21 de julio de 2009

Memoria selectiva

Desenganchar a la Argentina de la cultura cristiano-católica e iberoamericana para fundirla en el proyecto globalizador imperialista requiere de ensuciar su historia y si es posible sustituirla por otra. Para el Poder Mundial es fundamental hacer conocer otros relatos, ajenos y lejanos en el tiempo histórico, para imponer una memoria universal, la de ellos mismos. Es el proyecto de “aguachentar” el pasado nacional y la experiencia de los que nos pasó y vivimos como pueblo de esta parte del mundo; aquí, debajo de todo, en la última estación al infinito.
El 9 de Julio, la Revolución Francesa y el aniversario de la AMIA

Por Claudio Díaz*

No se puede distorsionar económica y socialmente a un país, y hasta desarticularlo geográficamente, de ser necesario; si al mismo tiempo no se deforman el alma y las creencias de su pueblo y se quiebra su proceso histórico. Estamos ingresando a una etapa quizá clave en el enfrentamiento entre el país real y el país liberal, entendido éste no sólo desde su concepción ideológica sino como núcleo de poder para hacer de la Argentina una simple estación de abastecimiento del colonialismo.

El choque de mentalidades y hasta de “filosofías de vida” no responde exclusivamente a motivaciones de tipo económico, aunque éstas se encuentren presentes en el proceso. Hay otras causales que importa desentrañar y analizar para alcanzar una mejor comprensión del devenir histórico argentino y, por consiguiente, de su actual y decisiva circunstancia.

Parecería que la superioridad (material, no moral) alcanzada por la elite dominante resulta insuficiente para terminar de adueñarse de todo. Ya no alcanza con controlar la riqueza, porque el sentido último del nuevo orden es poseer al hombre en toda su dimensión: física, psicológica y espiritual. De modo que se impone como meta cambiar el país real del que venimos hablando. Que en su esencia, por raíz e identidad, es abrumadoramente católico e hispánico. Y en el plano político, no de forma absoluta pero sí mayoritaria, peronista.

Esos “nuevos tiempos” no podrán amanecer si antes no consiguen romper estructuras y concepciones muy arraigadas en la memoria a lo largo de las generaciones. Entonces, siguiendo cronológicamente la matriz identitaria que da forma y fusiona desde el siglo XIX hasta hoy a gran parte de la población argentina, habrá que descatolizar, deshispanizar, desperonizar…

Pensar lo mismo, creer en lo mismo, son condiciones esenciales para que la internacional de los ricos pueda terminar de imponer su “modelo” a escala planetaria. Bajo esa filosofía, que los pueblos entren en conflicto con su propio ser, al punto de quebrarlos en su identidad, es una de las búsquedas de ese bloque. Viejo como el colonialismo. Pero más sutil, astuto como una serpiente, incluso con aspecto progresoide, y tan fino que ya no necesita del derramamiento de sangre. Se trata, en definitiva, de modificar el “gen” de los pueblos.

El pensamiento único que hoy sale a escena determina que sólo está permitida la existencia de una sola religión: la del consumo. Y de una sola historia: la de los detentadores del poder mundial.

Observamos en estos días dos ejemplos que pueden resultar distantes pero que, en realidad, van al fondo de la cuestión que estamos planteando. El martes 14 de julio, al celebrarse en la embajada de Buenos Aires un nuevo aniversario de la Revolución Francesa, algunos representantes de nuestra clase política e intelectual cantaron con fervor La Marsellesa. Naturalmente, en francés.
Días después, al cumplirse el 15 aniversario de la voladura de la AMIA, el Estado argentino, por decisión del gobierno nacional, concedió a la colectividad judía el uso de la cadena oficial de radio y televisión para difundir un spot alusivo al acontecimiento. El argumento utilizado fue la no realización del acto que pensaban hacer, a raíz de la epidemia de la Gripe A. Nunca en la historia de la Argentina se había concedido semejante privilegio a un sector en particular. En el futuro, y a modo de ejemplo, ¿se le dará esa posibilidad a los ex combatientes para conmemorar el próximo 2 de abril la recuperación de las Malvinas?

Estamos hablando de dos potencias como Francia e Israel (porque sabemos de la lealtad de la colectividad judía de la Argentina hacia ese Estado) que, precisamente, forman parte de esa elite del poder mundial. Potencias a las que nuestra clase política les rinde pleitesía APENAS UNA SEMANA DESPUES de que en nuestra propio territorio pase de largo, como si se tratara de un hecho menor, el aniversario del 9 de Julio, encima diluido por la penosa decisión de declarar un feriado sanitario para que algunos argentinos extiendan su festival consumista yendo a lugares de “veraneo” en pleno invierno.

Así, contraponiéndose una a otra, hay más de una memoria pujando en el conocimiento de la comunidad. Por un lado, la memoria “institucional”, la memoria oficial, la memoria de los triunfadores que pusieron la escritura de esas conmemoraciones con determinados documentos y con determinado sentido, para legitimar lo que han obtenido en el conflicto previo. Y por otro lado, la memoria de los vencidos, la memoria contra-oficial, que trata de exponer su punto de vista pero no halla lugar dentro de los medios para hacerse oír y es desatendida, además, por su propia clase política.

Desenganchar a la Argentina de la cultura cristiano-católica e iberoamericana para fundirla en el proyecto globalizador imperialista requiere de ensuciar su historia y si es posible sustituirla por otra. Para el Poder Mundial es fundamental hacer conocer otros relatos, ajenos y lejanos en el tiempo histórico, para imponer una memoria universal, la de ellos mismos. Es el proyecto de “aguachentar” el pasado nacional y la experiencia de los que nos pasó y vivimos como pueblo de esta parte del mundo; aquí, debajo de todo, en la última estación al infinito.

* Periodista, Profesor de Historia y Escritor. Trabajó en La Razón, El Periodista, Línea y Clarín. En 1988 le otorgaron el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí. Entre sus libros se encuentra el Manual del antiperonista ilustrado. Obtuvo tres Martín Fierro al mejor servicio informativo por el noticiero de Radio Mitre, del cual fue productor.

Fuente: www.elortiba.org

12 de julio de 2009

Sarkozy y el sionismo

Silvia Cattori:
Entrevista a Paul-Éric Blanrue, autor de "Sarkozy, Israel y los judíos"

¿Sarkozy o la soberanía nacional en peligro?


«Si se llega a difundir en Francia, el libro de Paul-Éric Blanrue, Sarkozy, Israel y los judíos hará historia. Es el primer libro que arroja luz sobre estos grupos de presión que, evidentemente, quieren actuar en la sombra aunque desde la elección de Sarkozy su influencia sea cada vez más evidente», observa el físico belga Jean Bricmont. Porque si bien este libro se ha distribuido en varios países y ha sido traducido a cuatro idiomas, ¡aún no se ha difundido en el propio país del autor, Francia!




Paul-Éric Blanrue, de 42 años, es un personaje franco y cautivador. Forma parte de estos historiadores que contestan la legitimidad de leyes que atentan contra la libertad de expresión, como la ley Gayssot [1], y que se rebelan justamente contra la intoxicación y la desinformación mediática y política.

Paul-Éric Blanrue

Silvia Cattori: Su libro Sarkozy, Israel y los judíos permite comprender en qué son peligrosos para la soberanía nacional los vínculos tejidos entre Nicolas Sarkozy y las diferentes redes sionistas en Francia y en el mundo. Vínculos que, evidentemente, llevan al Estado judío de Israel, el corazón del problema. ¿Qué acontecimiento en concreto le llevó a usted a escribir este libro a toda prisa?
Paul-Éric Blanrue: Lo que hizo reaccionar fue que después de la carnicería del ejército israelí en Gaza la Francia de Sarkozy envió la fragata Germinal [2] para impedir la transferencia de armas a los palestinos asediados. Esta noticia me llenó de indignación porque era un acto político en favor de Israel muy claro por parte de Francia. En mi opinión, era un acto tanto más grave cuanto Estados Unidos no había tomado partido.

A partir de ese momento “Sarkozy, Israel y los judíos” empezó a existir verdaderamente, con lo que ocurrió en Gaza. Me escandalizó la manera cómo Francia reaccionó ante esta masacre, masacre de la que hablaron Bernard Kouchner y las personas cercanas a Sarkozy y sobre la que Bernard-Henry Lévy (BHL) disertó en Le Point.

Traté entonces de demostrar las conexiones que había, a pesar de una reserva superficial, entre BHL y varios personajes que se dicen de izquierda. Demostrar que había una verdadera coalición entre el mundo intelectual parisino, esta intelligentsia decrépita, y la política pro-israelí de Sarkozy, y que era muy grave.

Dicho esto, soy un observador de lo político. El año pasado, cuando estaba redactando un librito sobre el matrimonio de Sarkozy [3] ya había acumulado muchas informaciones. Había seguido su campaña electoral; había señalado como gracias a Henri Guaino [4] Sarkozy había logrado hacerse pasar por un «gaullista». Unas veces era liberal en su discurso, otras muy proteccionista. La pregunta era, ¿cuál iba a ser el resultado?

A continuación constaté que la estrategia abiertamente pro-israelí de Sarkozy no había sido sólo una táctica para resultar elegido, sino que continuaba ateniéndose a ella. Los resultados están ahí. Hoy vemos que se aferra a ella y que es incluso más pro-israelí de lo que lo era George W. Bush.

¿Qué vimos el mes de enero de 2009? Alain Finkielkraut fue condecorado con la Legión de Honor [5]. Y en abril le tocó a André Glucksmann. ¡Y todo ello era lógico, respondía a una lógica increíble! Y, ¿a quién vemos hoy desfilar por Trocadero contra el presidente Ahmadinedjad? ¡A los mismos! Vemos a Pascal Bruckner, BHL, Alain Finkielkraut, André Glucksmann, Jack Lang. En resumen, todo el entorno pro-israelí de Sarkozy.

Silvia Cattori: ¿BHL no pertenecía al entorno de Ségolène Royal?

Paul-Éric Blanrue: BHL formó parte del entorno de Ségolène Royal durante la campaña electoral pero no por mucho tiempo. La red pro-israelí no debe de considerarla suficientemente sionista [6]. Es una de las pocas personalidades políticas que expresó sus reservas sobre la cena [anual] del CRIF.

Silvia Cattori: En usted se percibe un viento de libertad, una energía completamente juvenil, una fuerza, una seriedad. Es fascinante. Así pues, ¿lo que le llevó a reaccionar fue este alineamiento de Francia con la política de un país que predica la guerra contra sus vecinos árabes y contra el Islam? Es decir, sin esta alianza entre la Francia de Sarkozy e Israel ¿Sarkozy, Israel y los judíos nunca habría visto la luz?

