12 de abril de 2026

La patria de los judíos ¿Israel o Argentina?

 

Sionismo, creación del Estado de Israel como enclave colonial europeo en medio oriente, limpieza étnica en Palestina...

¿cuál es la patria de los judíos, Israel o Argentina? 


...décadas de limpieza étnica...


Néstor Miguel Gorojovsky

12-4-2026



¿TENEMOS PATRIA LOS JUDÍOS? Y SI LA TENEMOS, ¿CUÁL ES?


Esto es mi modo de aclarar un equivoco que suelen usar tanto judeófobos como sionistas para destilar su veneno dentro del campo nacional y dentro del campo oligárquico-imperialista, respectivamente.


¿Los judíos tenemos la patria del país en que vivimos o, como el movimiento sionista y muchos judeófobos pretenden, los judíos tenemos por Patria al Estado de Israel?


No es cierto que los judíos no tengamos Patria, y tampoco es cierto que todos los judíos sean practicantes de su religión. En cambio existimos muchos judíos, incluso en Israel, que somos ateos (sin dejar de ser judíos para los judeófobos, y que cada vez somos más repudiados como judíos por los sionistas). Muchos de ellos, incluso habiendo tenido un origen sionista, nos oponemos al sionismo.


Muy bien. Pero entonces, ¿qué relación existe entre los judíos de la Argentina, Israel y el sionismo? Empecemos por el principio, dado que el amanecer suele predecir al resto del día.


Los primeros sionistas, de débil o nula religiosidad, sólo pretendían encontrar un lugar en el mundo en el que los judíos pudieran congregarse y salvarse de las persecuciones antisemitas (judeofóbicas, en rigor) que siempre, según ellos, amenazaban. No tenían pretensión de instalarlos obligatoriamente en Asia Occidental, y barajaron diversos puntos del planeta (una de las cartas más efímeras en ese mazo fue, para algunos sionistas, la Argentina).


Además, tampoco todos creían que, como proclamaba Herzl, en ese lugar tenía que haber un Estado. Lo que unía a todos los sionistas era la convicción de que la judeofobia era un problema eterno y que podía afectar a cualquier judío en cualquier momento; por eso abogaban por la existencia de un refugio, con o sin un Estado.


Herzl, el creador del sionismo, y no fue el único, tampoco era partidario de implantar el refugio sí o sí en "la antigua tierra bíblica de los judíos", se la definiera del modo que sea. Pero los que exigían su radicación en Palestina terminaron primando sobre las demás corrientes abruptamente cuando el sionismo, en virtud de una declaración de apoyo emitida en el Imperio Británico para crear un "hogar nacional judío en Palestina" (la Declaración Balfour que festeja la canción Hava Naguila), decidió que ese lugar tenía que ser Palestina; y allí empezaron a instalarse bajo protección imperialista inglesa.


Eso implicó asumir como propia una estrategia colonial ajena y enfrentar la creciente resistencia de la población árabe que existía en la zona (en rigor, de sirios del Sur: más adelante explico cuándo pasaron a ser palestinos).


Ese enfrentamiento terminó de hacer prevalecer la idea de que para defender su hogar los inmigrantes judíos tenían que contar con una fuerza propia de autodefensa, que protegiera las áreas ya ocupadas y aquellas sobre las que pretendían expandirse. El propio Winston Churchill dejó por escrito que la política inglesa se resumía en el criterio "permitamos que vengan, pero que se defiendan ellos".


Churchill sabía muy bien qué se traía entre las manos. Inicialmente, los sionistas ni siquiera buscaban expulsar árabes por la fuerza: el suelo en el Mandato británico de Palestina solía estar en manos de grandes propietarios ausentistas, residentes en general en Alejandría o Estambul, que vivían de las rentas semifeudales que recaudaban entre la población de la zona. Las primeras implantaciones no se hicieron  necesariamente por vía militar: los sectores acaudalados de las comunidades judías en Europa Occidental y Central disponían de riqueza suficiente para ir adquiriendo tierras de esos terratenientes parasitarios, especialmente en las áreas más baratas y menos densamente pobladas: la llanura costera.

Esos judíos ricos de Occidente gozaban de plenos derechos de ciudadanía en sus países y en Alemania, Francia e Inglaterra llegaron a ocupar altísimos puestos de gobierno. Además manejaban importantes firmas industriales y comerciales y también casas bancarias, como los Rotschild y Montefiore.


