en un año y medio más le permitirá a los condenados cumplir salidas transitorias. La mayoría, los otros cuatro, afuera hoy mismo, espero que para contar su verdad, a la que prestaré, si me lo permiten, oreja, difusión y apoyo. 


Se empezó a caer la mentira y no es por Milei, que entre sus 300 leyes derogadas cerró el culo, como el globalista de mierda que es, a todo lo que tenga que ver con el género.

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Fuente: Carlos Balmaceda

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6 de diciembre de 2023

Justicia Femirula...

 Justicia femirula ... pero la llaman, justicia "con perspectiva de género"

"Lo que empezó como una vendetta contra su madre, termina en esta condena criminal."


Carlos Balmaceda *

6-12-2023


Condenaron a Emanuel Suárez a 12 años y seis meses en Rafaela.

Lo que empezó como una vendetta contra su madre, termina en esta condena criminal.

Baste decir que las acusadoras, sus sobrinas, de 22 y 24 años, fueron interrogadas en cámara Gesell, y que la psicóloga interviniente declaró en el juicio que lo hizo a pedido de la fiscalía, aunque ese tipo de exposición -aplicada a mayores de edad- suele dar falsos positivos.

Aunque las dos conchudas mentirosas fueron a cada audiencia, opinaron permanentemente en redes sociales (una de ellas dijo que si aparecía tirada en una zanja, se trataría de su tío, como para asegurarse de que lo dejaran en prisión preventiva, algo que ocurrió, contra toda disposición legal durante dos meses) e hicieron una vida social normal en todo este tiempo, sin atisbos de trauma alguno, se decidió que no estuvieran ni un segundo en el tribunal, que no se les preguntara nada, ni siquiera en forma remota para no "revictimizarlas".

En chat de WhatsApp entre tío y sobrina y a modo de confidencia, la mujer confesó a su tío que postergó su "primera vez" porque se había peleado con el elegido.

Esta conversación, que demuestra que no hubo forzamiento, -como ella sostuvo-, a la edad de cinco años por parte de su pariente, fue interpretada como "primera vez fuera de las reiteradas violaciones".

Lo retorcido de la interpretación no explica por qué se lo contó justamente a su violador.

Según el relato, las violaciones se extendieron por años, incluso desde que Emanuel también era menor.

No hay consistencia en los lugares donde se habrían producido, hay contradicciones y no se explica cómo es que la madre del acusado, también imputada, no terminó involucrada en el proceso.

A Emanuel le robaron la posibilidad de ver crecer a su hijito, al que con suerte volverá a ver cuando sea un adolescente.

Este caso es uno entre miles, y fue determinado por la acción del femirulismo.

Cuando el domingo Alberto le calce la banda presidencial a Milei, no olvide.


* Carlos Balmaceda 

https://www.facebook.com/carlos.balmaceda.58323

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