Paul-Éric Blanrue: En efecto. Lo que me llevó a reaccionar fue el envío por parte de Sarkozy de esta fragata destinada a impedir que la resistencia palestina recibiera armas. Esta decisión me pareció grave porque aquí ya no estábamos simplemente en el discurso.

Bajo la presidencia de Jacques Chirac Francia nunca habría actuado de esta manera. Ni bajo la presidencia de François Mitterrand. Ni aunque con este último las cosas fueran más complejas.

Cuando Sarkozy hacía unas declaraciones destinadas a meterse en el bolsillo a los musulmanes franceses o a los católicos [7], nosotros lo podíamos achacar a una demagogia puramente electoral. Pero con el envío de una fragata a aguas controladas ilegalmente por Israel, Sarkozy entraba en acción.

Ya en 2006, durante la agresión israelí contra Líbano, Sarkozy (entonces ministro) había tomado un claro partido pro-israelí al preguntar a Zeev Boïm, ministro israelí que estaba de visita en París, «cuánto tiempo» necesitaba «para terminar el trabajo». Pero entonces no emprendió ninguna acción concreta, sólo esa sorprendente toma de partido.

Silvia Cattori: Usted ha logrado hacer accesible a un público amplio una realidad muy compleja. Se comprende que el año 2007 marca un momento crucial con la llegada de Sarkozy al Eliseo. Es el final del régimen «gaullista». ¡Francia yo no será nunca más esa nación única a ojos del mundo! Se acabaron las resistencias a las presiones del las redes pro-israelíes. Usted lucha contra un tabú. Personalidades visibles que en el pasado osaron infringirlo lo pagaron caro. Pienso en Raymond Barre, Dieudonné, Tariq Ramadan, Guigue [8]. ¿Los tiempos son hoy más propicios? ¿No ha pensado usted que camina sobre un campo sembrado de prohibiciones?

Paul-Éric Blanrue: No me he planteado saber si es peligroso o no. Si me lo planteara, creo que no haría nada, me quedaría en casa mirando la televisión y comiendo patatas fritas. Ésta nunca ha sido mi manera de pensar ni de actuar. No puedo vivir sin decir lo que pienso. Creo que hay en mí una forma de energía o de reivindicación de libertad, como Fanfan-la-Tulipe: un lado mosquetero. No soporto la injusticia ni la imposición ni la prohibición de expresarse. ¡Esta prohibición es algo espantoso!

Es muy grave cuando ya no se tiene derecho a expresarse. Entonces, cuando se vive en un país en el que la palabra «Libertad» está inscrita en el frontón de todos los monumentos, creo que, cuando menos, hay que levantarse. Creo en la virtud del ejemplo de la persona que parte al combate, «sin miedo y sin reproches». Un lado caballero Bayard. Pero no quiero compararme a estos personajes porque, de todos modos, lo único que hago es escribir. Soy un escritor, no voy al combate con un fusil. Mi fusil es mi pluma. Por lo tanto, lo que hago es tratar de ser eficaz en mi dominio.

Además, no soy en absoluto partidario de la guerra; al contrario, este libro es un libro pacífico o eso espero, en todo caso. Llama a la calma y a la razón a estos representantes de la comunidad judía, como el Consejo Representativo de las Instituciones Judías (CRIF), que no confundo con el conjunto de la comunidad judía. Les digo que no les interesa aumentar la tensión.

Por lo demás, se presta demasiada atención a estas redes pro-israelíes francesas. Es cierto que tienen mucha influencia, sobre todo hoy que han llegado al poder gracias a su hombre incondicional, gracias a Sarkozy. Pero creo que en realidad son muy débiles y están muy divididos. En el seno del CRIF hay enormes tensiones. Su ex-presidente, Théo Klein, ha sido calificado de terrorista por uno de sus sucesores. Además, basta con escuchar Radio J o Radio Shalom – las escuchaba todas las noches cuando escribía el libro – para comprender la dimensión de las disensiones internas.

Los pro-israelíes se sienten fuertes porque algunos de ellos ocupan puestos altos. Un diputado de cada seis pertenece al Grupo de Amistad Francia- Israel. Han logrado que el poder político acuda cada año a la cena del CRIF. Pero al presidente Sarkozy nada le obligaba a acudir. Bastaría con que la clase política dijera al CRIF «no acudiremos a su cena anual» para que esta influencia cayera. Han llegado a la cumbre de su poder y lo único que pueden hacer es caer.

Silvia Cattori: Usted muestra todo esto en perspectiva. En este sentido sus reflexiones abren una brecha. Pueden llevar a quienes le leen a rechazar este clima de intimidación y de miedo creado por el CRIF y compañía. Usted afirma: «He hecho todo lo posible para que este libro pueda ser una base de discusión razonable entre dos campos opuestos en todo. Es necesario que la situación se desbloquee…». ¿Qué posibilidades hay de salir de este bloqueo y cómo ve usted estos dos campos?
Paul-Éric Blanrue: Creo que «los judíos» de Francia – no hablo de sus representantes, sino de todos los judíos en tanto que pertenecientes a la religión judía - tomarán un día conciencia del hecho de que el CRIF los manipula, de que el CRIF, que pretende representarlos, no los representa en absoluto. Y que ello da una muy mala imagen. Dentro del CRIF hay personas que no soportan esta situación. Ayer conocí a un periodista de un periódico suizo y de un semanario francés que me dijo: «No te puedo entrevistar porque mi redacción no lo permitiría, pero estoy completamente de acuerdo con lo que dices; estoy escandalizado con lo que les pasa a los palestinos y no estoy de acuerdo con el hecho de que el CRIF hable en mi nombre».

Por eso hablo de «los judíos», porque creo que en este momento pueden actuar, ser una de las fuentes de salvación. Como decía Léon Bloy: «¡la salvación por los judíos!». En otras palabras, a lo largo de la historia con frecuencia [los judíos] han tenido caracteres, personajes que han sobresalido. No soy en absoluto religioso, pero si se observa el cristianismo, es una rama que rompió con el judaísmo para hacer algo completamente diferente, una obra civilizadora con visión universal. Ha habido personalidades eminentes que rompieron con las sinagogas, como Spinoza; en otro dominio, el propio Karl Marx rompió con su medio. Espero que surjan personalidades y contesten el poder del CRIF. Apelo a ellos porque, precisamente, si las personas que no son de confesión judía se empeñan en llevar a cabo campañas, por ejemplo, contra la existencia de la ley Gayssot o contra las prerrogativas del CRIF, o contra la cena que éste organiza, serán marginadas y acusadas de antisemitismo, y, por consiguiente, completamente descalificadas, en todo caso a ojos de los medios de comunicación.

Silvia Cattori: Usted dice «los judíos» como si se tratara de una etnia, como si se tratara de un pueblo, cuando se trata de una religión. Entonces, ¿por qué no decir «las personas de confesión judía»?
Paul-Éric Blanrue: Estoy completamente de acuerdo con usted. «Judío» es en primer lugar y ante todo una religión. Debido al sionismo algunas personas, como Moses Hess o Theodor Herzl, empezaron a hablar de pueblo, de etnia o de raza judía. Evidentemente, esto es una aberración total. Shlomo Sand lo ha demostrado muy bien [9]; hubo una fabricación que es absolutamente desastrosa porque confunde dos cosas: una religión milenaria y una ideología política destinada a existir al lado de la primera, incluso a reemplazarla, algo que han comprendido muy bien algunos rabinos que se oponen al sionismo desde su origen.

Silvia Cattori: ¿Esta confusión no sirve a un objetivo ideológico muy preciso?

Paul-Éric Blanrue: Si, el objetivo es muy claro. En primer lugar diría que el objetivo principal del CRIF hoy es aprovecharse de este término «judío», de la asimilación entre pueblo y religión. En particular estoy pensando en la campaña que llevan a cabo en este momento para que se apruebe la ley llamada «Ley Martin Luther King». El objetivo de esta ley, que está en gestación, es asimilar legalmente el antisionismo al antisemitismo. Si se aprueba esta ley querrá decir que en Francia el antisionismo será considerado delito. Criticar a Israel podrá llevarle a la cárcel. Es muy grave. La Unión de Empresarios Judíos de Francia (UPJF, por sus siglas en francés) es quien apoya este proyecto de ley transmitido a todos los diputados franceses. Es el sindicato sionista más fuerte de Francia (digo fuerte en todo el sentido del término). La UPJF eligió a Sarkozy «político del año» en 2006, un año antes de las presidenciales.

Silvia Cattori: Que yo sepa, antes que usted ningún autor había tratado en Francia, ni siquiera en Europa, esta cuestión de las redes pro-israelíes. Usted demuestra cómo unas personalidades políticas muy bien situadas hacen pasar los intereses de Israel o de Estados Unidos ¡por delante de los de su propio país! Se ve cómo Sarkozy llega a echar abajo los valores de la República Francesa. Y eso supone una doble sumisión. Todo ello es de una gravedad extrema. Y una se dice extrañada: ¿cómo es posible que antes que usted no haya habido nadie, ni siquiera en la oposición, que denuncie estos desmanes?

Paul-Éric Blanrue: No ha habido nadie porque la gente en general está aterrorizada, moral, mental y profesionalmente. No por casualidad mi editor es belga. Al menos él no puede padecer las iras de Sarkozy. Estas iras pueden ser múltiples: pueden ir desde la rectificación impositiva a ser citado por la policía, a la retención judicial y la pérdida de trabajo.
Silvia Cattori: ¿No teme usted estas iras?

Paul-Éric Blanrue: No, no las temo. No, no temo nada. Si fuera necesario me iría a escribir al extranjero. Si me tengo que ir, me iré. Si me tengo que exiliar, me exiliaré, no es grave. Me gano la vida escribiendo. Puedo escribir en cualquier parte, incluso en el desierto. Es importante que este libro se difunda en Francia. Está en todas las librerías belgas. Se va a publicar en Canadá. Se venderá en Oriente Medio, en América de sur, en los países anglosajones. ¿Por qué no lo iban a tener los franceses?
Silvia Cattori: Usted lo presenta muy bien. Sarkozy siempre ha dejado entender lo que él proyectaba realizar, muy inquietante. Nunca ha ocultado que iba a poner a Israel en el centro de todo y a Francia al servicio del proyecto unipolar de Estados Unidos. Mucho antes de ser candidato dejó entrever que se consagraría a hacer presión a favor de Israel, que los objetivos designados por Israel – las fuerzas de resistencia anticolonial de Hamás, de Hizbolá, los Hermanos Musulmanes que se oponen al régimen dictatorial de Mubarak, Irán – iba a ser también sus objetivos prioritarios. ¡Curiosamente, esto nunca hizo reaccionar a sus oponentes! Recuerdo que Nicolas Dupont-Aignan tuvo la honradez de decir en 2007: «Nos encontramos en vísperas de un cambio profundo de la política exterior de Francia si Nicolas Sarkozy o Ségolène Royal son elegidos» [10]. ¿Está usted de acuerdo con esta simetría entre los dos grandes partidos?
Paul-Éric Blanrue: Nicolas Dupont-Aignan tenía razón. Si hubiera resultado elegida, Ségolène Royal no habría gobernado sola. Es cierto que no tiene la misma visión de Oriente Medio que Sarkozy, la considero mucho más prudente. En cambio, habría estado rodeada de consejeros, de ministros que sí están vinculados a la red pro-israelí. ¿Habría tenido la fuerza, la inteligencia, la cultura suficientes para resistir a su presión? No estoy seguro. No hay que olvidar que Bernard Kouchner estaba en el Partido Socialista. Ségolène Royal probablemente lo habría nombrado jefe de la diplomacia exterior.