El aflujo permanente a sus países de judíos pobres perseguidos desde Europa Oriental y Centro-oriental les resultaba incómodo, una carga, quizás el posible origen de olas de judeofobia popular que podrían alcanzar también a los ricos.


Por lo tanto, encontraron muy conveniente dedicar parte de sus fondos a orientar judíos perseguidos en el Imperio Zarista a través del sionismo territorialista palestino (aliado al imperialismo inglés) hacia la costa levantina del Mediterráneo, y contribuyeron con sus fondos a adquirir tierras de los ausentistas.


Eso sí: a diferencia de los ausentistas, que sólo percibían un tributo, instalaron en esas tierras grupos de judíos europeos allí donde antes había residentes árabes de Siria del Sur.


Y desde entonces apareció la necesidad de fuerzas de autodefensa judía. *Los árabes del Mandato inglés en Palestina (de cualquier religión, musulmanes, cristianos ortodoxos, cristianos católicos, y quizás en algún muy raro caso hasta judíos) habían sido indiferentes hasta entonces a quién recibía su tributo por la tierra en la que vivían desde tiempo inmemorial. Pero estos nuevos dueños los dejaban en la calle, como parias, y los reemplazaban por otra gente, completamente distinta a ellos.*


Allí empezó el conflicto árabe-sionista bajo el interesado "escudo protector" del Mandato inglés. A lo largo de ese conflicto surgiría *exactamente lo que el imperialismo británico quería conseguir, eso que con el tiempo y los enfrentamientos terminarían siendo las nacionalidades palestina (ex sirios del Sur) e israelí (ex colonos judíos oriundos de Europa) enfrentadas a muerte* en lo que por muchas decadas se denominó perversamente conflicto "árabe-israelí", como si los árabes -incluidos, por ejemplo los árabes de religión judía de Irak- fueran una inmensa masa compacta decidida a matar a todos los judíos de la Palestina del Mandato.


Y Londres, aduciendo la defensa de "los más civilizados y débiles" (los colonos de origen europeo), tuvo así un pretexto para que el Mandato temporario que habían conseguido de la Sociedad de las Naciones en las tierras que habían arrebatado al Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial se hiciera permanente, porque era la única manera de evitar la carnicería entre las dos partes en conflicto.


Luego sobrevino el holocausto judío en Europa (que levantó un clamor de los países imperialistas para que todos los sobrevivientes pudieran emigrar a Palestina, mientras ellos mismos no les permitían ingresar a su territorio) y el inicio de la sustitución de los británicos por los estadounidenses (que permitió a los colonos judíos de Palestina construir el Estado de Israel sobre una población árabe en vías de palestinizacion cuya dirigencia política había sido exterminada durante las rebeliones de 1929 y 1936).


Las dirigencias judías de Israel empezaron a seguir una serie de políticas de discriminación y evicción contra los árabes palestinos que habían quedado dentro de su Estado, y una seguidilla de guerras e invasiones israelíes a sus vecinos (especialmente al Sur del Líbano) que culminó con la Guerra de los Seis Días en 1967.


A partir de entonces, el Estado de Israel soldó su destino al de los Estados Unidos, donde vivían la mayor parte de los judíos de la Diáspora fuera de Israel y de la URSS (estos últimos nunca contaron demasiado, especialmente durante la Guerra Fría).


1967 terminó haciendo que los israelíes ocuparan los territorios que la ONU había reservado para los palestinos a partir de 1948 (Cisjordania y Gaza).


La Guerra de los Seis Días fue además una derrota estratégica de todo el mundo árabe frente al imperialismo. El presidente de Egipto, el país árabe más importante, Gamal Abd el Nasser (acérrimo partidario de la unidad nacional árabe, el escenario más tenido por los dirigentes israelíes) no fue derrocado sólo porque las masas egipcias salieron masivamente a las calles para respaldarlo tras la derrota. Pero sus sucesores, tras la extraña Guerra del Canal, firmaron la paz con Israel, que devolvió a Egipto el Sinaí tras anexar, limpiar étnicamente y ocupar con colonos judíos el territorio sirio de los Altos del Golán si pretexto de garantizar la seguridad del galileo Valle de Huleh.