Usted vio el clamor de protesta cuando Sarkozy – una vez más muy agudo, muy astuto – había dejado creer que dudaba entre Védrine y Kouchner. El nombre de Hubert Védrine enseguida suscitó protestas en Jerusalén. El Jerusalem Post publicó un titular «Estamos sobrecogidos». Un periodista francés de la televisión BFM, que estaba allí, informaba entonces que Kouchner era considerado [en Israel] más «israeló-compatible que Hubert Védrine».

Silvia Cattori: Por lo tanto, ¿lo que prima no es la tendencia de izquierda o de derecha, sino el hecho de que tal político se identifique claramente como sionista?
Paul-Éric Blanrue: Exactamente. Las redes pro-israelíes habían apostado desde hacía mucho tiempo por Sarkozy, pero no pusieron todos los huevos en el mismo cesto. En todos los partidos tienen personas que los orientan: Strauss-Kahn y Sarkozy, tanto monta, monta tanto. Ésta es la razón por la que Sarkozy, hoy «rey de los sionistas», consigue corromper a los socialista o a los centristas. La interpretación del gobierno es que es sionista y que la mayoría de las personas que él nombra, incluido últimamente Frédéric Mitterrand, son amigos sin complejos de Israel.

Silvia Cattori: ¿Pueden también mostrarse pro-israelíes por oportunismo?
Paul-Éric Blanrue: ¡No he sondeado las entrañas de Sarkozy y de todo su entorno en relación a esta cuestión! Creo que Sarkozy actúa más por oportunismo que por tradición familiar. Una anécdota divertida, hace poco me encontré en la plaza Péreire, cerca de los Campos Elíseos, con Patrick Buisson, un hombre brillante, uno de los consejeros de Sarkozy durante las presidenciales. Sarkozy tenía la opción de captar los votos del centro o los de extrema derecha, es decir, los votos de Le Pen. Y Patrick Buisson, que viene él mismo de la «derecha nacional» (tenía una función importante en el semanario Minute) le aconsejó pescar los votos de Le Pen. Lo único era que para obtener los votos de Le Pen había que tener un poco el discurso de Le Pen sobre los emigrantes, los banlieues; ¡hablando de «limpiarlos con chorros de agua a presión» Sarkozy iba aún más lejos que Le Pen! Pero, ¿cómo hacer para que no se le considerara racista y para que no hubiera una campaña contra él en toda la prensa francesa que los asimila a Le Pen? Pues bien, muy sencillo: se presenta como sionista. En otras palabras, tiene de su parte a, por ejemplo, la LICRA (Liga Contra el Racismo y el Antisemitismo), cuyo presidente es Patrick Gaubert, uno de sus mejores amigos y también él un militante sionista. ¿Lo ve?

Envié mi libro a Patrick Buisson; cuando leyó el título, me dijo: «Pero, como usted sabe, Nicolas Sarkozy no se siente especialmente judío, se siente inmigrante húngaro». Le respondí: «Eso es exactamente lo que yo digo, es por oportunismo, por demagogia o, en todo caso, por interés político por lo que ha ido hacia el lobby pro-israelí, estadounidense en primer lugar, para después ir de gira a Israel y presentarse como valor refugio de los sionistas franceses». Añadí que, evidentemente, como apoyaba a Israel, esperaba a cambio el apoyo de Israel. Y entonces Buisson me dijo: «Ah, desde luego, es verdad que apoya a Israel, no se puede decir lo contrario». Lo decía en un tono casi desengañado, semi-irónico.
Silvia Cattori: ¿No ha habido reacciones judiciales? En 2003 el simple sketch del humorista Dieudonné desencadenó por mucho menos toda una avalancha de procesos. El Estado se mezcló en ello, lo que provocó que Dieudonné fuera perseguido por una infinidad de tribunales. ¿El antisemitismo demasiado desvirtuado ya no es un argumento que se sostenga? Su abogado, John Bastardi Daumont, ha calificado la negativa del medio editorial francés a difundir su libro de «censura por el vacío» [11]. ¿No es eso una señal de que los derechos fundamentales están amenazados en Francia? ¿Se puede hablar de censura política?

Paul-Éric Blanrue: El excelente y muy valiente John Bastardi Daumont, que lucha con ardor a mi lado, ha dado con el término justo. Pero, cuidado, mi libro no está prohibido; en sentido legal, no puedo hablar de censura política. No conozco la razón exacta por la que no se ha difundido. Dicho esto, mi libro es muy ponderado, no es en absoluto un panfleto, ofrezco 500 referencias. Por lo tanto, sigue siendo extraño que no se difunda en Francia. Pero sobre todo deberían haber hablado de ello los periodistas franceses, deberían haberse dicho: «¡Vaya, un libro que habla de Sarkozy y que no se difunde, qué raro!». Ahora bien, ni un periodista francés ha dicho una palabra, mientras que el año pasado, cuando publiqué dos libros - Carla et Nicolas, Chronique d’une liaison dangereuse y Jérôme Kerviel seul contre tous [Carla y Nicolas, una relación peligrosa y Jérôme Kerviel, solo contra todos]- tuve cobertura mediática una muy amplia.

Se ha querido hacer un silencio total sobre mi libro. Lo que ellos no saben es que mi libro va ya por la segunda edición. He introducido correcciones, mi abogado añadirá un prefacio en el que explicará con detalle el concepto de censura por el vacío. Estamos sobre el buen camino para encontrar quien lo difunda en Francia. El libro se ha traducido al inglés, español y árabe.

En cuanto a la acusación, falsa, de antisemitismo, ya no surte efecto en absoluto frente a las personas que no lo son, particularmente entre la generación joven. Es un argumento demasiado desfasado, que se ha utilizado demasiado. En internet los jóvenes han encontrado un pequeño reclamo para burlarse de las personas que utilizan este argumento, son los «puntos Godwin »… Es como un comodín; se dice: «¡Has utilizado el argumento de Hitler, has perdido, estás eliminado automáticamente del debate!»

Se ha visto con el libro de Pierre Péan sobre Kouchner [12]. Eso no ha funcionado. Este argumento no funciona. No tengo complejo en absoluto y apelo a los franceses a que hagan lo mismo.

Silvia Cattori: ¿Se esperaba usted este ostracismo humillante?

Paul-Éric Blanrue: ¡No es en absoluto humillante! ¡Al contrario, es un honor! Demuestra que verdaderamente ha acertado en el corazón del objetivo.

Silvia Cattori: Ha dicho que no tiene miedo de nada. Sin embrago, he notado que las personas que le leen y que le aprecian tienen miedo por usted. Le consideran «valiente». Esto hace pensar que hacen falta agallas para hablar de Israel y de quienes legitiman sus crímenes. Usted habla de una realidad muy inquietante, hecha de manipulaciones y de imposturas cuyo objetivo maquiavélico ¿no es acaso preparar la próxima guerra? ¡Esto le honra, pero también le expone!

Paul-Éric Blanrue: Se aprecia este libro porque viene a confirmar lo que la gente presentía, comprendía, pero no se atrevía o no podía hacer explícito por falta de información. Por lo que se refiere a la próxima guerra, efectivamente creo que Israel se cree obligado, para sobrevivir, a mantener un permanente clima belicoso. En Israel también hay divisiones. De hecho, lo que les permite asegurar su cohesión es la designación de un enemigo común, ayer Sadam, hoy Ahmadinedjad.

Silvia Cattori: El fracaso de la política del «Gran Oriente Medio» de Bush, el descrédito y debilitamiento de Estados Unidos son un tema que preocupa a las autoridades israelíes. ¿No ha llegado Sarkozy en el momento justo, como un milagro para Tel Aviv? Paul-Éric Blanrue: Un milagro, sin embargo, que se preparaba desde hacía mucho tiempo. Desde la segunda Intifada, en 2000, apostaron por Sarkozy, el caballo apropiado; y él ha visto todo el interés político que podía obtener de ello.

Era un toma y daca. Sarkozy se dijo: voy a ser llevado al poder gracias a las redes; y los estados mayores israelíes se dijeron: una vez que nuestros amigos lleguen al poder va a venir a parar a nuestras manos otro país para apoyar el eje Israel- Estados Unidos.

Por ahora han ganado completamente. El único problema es que Sarkozy no había previsto lo que iba a decir Obama. Se pensaba que Obama iba a ser un buen pro-israelí, un buen sionista con Emanuel Rahm a su lado.

Una vez dicho esto, cuidado, puede ser que Sarkozy sea como la persona que orienta a Washington, que sea quien va más lejos que la administración Obama para tantear el terreno.
Silvia Cattori: ¡Lo acabamos de verificar con Irán! Ahí donde unos dirigentes un poco sensatos, como Obama, han permanecido de entrada muy prudentes, reservados, los pro-israelíes, esta red sionista a la que usted ha identificado muy bien, les han obligado a bailar a su son. ¿No quedó Sarkozy en ridículo convocando a dos diplomáticos iraníes? ¿Quería hacer olvidar lo que es el meollo del problema: Palestina?

Paul-Éric Blanrue: Sí, por supuesto. Es una operación de distracción en relación a los excesos del ejército israelí en Palestina. Los mismos que justificaron Gaza son quienes quieren desfilar contra Irán. Sarkozy es ridículo pero, por el momento, los franceses no se dan cuenta. Por el momento, yo soy el niño del cuento de Andersen que dice «el rey está desnudo». Es un poco mi estatuto; todo el mundo ve que es obsesivamente pro-israelí, pero nadie se atreve a decirlo .
Silvia Cattori: ¿Siguen estando sobre la mesa los planes de guerra contra Irán de Sarkozy – Kouchner?

Paul-Éric Blanrue: Es seguro que en los próximos años van a hacer todo lo posible para desestabilizar a este país. Israel está obsesionado con Irán. Francia hará todo lo posible para ayudar a Israel. Pero creo que con Irán han dado con un hueso duro de roer. Algunos han tratado de desestabilizar Irán desde el interior y no lo han logrado. No lo lograrán. Puede haber una guerra. Pero creo que Estados Unidos no atacará a Irán. Tienen otras muchas posibilidades para desestabilizar Irán.

Silvia Cattori: Esta empresa de la red pro-israelí en Francia se ha acentuado en el momento en que en Estados Unidos los neoconservadores habían perdido su brío. También en el momento en que Bush, el aliado de Israel, se tambaleaba. ¿No se ha esforzado Sarkozy en sacar a Israel de ese mal paso? ¿No se considera el jefe de las redes neoconservadoras pro-israelíes en el mundo?

Paul-Éric Blanrue: Es una buena definición. Se ha convertido en el sustituto Bush. Tengo la impresión de que la estrategia israelí es una estrategia de huida desesperada hacia delante; veo que los pueblos de todo el mundo se revelan. Acuérdese de la conferencia de «Durban II» [13]. Los sionistas se prepararon durante tres o cuatro años para desestabilizarla. No lo lograron.

El día en que Estados Unidos comprenda que Israel le es perjudicial, que es una amenaza, será el final del apoyo financiero y militar. Si cortan los fondos, ¿que va a ser de Israel? ¡Francia no puede apoyar financieramente el esfuerzo militar de Israel!

Silvia Cattori: ¿No ha situado el acuerdo militar firmado entre Francia y el Emirato de Abu Dhabi, cuando Sarkozy inauguró una base militar, a Francia en la vanguardia de un posible conflicto con Irán?
Paul-Éric Blanrue: Este es exactamente el tema de mi libro. Sarkozy pone la presión en Irán porque es un país que en el plano geoestratégico no está controlado por Estados Unidos. Unida a estas razones está la cuestión metafísico-política de Israel, el cual tiene sus propios intereses. Creo que Sarkozy se ha vuelto más pro-israelí que pro-estadounidense. Puede convertirse en el nuevo Bush.

Sarkozy nos arrastra a una carrera desenfrenada hacia la guerra.

Me gustaría que ahora se pusieran sobre la mesa las cuestiones más graves que planteo en “Sarkozy, Israel y los judíos”, que se pudieran discutir con los responsables políticos. ¡Y que nos expliquen a dónde vamos ahora que Francia apoya a Israel! Acuérdese de que Kouchner había proclamado en 2007 que la alternativa «es la guerra».

Israel y sus amigos están persuadidos de que la guerra les permite existir. No pueden existir sin ello. Si no se mueven se degradan, pierden toda la fuerza. Están obligados a estar siempre en posición de ataque. Si están en la menor posición defensiva para Israel, pierden. Tienen que atacar en permanencia. Por eso perderán.

Silvia Cattori: Sin Bernard Kouchner, sin su diplomacia brutal, violenta, sin su barniz «socialista», ¿habría logrado Sarkozy hacer tragar a los franceses esta sumisión total a Israel y esta formidable animosidad frente a todos los Estados que representan un obstáculo para el proyecto atlantista, Tel Aviv – París – Estados Unidos?
Paul-Éric Blanrue: Los franceses se desentienden de la política exterior. Sin Kouchner, hubiera habido otra persona y habría pasado lo mismo. Sarkozy ha sido programado para cumplir un programa preciso: lo ha hecho. Si dejara de dar fuertes señales de adhesión a Israel es probable que las redes que le ayudaron a acceder al poder lo abandonaran. No tiene interés alguno en decepcionarlos. Así pues, va a seguir puesto que está claro que quiere ser reelegido en 2012.
Silvia Cattori: Por tanto, ¿adquiere todo su sentido la denominación de « Sarkozy el israelí»?
Paul-Éric Blanrue: Como usted sabe yo no fui el primero en llamarle «Sarkozy el israelí», fueron algunos de los círculos israelíes.
Silvia Cattori: En conclusión, la política de Sarkozy puede tener graves consecuencias sobre la política interior, si se aprobara la «Ley Martin Luther King». Y en el plano exterior, cuando la independencia de decisión de Francia ya se ha visto comprometida por su vuelta al mando integrado de la OTAN, el alineamiento de Sarkozy con Tel Aviv lleva a Francia por un camino peligroso: a convertirse en cómplice de estas operaciones criminales de desestabilización emprendidas por el Mossad para asegurar – como usted ha dicho – el «permanente clima belicoso que Israel necesita para sobrevivir». Es decir, a favorecer que se desencadenen nuevas guerras. ¿No es esto lo más grave?

Paul-Éric Blanrue: En Francia Sarkozy dirige todo o, en todo caso, trata de hacerlo porque en realidad sus medios de acción están limitados por la crisis, por Europa, etc. Gesticula mucho. Se le oye todos los días, o casi todos, en la televisión, como si fuera una locutora. Pero incluso si sus medios de acción no son tan importantes como algunos temen, todavía tiene capacidad para arrastrarnos a una nueva guerra porque ¡sigue siendo el jefe de los ejércitos! Mi libro da la alarma en ese plano. Quiero informar a los franceses de los riesgos que corre nuestro país. Cuanto más apoya Francia a Israel, más peligro corremos de entrar un día en guerra a su lado, en Líbano, en Irán o en otra parte. ¡Pero para que se me oiga haría falta que mi libro fuera difundido en mi propio país! Algunos días me pregunto a dónde ha ido Francia. Afortunadamente soy optimista por naturaleza. Y como historiador sé que ningún combate se pierde de antemano, sobre todo en nuestro país, a veces lento en comprender, pero cabezota.

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[1] N. de la t: La «Ley Gayssot» es el nombre con el que se conoce la ley francesa 90-615 del 13 de julio de 1990 presentada por el diputado francés del mismo nombre y que «tiende a reprimir toda intención racista, antisemita o xenófoba» o la parte de esta ley que introduce un «artículo 24 bis» en la ley de prensa. Es ley no innova ya que se limita a recordar la ley del 1 de julio de 1972 relativa a la lucha contra el racismo.

[2] «La France participera au Blocus de Gaza», sindibad.fr, 24 de febrero de 2009.

[3] «Carla et Nicolas: Chronique d’une liaison dangereuse», (con Chris Laffaille). Scali, 2008.

[4] Y Henri Guaino es, desde el 16 de mayo de 2007, consejero especial de Nicolas Sarkozy y autor de todos sus discursos.

[5] Nombrado por Sarkozy oficial de la Legión de Honor el 1 de enero de 2009.

[6] Véase: http://www.dailymotion.com/video/x81hoi_lorsque-le-lobby-juif-francais-parl_news

[7] Visita oficial al Papa en diciembre de 2007.

[8] Véase sobre
- Raymond Barre:
«Raymond Barre se dit injustement accusé d’antisémitisme», saphirnews.com, 7 de marzo de 2007.
- Tariq Ramadan:
«Oui Monsieur Tariq Ramadan est un antisémite», licra.org, 27 de octubre de 2003.
- Bruno Guigue:
«Bruno Guigue l’honnête homme, sanctionné», por Silvia Cattori. silviacattori.net, 26 de marzo de 2008.

[9] Shlomo Sand: «Comment le peuple Juif fut inventé», Ed. Fayard.

[10] Véase: « Nicolás Dupont-Aignan: "Es tiempo de que Francia salga de la OTAN" », por Silvia Cattori, Red Voltaire, 3 de febrero de 2007.

[11] Véase: «LA CENSURE PAR LE VIDE - Réaction de Me John Bastardi Daumont, Avocat de Paul Eric Blanrue, auteur de "Sarkozy, Israël, et les Juifs"», 30 de mayo de 2009.

[12] «Le Monde selon K.», de Pierre Péan, Ed. Fayard.

[13] Véase: «El documento final no responde a las aspiraciones de los pueblos» , por Silvia Cattori y Sandro Cruz, rebelión.org, 27 de abril de 2009.
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www.SILVIACATTORI.NET
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1 de julio de 2009

Honduras: Salvando la democracia con Obama y Chávez.

La democracia globalizada

Los "gorilas" contentos, por la reacción "antichavista",del golpe cívico-militar en Honduras, y soñando con algo así en la Argentina.

Los "progres" indignados, con Kristina a la cabeza, por el grave ataque a la democracia.

Y otra mirada, la de IAR Noticias: "...En otras palabras, ya no interesan los contenidos sino las formas, ya no interesa la acción revolucionaria sino el discurso "revolucionario", ya no interesa combatir al sistema, sino ocupar un lugar de "rebelde" aceptado dentro del sistema..."
La hora de Zelaya
Al fin libres: La izquierda y Chávez van con EEUU por la salvación del "sistema democrático"

Les hacía falta un golpe militar bananero al más puro estilo setentista y Washington se los proveyó.

La nueva izquierda vive en la "guerra fría", en el escenario de los militares de la "doctrina de seguridad nacional", mientras Washington (en un claro desfasaje) ya no domina con los militares sino con elecciones, políticos y un orden blindado basado en el respeto al "orden constitucional".

Tanto para Washington como para la izquierda de la "guerra fría" (viviendo en el presente) ya no importan mucho lo que hagan los gobiernos "burgueses", lo que hagan los que protestan en las calles, lo que haga la policía, lo que hagan los que no comen, lo que importa es que lo hagan en "democracia".

La "democracia" es una supra categoría que ocupa el lugar que antes ocupaba la palabra "revolución", o la frase "liberación nacional". Quien conquista la democracia, conquista simultáneamente la "revolución" y la "liberación".

Como dijo hace hace 25 años el político socialdemócrata argentino, Raúl Alfonsin: "Con la democracia se vive, se cura y se come". Ya no se necesita una causa para cambiar el mundo, ya no se necesita cambiar la injusticia social por la justicia social, ya no se necesita organizarse para luchar contra el sistema (capitalista) dominante, ya no se necesita tomar el poder, ya no se necesita derrotar a un sistema económico que embrutece y hambrea a más de la mitad de la humanidad, solo basta con cultivar y adorar la democracia como máxima religión y disciplina mental.

En consecuencia, los descendientes de la izquierda setentista "democrática", ya no pelean contra la depredación del sistema capitalista, no pelean contra las columnas vertebrales de la nueva dominación (políticos, medios de comunicación y sociedad de consumo) sino que pelean contra los que infringen o ponen en peligro el "sistema democrático".

En otras palabras, ya no interesan los contenidos sino las formas, ya no interesa la acción revolucionaria sino el discurso "revolucionario", ya no interesa combatir al sistema, sino ocupar un lugar de "rebelde" aceptado dentro del sistema.

Así como Washington y el capitalismo trasnacionalizado establecieron y nivelaron el "fin de las ideologías" también instauraron la "democracia" como ideología excluyente y dominante del "mundo único".