Desde ese momento, Israel empezó una grosera, brutal y sistemática política de ocupación progresiva e ilegal de tierras en Cisjordania y enfrentó la tenaz resistencia de los palestinos de la Franja de Gaza (muchos de ellos expulsados de sus tierras colindantes por operaciones militares de limpieza étnica ya en 1948) encerrándolos en una verdadera cárcel a cielo abierto.


La alianza con Estados Unidos fue a todo nivel. En poco tiempo, las conducciones israelíes europeístas, socializantes hacia adentro e hipócritas hacia afuera (como cualquier partido socialdemocrata, dicho sea de paso, en la Europa de la Guerra Fría) fueron sustituidad por el Likud, aún europeísta pero de extrema derecha sin prejuicios.


El Likud profundizó la desposesión de los palestinos, sustituyó el mito del "Israel amenazado en todas sus fronteras" por el del "mejor ejército de la región, la mejor fuerza aérea del mundo, y los servicios de inteligencia más infalibles y omnipotentes".


No es de extrañar que, a medida que la economía israelí se fue entrelazando cada vez más con la de Silicon Valley, con sus magnates fascistas al estilo de León Musk, y el Escudo de Hierro antimisiles dio a la población la sensación de ser inmunes a cualquier ataque, el gobierno pasara a manos de formaciones cada vez más fanáticas de un nuevo tipo de sionismo: el que gobierna actualmente. El "derecho divino" a la tierra sustituyó por completo las consideraciones políticas del sionismo original. Israel, en ese sentido, vivió un salto cibernético hacia la Edad Media.


A diferencia de todos sus antecesores, este nuevo sionismo, sobre el que se apoya Netanyahu incluso más allá de sus convicciones personales, llevó a su expresion más acabada el pensamiento implícito ya en los primeros momentos de la alianza entre el movimiento sionista y la burguesía británica: la loca fantasía renfanita y evangelista estilo CIA de que el Estado de Israel es la materialización de una voluntad divina, que justifica la limpieza étnica, el arrasamiento y el establecimiento de un Apartheid en los territorios palestinos ocupados en 1967 (y, porqué no, el Líbano al Sur del río Litani, aunque ninguna cita bíblica lo incluya en ningún Israel de 2000 años atrás), así como la materialización de un Gran Israel que domine, como dice el Pentateuco, "desde el río [Éufrates] hasta el mar".


Todo esto, que se supone es un "sionismo religioso", omite que la religión judía lo rechaza violentamente, dado que

[1] ningún sionista es reconocido como el Mesías, y 

[2] para los judíos coherentemente religiosos hasta que no aparezca el Mesías el Templo de Jerusalén -el Templo, no el Estado- no se restaurará.


Todo esto lleva implícita la respuesta a la pregunta inicial: la Patria de los judíos argentinos, tal como la de los católicos argentinos, los musulmanes, budistas y umbandistas argentinos, sólo puede ser la Argentina. Lo mismo vale para los argentinos descendientes de italianos, españoles, japoneses, coreanos, alemanes, austrohúngaros (qué antigüedad), sirio libaneses (otra antigüedad), griegos, armenios, irlandeses, ingleses, estadounidenses, canadienses, aborígenes y criollos locales, uruguayos, paraguayos, bolivianos, brasileños, chilenos (como Mario Almonacid, el primer conscripto caído en las Malvinas en 1982), peruanos, venezolanos, israelíes, palestinos y cualquier otro rincón del planeta Tierra.


Más allá de religiones y orígenes étnicos, los únicos que realmente no tienen patria aquí son quienes crean que fueron paridos aquí por algún desafortunado azar, o defiendan el interés de países extranjeros en contra del bien común, la justicia social, la independencia económica y la unidad latinoamericana: esos son los cipayos y no hay más cipayos entre los judíos que entre los demás.


Para colmo, y aclarado todo lo anterior, en la Argentina esa frase hecha de sentido común reaccionario de que "los judíos no tienen Patria" es injusta hasta la crueldad: la proporción de judíos y judías que los sicarios armados del estáblishment exiliaron y masacraron durante el genocidio de 1976 -por haber defendido y querido liberar a su Patria argentina del nudo asfixiante oligárquico-imperialista- superó la proporción de judíos en la población total.