En ese escenario, la nueva izquierda de la "guerra fría" acomodó su tablero mental y Washington estableció su nuevo reinado en la vigencia de la "elección indefinida" de los politicos que transitan diferentes discursos pero con un solo programa económico, político y militar: El que establecen Washington y las potencias dominantes para dominar y controlar (sin armas) el planeta capitalista.

A una izquierda solo "revolucionaria" en el plano del discurso, sin referencias organizativas, doctrinarias y operativas de "toma del poder para cambiar el sistema", ya no hay que destruirla sino reciclarla, asimilarla, y convertirla en alternativa de poder dentro de las reglas y los contenidos del sistema capitalista.

En ese nuevo escenario de poder geopolítico-estratégico, legitimado por gobiernos satélites elegidos en elecciones populares, Washington consolidó su dominio regional en un teatro latinoamericano sin lucha armada, sin estallidos revolucionarios, y con las organizaciones populares y de izquierda participando como "opción de gobierno" en los países dependientes.

Esto explica la nueva fórmula de "coincidencia" que junta a la revolución (la izquierda) con la contrarrevolución (la derecha). Votar, y votar, y seguir votando: Con el voto se cura, se come y se libera, es el axioma de máxima del nuevo precepto "revolucionario" de moda en las tiendas de la nueva izquierda "políticamente correcta".

No importa que se vote a los verdugos, no importa que se vote el programa económico y la sociedad de consumo del capitalismo globalizado, no importa que se vote por más fábricas de pobreza, no importa que se vote por más activos empresariales y crecimiento de las "súper fortunas" del ranking Forbes, no importa que se vote a políticos mercenarios que, durante 25 años de vigencia de "proyecto democracia" en América Latina, han dejado tras de sí 200 millones de pobres y 100 millones de indigentes. Lo que importa, es depositar periódicamente en las urnas de la dominación trasnacionalizada la ofrenda sagrada de la legitimación "democrática" con el voto popular.

Y finalmente, Washington les dio a todos un mártir de la revolución: Zelaya. Un vaquero terrateniente de la oligarquía hondureña, que Cuba y Chávez adoptaron como "hijo propio".Y la izquierda, soliviantada, con fervor revolucionario renovado, salió a tomar embajadas para defender lo mismo que defienden Washington y la Unión Europea: La continuidad del "sistema democrático" en Honduras.

Con Zelaya, con los bancos y las corporaciones bananeras, con la máquina capitalista de fabricar pobres en serie, no importan los contenidos ni la representación clasista del dominio: ZELAYA ES EL SISTEMA DEMOCRATICO.

Y así fue como Chávez, el ALBA, Cuba y Washington se juntaron en el paraíso: La defensa irrestricta de las banderas del "sistema democrático" por sobre cualquier otra circunstancia. Bienvenidos a la revolución.

Nota completa en:
IAR Noticias - 30/6/2009
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28 de junio de 2009

La "revolución de color en Irán

La técnica del golpe de Estado «por debajo»
La «revolución de color» fracasa en Irán
por Thierry Meyssan

La «revolución verde» de Teherán es el más reciente caso de las «revoluciones de color» mediante las cuales Estados Unidos ha logrado imponer gobiernos sometidos a su tutela en varios países sin tener que recurrir a la fuerza. Thierry Meyssan, quien ha sido consejero de dos gobiernos ante este tipo de crisis, analiza el método y las causas de su fracaso en Irán.


La relación entre las «revoluciones de color» y las revoluciones viene siendo la misma que pudiera existir entre el Canada Dry y la cerveza. Se parecen, pero no saben igual. Son cambios de régimen que aparentan ser una revolución en la medida en que movilizan a ciertos segmentos del pueblo, pero tienen características de golpe de Estado porque su objetivo no es cambiar las estructuras sociales sino poner en el poder a una élite en lugar de otra para que aplique una política económica y exterior proestadounidense. La «revolución verde» de Teherán es el más reciente ejemplo de ello.

Origen del concepto


Este concepto apareció en los años 1990, pero sus orígenes se encuentran en los debates estadounidenses de los años 1970-80. Luego de la serie de revelaciones sobre los golpes de Estado que la CIA había fomentado a través del mundo y del escándalo de los testimonios ante las comisiones parlamentarias Church y Rockefeller [1], el presidente Carter puso en manos del almirante Stansfield Turner la tarea de limpiar la agencia y de poner fin a todo apoyo a las «dictaduras de la casa». Furiosos, los socialdemócratas estadounidenses (SD/USA) salieron del Partido Demócrata y se unieron a Ronald Reagan. Eran brillantes intelectuales trotskistas [2], frecuentemente vinculados a la revista Commentary. Cuando Reagan resultó electo, les confió la tarea de proseguir la injerencia estadounidense, pero por otras vías.

Así crearon, en 1982, la National Endowment for Democracy (NED) [3] y, en 1984, el United States Institute for Peace (USIP). Ambas estructuras están vinculadas orgánicamente: varios administradores de la NED son miembros del consejo de administradores del USIP y viceversa.


En el plano jurídico, la NED es una asociación no lucrativa, basada en la legislación estadounidense, financiada mediante una subvención anual aprobada por el Congreso como parte del presupuesto del Departamento de Estado. Para concretar sus acciones [la NED] cuenta con el cofinanciamiento de la US Agency for International Development (USAID), que también depende del Departamento de Estado.

En la práctica, esta estructura jurídica no es más una pantalla que sirve simultáneamente a la CIA estadounidense, al MI6 británico y al ASIS australiano (y en ocasiones a los servicios canadienses y neozelandeses). La NED se presenta a sí misma como un órgano de «promoción de la democracia». Interviene de forma directa o mediante sus cuatro tentáculos: uno se encarga de sobornar a los sindicatos, otro de sobornar a los patrones, el tercero a los partidos de izquierda y el cuarto a los de derecha. También actúa a través de fundaciones amigas, como la Westminster Foundation for Democracy (Reino Unido), el International Center for Human Rights and Democratic Development (Canadá), la Fondation Jean-Jaurès y la Fondation Robert-Schuman (Francia), el International Liberal Center (Suecia), la Alfred Mozer Foundation (Holanda), la Friedrich Ebert Stiftung, la Friedrich Naunmann Stiftung, la Hans Seidal Stiftung y la Heinrich Boell Stiftung (Alemania). La NED reconoce haber sobornado así, en unos treinta años, a más de 6 000 organizaciones a través del mundo entero. Todo eso se enmascara, claro está, bajo la apariencia de programas de formación o de ayuda.

El USIP, por su parte, es una institución nacional estadounidense. El Congreso lo subvenciona, anualmente, a través del presupuesto del Departamento de Defensa. A diferencia de la NED, que sirve de pantalla a los servicios [secretos] de tres Estados aliados, el USIP es exclusivamente estadounidense. Con el pretexto de promover la investigación en ciencias políticas, puede pagar salarios a personalidades políticas extranjeras.

Desde que empezó a disponer de recursos, el USIP ha venido financiando una nueva y discreta estructura, la Albert Einstein Institution [4]. Al principio, esa pequeña asociación de promoción de la no violencia estaba encargada de concebir una forma de defensa civil para las poblaciones de Europa Occidental, en caso de invasión por parte del Pacto de Varsovia. Pero rápidamente se volvió autónoma y estableció un modelo de las condiciones que pueden llevar a cualquier tipo de poder estatal a perder su autoridad y derrumbarse.

Primeros intentos

El primer intento de «revolución de color» fracasó en 1989. El objetivo era derrocar a Deng Xiaoping utilizando a uno de sus colaboradores, el secretario general del Partido Comunista Chino Zhao Ziyang, para abrir el mercado chino a los inversionistas estadounidenses y poner a China bajo la influencia de Estados Unidos. Los jóvenes partidarios de Zhao invadieron la plaza Tian’anmen [5]. Los medios de prensa occidentales los presentaron como estudiantes apolíticos que luchaban por la libertad oponiéndose al ala tradicional del Partido, cuando en realidad se trataba de una disidencia interna entre nacionalistas y proestadounidenses surgida en el seno de la corriente de Deng. Luego de una larga resistencia a las provocaciones, Deng decidió poner fin a aquella situación recurriendo a la fuerza. La represión dejó entre 300 y 1 000 muertos, según las fuentes. Veinte años después, la versión occidental sobre aquel golpe de Estado frustrado sigue siendo la misma. Los medios occidentales que cubrieron recientemente el aniversario, presentándolo como una «rebelión popular», se sorprendieron de que aquel hecho no haya quedado en la memoria de la población de Beijing. Lo que pasa es que una lucha por el poder en el seno del Partido no tenía nada de «popular» y los habitantes de Beijing estimaban que aquello nada tenía que ver con ellos.


La primera «revolución de color» exitosa tuvo lugar en 1990. En momentos en que la Unión Soviética se hallaba en pleno proceso de disolución, el secretario de Estado James Baker viajó a Bulgaria para participar en la campaña electoral del partido proestadounidense, profusamente financiado por la NED [6]. Sin embargo, a pesar de las presiones del Reino Unido, los búlgaros, espantados ante las consecuencias sociales del paso de la URSS a la economía de mercado, cometieron un error imperdonable: eligieron una mayoría parlamentaria compuesta de postcomunistas. Los observadores de la Comunidad Europea certificaron el buen desarrollo del escrutinio, pero la oposición proestadounidense denunció un supuesto fraude y se lanzó a la calle, instaló un campamento en pleno centro de Sofía y sumió al país en caos durante seis meses, hasta que el parlamento eligió como presidente al proestadounidense Zhelyu Zhelev.


La «democracia»: vender el país a los intereses extranjeros a espaldas de la población

Desde entonces, Washington no ha cesado de organizar cambios de régimen a través del mundo, recurriendo no a la organización de juntas militares sino a la agitación callejera. A estas alturas de nuestro artículo, es conveniente precisar los objetivos de esa forma de acción. Más allá del discurso adormecedor sobre la «promoción de la democracia», la acción de Washington busca imponer regímenes que le abran los mercados internos sin exigir condiciones y que apoyen su política exterior. Los dirigentes de las «revoluciones de color» conocen esos objetivos, pero nunca los discuten con los manifestantes que ellos lanzan a la calle. Y cuando esos golpes de Estado fructifican, la ciudadanía no tarda en rebelarse contra las nuevas políticas que esos mismos dirigentes les imponen, cuando es ya demasiado tarde para dar marcha atrás.

Por otra parte, ¿cómo se pueden considerar «democráticos» los movimientos de oposición que, con tal de alcanzar el poder, venden su propio país a los intereses extranjeros a espaldas de sus compatriotas?

En 2005, la oposición kirguiz rechaza el resultado de las elecciones legislativas y lleva manifestantes del sur del país a Bishkek, la capital. Los manifestantes derrocan al presidente Askar Akaiev durante la llamada «revolución de los tulipanes». La Asamblea Nacional elige como presidente al proestadounidense Kurmanbek Bakiyev. Este último no logra controlar a sus propios partidarios, que saquean la capital, así que declara que el dictador ha sido expulsado y finge crear un gobierno de unión nacional. Saca de la cárcel al general Felix Kulov, ex alcalde de Bishkek, y lo nombra ministro del Interior y, más tarde, primer ministro. Cuando ve que la situación ha vuelto a ser estable, Akayev se deshace de Kulov; sin licitación previa, vende los pocos recursos del país a empresas estadounidenses e instala una base militar estadounidense en Manas. Nunca antes ha sido tan bajo el nivel de vida de la población. Felix Kulov propone fortalecer el país incorporándolo de nuevo a la Federación Rusa y rápidamente… lo vuelven a meter en la cárcel.

¿Un mal beneficioso?


A veces se argumenta, en los casos de Estados sometidos a regímenes represivos, que aunque las «revoluciones de color» no aportan más que una democracia de fachada, al menos representan cierta mejoría para las poblaciones. La experiencia demuestra lo contrario. Los nuevos regímenes pueden resultar más represivos que los anteriores.

En 2003, Washington, Londres y París [7] organizan en Georgia [8] la «revolución de las rosas». Siguiendo el esquema clásico, la oposición denuncia un fraude electoral y se lanza a la calle. Los manifestantes obligan al presidente Eduard Chevardnadze a huir y toman el poder. Su sucesor, Mijail Saakashvili, abre el país a los intereses económicos estadounidenses y rompe con la vecina Rusia. La ayuda económica prometida por Washington para sustituir la ayuda rusa nunca llegará. Ya debilitada, la economía [georgiana] se derrumba. Para poder seguir respondiendo a los intereses de sus amos, Saakashvili tiene que recurrir a la dictadura [9]. Cierra medios de prensa y llena las prisiones. Pero no por ello la prensa occidental deja de presentarlo como un «demócrata». Condenado a seguir adelante, Saakashvili decide reconquistar la popularidad mediante una aventura militar. Con el apoyo de la administración Bush y de Israel, al que ha alquilado varias bases aéreas, bombardea a la población de Osetia del Sur. Los bombardeos dejan 1 600 muertos, la mayoría de ellos con doble nacionalidad rusa. Se produce la respuesta militar de Moscú. Los consejeros israelíes huyen [10]. Georgia queda devastada.


¡Basta!


El mecanismo principal de las «revoluciones de color» consiste en explotar el descontento popular dirigiéndolo hacia el blanco que se quiere eliminar. Se trata de un fenómeno de psicología de masas que barre con todo a su paso, imposible de enfrentar con elementos razonables. Se designa un chivo expiatorio al que se le achacan todos los males que enfrenta el país desde al menos una generación. Mientras más se resiste [el chivo expiatorio], más crece la cólera de la multitud. Y cuando el blanco cede, la población vuelve a la razón y reaparecen las corrientes razonables entre sus partidarios y sus opositores.


En 2005, durante las horas que siguen al asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, corre en el Líbano el rumor de que Hariri ha sido asesinado por «los sirios». El ejército sirio, que se ocupa de garantizar el orden –conforme a lo estipulado en el Acuerdo de Taif– se convierte en blanco de protestas. Las autoridades estadounidenses acusan directamente al presidente sirio Bachar el-Assad, acusación que la opinión pública considera como una prueba. A los que observan que, salvo algunas divergencias, Rafik Hariri siempre fue útil a Siria y que su muerte priva a Damasco de un colaborador esencial se les responde que el «régimen sirio» es tan malo que mata incluso a sus propios amigos. Los libaneses se pronuncian por un desembarco estadounidense que expulse a los sirios. Pero, para sorpresa general, Bachar el-Assad, teniendo en cuenta que su ejército ha dejado de ser bienvenido en el Líbano y que su presencia allí resulta económicamente onerosa, retira a sus hombres. Se organizan elecciones legislativas, en las que resulta victoriosa la coalición «antisiria». Se trata de la «revolución del cedro». Cuando la situación vuelve a la normalidad, todos se dan cuenta de que, si bien algunos generales sirios habían saqueado el país en el pasado, la retirada del ejército sirio no ha traído ningún cambio en el plano económico. Y lo esencial es que el país está en peligro, al no contar ya con los medios necesarios para defenderse del expansionismo del vecino Israel. El principal líder «antisirio», el general Michel Aoun, se da cuenta de ello y se pasa a las filas de la oposición. Furioso, Washington traza contra él numerosos proyectos de asesinato. Michel Aoun establece una alianza con el Hezbollah sobre la base de una plataforma patriótica. ¡Muy a tiempo! Israel ataca.

En todos y cada uno de los casos, Washington prepara de antemano un gobierno «democrático», lo cual confirma que se trata de un golpe de Estado disfrazado. La composición del nuevo equipo se mantiene en secreto el mayor tiempo posible. Es por eso que la designación del chivo expiatorio se hace siempre teniendo cuidado de no mencionar ninguna alternativa política.

En Serbia, los jóvenes «revolucionarios» pro estadounidenses escogieron un logotipo salido de la iconografía comunista (el puño en alto), para esconder su propia subordinación a Estados Unidos. Su slogan, «¡Está acabado!», tenía como objetivo buscar el apoyo de los descontentos contra el propio Slobodan Milosevic, al que hacían responsable de los bombardeos de la OTAN contra Serbia. El mismo esquema fue aplicado por el grupo Pora!, en Ucrania, y por Zubr, en Bielorrusia.


No violencia de fachada

Los comunicadores del Departamento de Estado se esfuerzan por dar a las «revoluciones de color» una imagen de no violencia. Todas enarbolan las teorías de Gene Sharp, fundador de la Albert Einstein Institution. Pero la no violencia es una forma de lucha destinada a convencer al poder de que tiene que cambiar de política. Para lograr que una minoría se apropie del poder y lo ejerza, en algún momento hay que recurrir a la fuerza. Así lo han hecho todas las «revoluciones de color».

En el año 2000, cuando aún le quedaba un año de mandato presidencial, Slobodan Milosevic convocó a elecciones anticipadas. Milosevic y su principal adversario, Vojislav Kostunica, tuvieron que ir a una segunda vuelta. Sin esperar a esa segunda fase de la elección, la oposición afirmó que había fraude y se lanzó a la calle. Miles de manifestantes llegaron a la capital, entre ellos los mineros de Kolubara. La NED garantizaba indirectamente el pago de sus salarios, sin que ellos tuviesen conciencia de que estaban siendo pagados por Estados Unidos. Cuando la presión de los manifestantes resultó insuficiente, los mineros atacaron edificios públicos con los buldózeres que habían traído, lo cual dio como resultado que aquello recibiera el nombre de «revolución de los buldózeres».

Si la tensión se prolonga por demasiado tiempo y se producen contra manifestaciones, no hay para Washington otra solución que sumir el país en el caos.

Agentes provocadores convenientemente situados en ambos bandos disparan sobre la multitud. Ambos bandos pueden comprobar que los de enfrente dispararon mientras que sus partidarios avanzaban pacíficamente. Y se generaliza el enfrentamiento.


En 2002, la burguesía de Caracas se lanza a la calle para manifestar contra la política social del presidente Hugo Chávez [11]. Mediante hábiles montajes, las televisiones privadas dan la impresión de que se trata de una marea humana. Según los observadores, son 55 000 personas. Pero la prensa y el Departamento de Estado hablan de 1 millón. Se produce entonces el incidente del puente Llaguno. Las televisiones muestran claramente a prochavistas armados disparando sobre la multitud. En una conferencia de prensa, el general de la Guardia Nacional y viceministro de Seguridad Interna confirma que las «milicias chavistas» han disparado sobre el pueblo dejando 19 muertos. Anuncia su renuncia y llama a derrocar la dictadura. Militares rebeldes arrestan al presidente. Pero el Pueblo marcha, por millones, sobre la capital y restablece el orden constitucional. 
Una investigación periodística reconstruye posteriormente, de forma detallada, la matanza del puente Llaguno. Demuestra que hubo manipulación en el montaje de las imágenes, cuyo orden cronológico fue alterado, como lo demuestran los relojes que portaban los propios protagonistas. En realidad, los atacados fueron los chavistas, quienes se replegaron y trataron de proteger a los suyos con armas de fuego. Los agentes provocadores eran policías locales entrenados por una agencia estadounidense [12].

En 2006, la NED reorganiza la oposición contra el presidente kenyano Mwai Kibaki. Financia la creación del Partido Naranja de Raila Odinga. Este último recibe el apoyo del senador Barack Obama, acompañado de especialistas de la desestabilización (Mark Lippert, actual jefe de gabinete del consejero de seguridad nacional, y el general Jonathan S. Gration, actual enviado especial del presidente estadounidense para Sudán). Durante un mitin de Odinga, el senador de Illinois se inventa un vago parentesco con el candidato proestadounidense. Pero Odinga pierde las elecciones legislativas en 2007. Con el apoyo del senador John McCain, quien actúa como presidente del IRI (el tentáculo republicano de la NED), Odinga pone en duda la limpieza del escrutinio y pide a sus partidarios que salgan a la calle.

En ese preciso momento, electores de la etnia Luo reciben a través de sus teléfonos móviles una oleada de mensajes [SMS] anónimos: «Queridos kenyanos, los Kikuyu han robado el futuro de nuestros hijos… tenemos que tratarlos de la única forma que ellos entienden… la violencia». A pesar de ser uno de los países más estables de África, Kenya se incendia bruscamente. Al cabo de varias jornadas de desórdenes, el presidente Kibaki se ve obligado a aceptar la mediación de Madeleine Albright, en calidad de presidenta del NDI (el tentáculo demócrata de la NED). Se crea un puesto de primer ministro para Odinga. Como los SMS incitando al odio no salieron de ninguna instalación kenyana, no queda otro remedio que preguntarse qué potencia extranjera pudo enviarlos.


La movilización de la opinión pública internacional


Durante los últimos años, Washington ha podido desencadenar «revoluciones de color» con la certeza de que, en caso de no fracasar en el intento de tomar el poder, estas le permitirán al menos manipular la opinión pública y las instituciones internacionales.