Y los y las que murieron o desaparecieron habían luchado sabiendo que los genocidas serían especialmente salvajes contra ell@s, aduciendo entre otras cosas, justamente, que "los judíos no tienen patria".


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Fuente: https://www.facebook.com/nestor.gorojovsky

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22 de marzo de 2026

Netanyahu y Gengis Kan - La mirada de A.Dugin

 

Revista Pacto

22-3-2026


El filósofo ruso, considerado el "cerebro de Putin", analiza las recientes afirmaciones del primer ministro israelí sobre la superioridad del mal sobre el bien y su llamado a seguir a los judíos por "temor y reverencia". Dugin interpreta el discurso como un abandono del arquetipo del "Mesías sufriente" (asociado a Jesús y las víctimas del Holocausto) para abrazar al "Mesías triunfante" inspirado en el fascismo de Jabotinsky.

Las recientes declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre la relación entre el bien y el mal han provocado una de las críticas más profundas y filosóficamente elaboradas de los últimos tiempos. El pensador ruso Alexander Dugin, considerado el ideólogo más influyente del entorno de Vladimir Putin, ha diseccionado las palabras de Netanyahu en un análisis que revela una transformación radical en el arquetipo que, según él, el líder israelí pretende encarnar.

"No basta con ser moral. No basta con ser justo. Jesucristo no tiene ventaja sobre Gengis Kan. Si eres lo suficientemente fuerte, despiadado y poderoso, el mal vencerá al bien", habría afirmado Netanyahu, en unas declaraciones que han sacudido los cimientos del discurso político y religioso .

La respuesta de Dugin no se hizo esperar, y su interpretación va mucho más allá de la crítica política convencional.


"Seguir a los judíos por reverencia y temor"

Dugin comienza su análisis constatando el impacto de las palabras de Netanyahu y lo que implican para la relación del mundo con Israel:

"Ahora debemos seguir a los judíos no por compasión y empatía, sino por reverencia y temor. De lo contrario, simplemente nos matarán. De una forma u otra. El arquetipo se ha invertido" 

Para Dugin, lo que Netanyahu está proclamando no es una simple declaración política, sino un cambio profundo en la identidad judía tal como ha sido percibida durante siglos. Es el paso de la víctima al victimario, del perseguido al perseguidor, del cazado al cazador.


El Mesías sufriente contra el Mesías triunfante

El núcleo del análisis de Dugin es teológico y profundamente simbólico. Según el filósofo ruso, Netanyahu estaría anunciando un cambio del arquetipo del Mesías sufriente (Ben Yossef) al arquetipo del Mesías triunfante (Ben David). 

En la tradición judía, el Mesías ben Yossef (hijo de José) es una figura mesiánica que precede al Mesías principal, el ben David (hijo de David). El ben Yossef es tradicionalmente un mesías guerrero que muere en la batalla final contra las fuerzas del mal, un mesías sufriente que se sacrifica. El ben David, en cambio, es el mesías triunfante que establece el reino de Dios en la tierra, un gobernante poderoso y victorioso.

La interpretación de Dugin es que Netanyahu, al referirse a "Jesucristo" como metáfora de las víctimas del Holocausto, estaría diciendo: "Dejemos de ser víctimas, a partir de ahora somos agresores. Cazadores, no cazados".

Jesucristo, en esta lectura, representa al judío sufriente, al perseguido, al que muere a manos del Imperio. Y lo que Netanyahu propone, según Dugin, es el abandono definitivo de ese arquetipo.


El estilo de Jabotinsky

Dugin remata su análisis con una referencia que es clave para entender elpensamiento de Netanyahu: "El estilo de Zhabotinsky".

Zeev Jabotinsky (a quien Dugin menciona con la transcripción rusa "Zhabotinsky") fue el fundador del sionismo revisionista, una corriente de ultraderecha que rompió con el sionismo socialista de David Ben Gurión y propuso la creación del Estado judío por la fuerza, con un marcado carácter militarista y autoritario.Jabotinsky, que en su juventud admiró a Benito Mussolini y organizó grupos juveniles al estilo de las Camisas Negras fascistas, es considerado el padre ideológico del actual partido Likud, el mismo que lidera Netanyahu . Lo que muchos no saben es que Benzion Netanyahu, el padre del actual primer ministro, fue secretario particular de Jabotinsky y uno de sus más fieles seguidores .