En 2007, gran número de birmanos se rebelan contra el alza en los precios del combustible de uso doméstico. Las manifestaciones se hacen violentas. Los monjes budistas se ponen a la cabeza de las protestas. Se produce la «revolución azafrán» [13]. En realidad, a Washington no le interesa el régimen de Rangún. Lo que quiere es manipular al Pueblo birmano para presionar a China, que tiene intereses estratégicos en Birmania (oleoductos y una base militar de inteligencia electrónica). A partir de ahí, lo importante es crear una apariencia de realidad. Imágenes provenientes de teléfonos móviles comienzan a inundar YouTube. Son anónimas, inverificables y fuera de contexto. Es precisamente ese carácter aparentemente espontáneo lo que les confiere autoridad. La Casa Blanca puede imponer así su propia interpretación de dichas imágenes.

Más recientemente, en 2008, manifestaciones estudiantiles paralizan Grecia luego de la muerte de un joven de 15 años a manos de un policía. Rápidamente aparecen provocadores, reclutados en Kosovo y enviados en autobuses que destrozan comercios. Los centros urbanos son saqueados. Washington trata de provocar una fuga de capitales y de monopolizar las inversiones en las terminales gasíferas en construcción. Una campaña de prensa se encargará de presentar al debilitado gobierno de Karamanlis bajo los mismos colores que el régimen de los coroneles. Facebook y Twitter se convierten en instrumentos para movilizar a la diáspora griega. Las manifestaciones se extienden a Estambul, Nicosia, Dublín, Londres, Ámsterdam, La Haya, Copenhague, Francfort, París, Roma, Madrid, Barcelona, etc.


La revolución verde

La operación instrumentada en Irán en 2009 es parte de esta larga lista de seudo revoluciones. Primeramente, en 2007, el Congreso aprueba un presupuesto de 400 millones de dólares para «cambiar el régimen» en Irán. Esa suma se agrega a los presupuestos ad hoc de la NED, la USAID, la CIA y todas las demás instituciones ya mencionadas. No se conoce el uso de ese dinero, pero sí se sabe que está destinado a tres grupos esenciales: la familia Rafsandjani, la familia Pahlevi y los Muyahidines del Pueblo.

Al confirmarse la oposición del Estado Mayor estadounidense a un ataque militar contra Irán, la administración Bush decide organizar una «revolución de color» en ese país. Decisión ratificada por la administración Obama. Y se abre por defecto el expediente de «revolución de color» que se había preparado en 2002 con Israel en el seno del American Enterprise Institute. Yo mismo publiqué en aquel entonces un artículo sobre aquel dispositivo [14]. Basta con remitirse a aquel artículo para identificar a los actuales protagonistas. Hubo pocas modificaciones. Se agregó una fase libanesa. con una sublevación en Beirut, en caso de victoria de la coalición patriótica (Hezbollah, Aoun) en las elecciones legislativas, que fue finalmente anulada.

El escenario tenía previsto un apoyo masivo al candidato seleccionado por el ayatola Rafsandjani, la impugnación de los resultados de la elección presidencial, una ola de atentados, el derrocamiento del presidente Ahmadinejad y del Guía Supremo, el ayatola Khamenei, la instauración de un gobierno de transición dirigido por Musavi y, posteriormente, el restablecimiento de la monarquía y el ascenso al poder de un gobierno dirigido por Sohrab Shobani.

Como ya estaba previsto en 2002, la operación se desarrolló bajo la supervisión de Morris Amitay y Michael Ledeen y movilizó en Irán a las redes del Irangate. Se impone en este punto un breve recuento histórico. El Irangate fue una venta ilegal de armas: la Casa Blanca quería, por un lado, apertrechar en armas a los Contras nicaragüenses (para que lucharan contra los sandinistas) y, por el otro, apertrechar a Irán (para prolongar la guerra Irán-Irak hasta el agotamiento de ambos contendientes), pero el Congreso le había prohibido hacerlo. Los israelíes propusieron entonces encargarse de ambas operaciones al mismo tiempo [por cuenta de Washington]. Ledeen, que tiene la doble nacionalidad estadounidense e israelí, sirve de agente de enlace en Washington mientras que Mahmoud Rafsandjani (hermano del ayatola del mismo nombre) es el contacto en Teherán. Todo se desarrolló sobre un trasfondo de corrupción generalizada. Cuando estalla el escándalo en Estados Unidos, el senador Tower y el general Brent Scowcroft (mentor de Robert Gates) dirigen una comisión investigadora independiente.

Michael Ledeen es un curtido veterano de la acción secreta. Lo encontramos en Roma, en el momento del asesinato de Aldo Moro, en la invención de la pista búlgara cuando el intento de asesinato de Juan Pablo II, y, más recientemente, en el engaño de la supuesta compra de uranio nigeriano por parte de Sadam Husein. Actualmente trabaja en el American Enterprise Institute [15] (junto a Richard Perle y Paul Wolfowitz) y en la Foundation for the Defense of Democracies [16].

Morris Amitay fue director del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Hoy se desempeña como vicepresidente del Jewish Institute for National Security Affairs (JINSA) y también como director de un gabinete de consejería al servicio de grandes firmas de la industria armamentista.

El 27 de abril pasado, Morris y Ledeen organizaron, alrededor del senador Joseph Lieberman, un seminario sobre Irán en el American Enterprise Institute, específicamente sobre el tema de las elecciones. El 15 de mayo pasado, hay un nuevo seminario. La parte pública consistió en una mesa redonda dirigida por el embajador John Bolton sobre el «gran regateo»: ¿Aceptaría Moscú retirar su apoyo a Teherán a cambio de que Washington renuncie al escudo antimisiles en Europa central? El experto francés Bernard Hourcade participó en los debates. Simultáneamente, el Instituto ponía en línea un sitio Internet destinado a orientar a la prensa en la futura crisis: IranTracker.org. Este sitio incluye una sección dedicada a las elecciones libanesas.

En Irán, la misión del ayatola Rafsandjani consistía en derrocar a su viejo rival, el ayatola Khamenei. Proveniente de una familia de agricultores, Hachemi Rafsandjani amasó su fortuna mediante la especulación inmobiliaria, en tiempos del Shah. Se convirtió en el principal vendedor mayorista de pistacho de todo el país y redondeó su fortuna durante el Irangate. Sus bienes están evaluados en miles de millones de dólares. Ya convertido en el hombre más rico de Irán, fue sucesivamente presidente del parlamento, presidente de la República y es el actual presidente del Consejo del Discernimiento (instancia de arbitraje entre el parlamento y el Consejo de Guardianes de la Constitución). Representa los intereses del mercado, o sea de los comerciantes de Teherán. Durante la campaña electoral, Rafsandjani obtuvo de su ex adversario Mirhossein Musavi, hoy convertido en su caballo de batalla, la promesa de privatizar el sector petrolero.

Sin contacto con Rafsandjani, Washington recurrió a los Muyahidines del Pueblo [17]. Protegida por el Pentágono, esa organización está clasificada como terrorista por el Departamento de Estado, y también estuvo así clasificada por parte de la Unión Europea. Los Muyahidines del Pueblo realizaron operaciones terribles durante los años 1980, entre ellas un atentado de gigantescas proporciones que le costó la vida al ayatola Behechi, a 4 ministros, a 6 ministros adjuntos y a la cuarta parte del grupo parlamentario del Partido de la República Islámica. Los Muyahidines del Pueblo están bajo las órdenes de Masud Rajavi, quien se casó con la hija del presidente Bani Sadr y más tarde con la cruel Myriam. Radica cerca de París y tiene sus bases militares en Irak, donde contó con la protección de Sadam Husein, antes de contar hoy en día con la del Departamento de Defensa. Fueron los Muyahidines del Pueblo quienes garantizaron la logística de los atentados dinamiteros perpetrados durante la campaña electoral [18]. Ellos tenían como misión provocar enfrentamientos entre los partidarios de Ahmadinejad y la oposición, lo que probablemente hicieron.

En caso de que se produjera el caos, cabía la posibilidad de derrocar al Guía Supremo. Un gobierno de transición, bajo la dirección de Musavi debía privatizar el sector petrolero y restablecer la monarquía. El hijo del antiguo Shah, Reza Cyrus Pahlevi, subiría al trono y designaría como primer ministro a Sohrab Sobhani. En previsión de todo esto, Reza Pahlevi publicó en febrero un libro de entrevistas con el periodista francés Michel Taubmann. Este último es director de la oficina parisina de información de Arte y preside el Cercle de l’Observatoire, el club de los neoconservadores franceses. No es inútil recordar aquí que, de la misma manera, Washington tenía prevista el restablecimiento de la monarquía en Afganistán. Mohammed Zaher Shah hubiese subido al trono en Kabul, con Hamid Karzai como primer ministro. Pero el pretendiente al trono, que tenía ya 88 años, estaba senil. Karzai se convirtió entonces en presidente de la República. Al igual que Karzai, Sobhani tiene la doble nacionalidad estadounidense. También al igual que Karzai, Sobhani trabaja en el sector petrolero del Mar Caspio.

En lo tocante a la propaganda, el dispositivo inicial estaba en manos de la firma Benador Associates. Pero fue modificado bajo la influencia de la secretaria de Estado para la Educación y la Cultura, Goli Ameri. Esta irano-estadounidense es una antigua colaboradora de John Bolton. Como especialista de los nuevos medios, Goli Ameri implantó programas tendientes a equipar y entrenar a los partidarios de Rafsandjani en el uso de Internet. También desarrolló estaciones de radio y de televisión en lengua farsi para la propaganda del Departamento de Estado y en coordinación con la BBC británica.

La desestabilización de Irán fracasó porque el principal resorte de las «revoluciones de color» no funcionó bien. Musavi no logró focalizar el descontento sobre la personalidad de Ahmadinejad. El Pueblo iraní no pudo ser engañado, no culpó al presidente saliente por las consecuencias de las sanciones económicas estadounidenses contra Irán. Por esa razón, las protestas se circunscribieron a la burguesía de los barrios del norte de Teherán. El poder se abstuvo de oponer nuevas manifestaciones a las que ya estaban en marcha y dejó que los conspiradores se pusieran al desnudo por sí mismos. Pero hay que reconocer que la intoxicación de los medios occidentales sí funcionó. La opinión pública extranjera creyó que 2 millones de iraníes se habían lanzado realmente a las calles, cuando la cifra real fue por lo menos dos veces inferior. El hecho de mantener a los corresponsales en sus casas facilitó esas exageraciones al darles un pretexto para no presentar pruebas de sus impugnaciones. Después renunciar a la guerra y de haber fracasado en este intento de derrocar al régimen, ¿qué carta le puede quedar aún a Barack Obama?

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[1] Los múltiples informes y documentos publicados por esas comisiones están disponibles en Internet a través del sitio The Assassination Archives and Research Center.
[2] «Los New York Intellectuals y la invención del neoconservadurismo », por Denis Boneau, Red Voltaire, 26 de noviembre de 2004.

[3] «Las redes de la injerencia "democrática" », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de enero de 2004.
[4] «La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 4 de enero de 2005.