Netanyahu no solo heredó el cargo de primer ministro, sino que creció en una casa donde las ideas de Jabotinsky eran el pan de cada día. Su padre, Benzion, fue un historiador que dedicó su vida a estudiar y promover el legado de los revisionistas, y que inculcó en sus hijos la visión de un Israel fuerte, expansionista y sin concesiones.


La "súper Esparta" de Netanyahu

Las declaraciones analizadas por Dugin no son un hecho aislado. En los últimos meses, Netanyahu ha ido revelando cada vez más abiertamente sus referentes ideológicos. En septiembre de 2025, en una conferencia, llamó a convertir Israel en una "súper Esparta", un país autárquico dedicado a desarrollar sus industrias de guerra .

La referencia a Esparta no es inocente. Como señala el analista Thierry Meyssan, mencionar a Esparta como modelo era un leitmotiv de los nazis y sus aliados, que se veían a sí mismos como la Esparta contra la Atenas democrática . El líder de la oposición israelí, Yair Lapid, reaccionó con sorpresa: "Esparta fue destruida. Él es hijo de un historiador. Me sorprendió. No queremos ser un Estado en guerra, queremos ser un país próspero".

Pero Netanyahu parece tener otros planes.


La inversión del arquetipo

Lo que Dugin capta con agudeza es que Netanyahu no solo está cambiando de política, sino que está operando una inversión simbólica de la identidad judía. Durante siglos, la imagen del judío en la diáspora fue la del perseguido, la víctima, el que sufre. El Holocausto consolidó ese arquetipo en su forma más trágica.

Lo que Netanyahu propone, según Dugin, es el fin de eso. Israel ya no será la víctima que reclama compasión, sino el poder que exige temor. Ya no será el perseguido, sino el cazador. Ya no será el mesías sufriente que muere por los pecados del mundo, sino el mesías triunfante que impone su dominio.

"El Mesías triunfante está aquí", sentencia Dugin [citation:original]. Y ese mesías no pide empatía. Exige sumisión.


Las críticas a la deriva fascista

El análisis de Dugin coincide con las advertencias que vienen haciendo diversos analistas sobre la deriva de Netanyahu. Thierry Meyssan, en un artículo publicado en septiembre de 2025, señalaba que "el tránsito de Netanyahu de un conservadurismo sin complejos al nazismo es cada vez más evidente". Recordaba que el propio Ben Gurión calificó a Jabotinsky de "fascista" y "quizás nazi".

Meyssan también conecta a Netanyahu con Leo Strauss, el filósofo alemán emigrado a Estados Unidos que formó en secreto a una generación de neoconservadores —los llamados "hoplitas"—, enseñándoles que las democracias son débiles y que para protegerse deben instaurar dictaduras. Strauss fue mentor de figuras como Richard Perle y Paul Wolfowitz, artífices de la guerra de Irak, y fue acogido en Nueva York por... Benzion Netanyahu, el padre de Benjamin.


Lo que está en juego

Las declaraciones de Netanyahu y el análisis de Dugin no son un ejercicio académico. Tienen implicaciones concretas en un mundo que ya está sufriendo las consecuencias de una guerra descontrolada en Medio Oriente. Si el líder de Israel está operando bajo el paradigma del "Mesías triunfante" que justifica cualquier medio para imponer su dominio —siguiendo la máxima de que "si eres lo suficientemente fuerte, despiadado y poderoso, el mal vencerá al bien"—, entonces las perspectivas de paz se desvanecen.

El llamado a seguir a los judíos "por reverencia y temor, no por compasión y empatía", es un llamado a abandonar cualquier vestigio de humanidad en la relación con Israel. Es un llamado a que el mundo acepte que la fuerza es la única ley.

Y mientras tanto, en los búnkers de Tel Aviv, en los palacios de Moscú, en las mezquitas de Beirut y en las calles de Gaza, millones de personas esperan a ver qué ocurre cuando los arquetipos chocan y los mesías se enfrentan.

"El arquetipo se ha invertido", dice Dugin. "El Mesías triunfante está aquí". La pregunta que nadie puede responder es si ese mesías traerá redención o simplemente más destrucción. Y si el mundo está dispuesto a seguirlo por temor, o a resistirlo por humanidad.

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Fuente: Revista Pacto. (facebook)


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