[5] «Tienanmen, 20 ans après», por el profesor Domenico Losurdo, Réseau Voltaire, 9 de junio de 2009.
[6] En aquel entonces, la NED operaba en Europa Oriental a través de la Free Congress Foundation (FCF), apadrinada por los republicanos. Posteriormente, esa organización desaparece cediendo su lugar a la Soros Foundation, relacionada con el Partido Demócrata estadounidense, mediante la cual la NED fomenta nuevos «cambios de régimen».

[7] Deseoso de mejorar las relaciones franco-estadounidenses después de la crisis iraquí, el presidente francés Jacques Chirac trata de acercarse a la administración Bush a expensas de los georgianos, sobre todo teniendo en cuenta que Francia tiene intereses económicos en Georgia. Salomé Zourabichvili, n°2 de los servicios secretos franceses, es nombrada embajadora en Tbilisi. Posteriormente cambia de nacionalidad y se convierte en ministra de Relaciones Exteriores de la «revolución de las rosas».
[8] «Los secretos del golpe de estado en Georgia, ex república soviética », por Paul Labarique, Red Voltaire, 7 de enero de 2004.

[9] «Georgia: Saakachvili encarcela a sus opositores» y «Manifestaciones en Tbilisi contra la dictadura de las rosas», Red Voltaire, 12 de septiembre de 2006 y 30 de septiembre de 2007.
[10] La administración esperaba crear un elemento de distracción con aquel conflicto. Los bombarderos israelíes despegarían simultáneamente de Georgia para golpear al vecino Irán. Pero, antes de atacar las instalaciones militares georgianas, Rusia bombardeó los aeropuertos alquilados a Israel, impidiendo así el despegue de los bombarderos israelíes.

[11] «Implicación de las redes secretas de la CIA para derribar a Chávez », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de mayo de 2002.
[12] Llaguno Bridge. Keys to a Massacre. Documental de Angel Palacios, Panafilms 2005.

[13] «Birmania: Estados Unidos se muestra interesadamente solícito », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de noviembre de 2007.
[14] «Las falaces razones para intervenir en Irán », por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 12 de febrero de 2004.
[15] «El Instituto Norteamericano de la Empresa », Red Voltaire, 21 de junio de 2004.
[16] «Los trucos de la Foundation for the Defense of Democraties », Red Voltaire, 2 de febrero de 2005.
[17] «Les Moudjahidin perdus», por Paul Labarique, Réseau Voltaire, 17 de febrero de 2004. [18] «Le Jundallah revendique des actions armées aux côtés des Moudjahidines du Peuple», Réseau Voltaire, 13 de junio de 2009.
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Thierry Meyssan
Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran impostura y del Pentagate.

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Fuente: Red Voltaire
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15 de junio de 2009

Construcción de un gran espacio suramericano

"...proponemos dejar de hablar de integración, concepto que forma parte de lo políticamente correcto, para hablar de construcción de un gran espacio geopolítico autocentrado económicamente y políticamente soberano..."
Construcción de un gran espacio suramericano
Por Alberto Buela

En estos días que venimos recibiendo varias solicitudes del extranjero sobre la integración suramericana (investigadores brasileños como Julia Nassif Souza de la revista de Sociología la Univ. de San Pablo, de nuestro traductor al ruso Vladislav Gulevich entre otros) nos parece adecuado realizar algunas precisiones fundamentales sobre el tema. Sobre todo en el desenmascaramiento de los intereses reales que mueven la geopolítica brasilera, desde siempre ambivalente.

En primer lugar nosotros proponemos dejar de hablar de integración, concepto que forma parte de lo políticamente correcto, para hablar de construcción de un gran espacio geopolítico autocentrado económicamente y políticamente soberano. La categoría de integración es un engaña pichanga ad usum becarios. Luego de 18 años desde el Tratado de Asunción de 1991 al presente, el Mercosur resultó ser sólo el instrumento de integración de las burguesías comerciales de Sao Paulo y Buenos Aires, y nada más. La construcción de un gran espacio supone una voluntad de poder que se enfrente y recorte los poderes mundiales actuales en tanto que la idea de integración implica sumarse a las ventajas relativas de la globalización. O hablamos en términos geopolíticos de construcción de un gran espacio o callamos.

En segundo lugar hay que dejar de hablar de América Latina que es un concepto que indica una rémora colonial franco-inglesa – ni los aborígenes son latinos ni los criollos lo somos- para hablar de Iberoamérica o de la América Indoibérica y así incorporar sin tapujos al Brasil. El latino americanismo es un concepto vago y estéril, ha sostenido con razón don Helio Jaguaribe. Geopolíticamente hablando, esto es, desde un realismo político, se debe hablar de Suramérica (Sud- América es un galicismo inadmisible a esta altura de la historia americana), pues México y Centroamérica son dominios consolidados de la potencia imperial talasocrática.

En tercer lugar la construcción es solo posible si podemos asegurar un heartland suramericano protegido por las líneas de tensión geopolíticas cuyos vértices tendrían que ser Buenos Aires, Brasilia, Caracas y Lima o Quito o Bogotá. Este último vértice es indistinto aunque hoy es preferible Bogotá. Esto es lo que hemos denominado "teoría del rombo" que venimos defendiendo desde hace una década.

En cuarto lugar aquellos que tienen y pueden aportar más, aporten más, pues si no se da una relación de reciprocidad no hay construcción de un gran espacio en Suramérica. Este es el principio fundante de todo gran espacio geopolítico, pues si uno de los miembros aporta todo se transforma en un imperio subregional y si todos aportan por igual es una ficción política. No tiene miras de realización.

Si, hipotéticamente, se tuvieran en cuenta estas cuatro instancias que proponemos habría que eliminar, finalmente, los presupuestos histórico-políticos de los miembros que la integran comenzando por el mayor aportante, que en este caso es Brasil con casi 200 millones de habitantes y el 38% del PBI de la región.

Y acá salta la liebre. Y aquí aparece la cuestión fundamental. ¿Quiere Brasil la construcción de un gran espacio autocentrado económicamente y políticamente soberano en Suramérica?

Todo indica que no, pero todo aparece como que sí. En apariencias Itamaraty a todos los proyectos dice que sí, pero en realidad obra en concreto rechazándolos. Su alianza principal es con los Estados Unidos como socio privilegiado, relación que lo ha transformado hoy día en gendarme de la región. Su asociación secundaria es con cualquiera de los países suramericanos. Esta distinción entre aliado y socio es fundamental para poder llegar a comprender en parte, a barruntar, cuales son los intereses profundos que mueven a Itamaraty. Brasil es aliado de USA y socio de Argentina o Venezuela o Uruguay.

Nos explicamos con un ejemplo: El Banco del Sur (también podríamos hablar de la integración militar, del la Comunidad suramericana de naciones, del Unasur, de los corredores bioceánicos, del gasoducto transamazónico, de la navegación de los ríos interiores de la América del Sur, etc.).

El Banco del Sur arrancaría con un capital inicial de 7.000 millones de dólares, la controversia respecto del aporte de los países accionistas impulsores de la idea radica que unos, como Brasil o Paraguay, proponen hacer aportes menores del orden de los 300 millones y otros como Ecuador, Venezuela y Argentina proponen aportes significativos. En una palabra, unos quieren que el Banco del Sur nazca chico y otro piensan en términos de grandeza.

La contradicciones surgen con las declaraciones de Guido Mantega, ministro de hacienda del Brasil, quien sostuvo que:“ la prioridad del Banco del sur será financiar proyectos de infraestructura, logística y energía” y recordó que “sólo el Banco de Desarrollo de Brasil tiene 120.000 millones de dólares para financiar al sector productivo de su país, en tanto que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene sólo 100 millones de dólares para toda la región”.

¿Qué pretende entonces la intelligensia brasileña, crear un banco pobre esterilizando otra idea que puede servir para liberarnos, como lo hizo con la Comunidad Suramericana de naciones invitando a Surinam y Guyana, o sea, Holanda e Inglaterra a participar?

Esta idea del Banco del Sur, hay que decirlo con todas las letras la lanzó Chávez y le mostró sus beneficios a Kirchner, quien honesta y cabalmente la aceptó.

Brasil se sumó como se suma a todos los intentos de integración suramericana, no por su vocación integradora, sino porque Itamaraty (la cancillería brasileña: Su verdadero poder nacional) no descansa en su ambición de dominio. Y así, si los proyectos o ideas que se lanzan benefician su política permanente de “extensión al oeste” los apoya, de lo contrario los esteriliza, pero nunca los rechaza, pues su rechazo generaría una resistencia que no tiene por qué crear.

Esto hay que saberlo y nuestros gobiernos hispanoamericanos deberían alguna vez hacerlo notar. Brasil, a través de su cancillería Itamaraty, interpuso, interpone e interpondrá todos los recursos a su alcance para impedir la integración norte-sur o sur-norte de Suramérica, de modo tal que si hay algo que no desea ni quiere es la relación Caracas-Buenos Aires, y el Banco del Sur abona y refuerza esta integración.

Hace ya más de un siglo y a partir de los trabajos de don Tulio Jaguaribe, el padre de Helio Jaguaribe, el sociólogo que más influencia en el poder del Brasil ha tenido en estos últimos veinte años, los gobiernos de Argentina y Venezuela están solicitando al de Brasil avanzar en los trabajos para la integración fluvial del Suramérica sobre todo en la vinculación entre los ríos Paraguay –Guaporé a través del dragado de los ríos Alegre y Aguapey, atravesando la laguna Rebeca y el riacho Barbados y su respuesta siempre ha sido una dilación continuada.

Vemos como el Banco del Sur nos llevó a consideraciones que hacen al riñón de la geopolítica suramericana, a tratar de llamar a las cosas por su nombre y a correr el velo de las intenciones ocultas. El Banco del Sur es estrictamente hablando una idea metapolítica, pues va más allá de la limitación política partidaria y local para instalarse como categoría de condicionamiento de la acción política concreta futura del gran espacio suramericano.

Mientras tanto los seis países que inicialmente constituirían el Banco del Sur tienen presos 164.000 millones de dólares, en Bancos de USA y Europa, esto es, diez veces más de los créditos que recibimos con condicionamientos de todo tipo, durante el 2006.

El Banco del Sur si naciera grande se transformaría automáticamente en la expresión financiera de la Unión Suramericana lo que le permitiría negociar como bloque y no aisladamente con los poderes internacionales. La consecuencia natural del un Banco del Sur pensado en términos de grandeza sería la implantación de una moneda única tal como se propuso en la reunión del Mercosur, aquella a la que asistió Nelson Mandela, realizada en Ushuaia en 1999 y dilatada por Brasil sine die.

Es que Itamaraty no quiere una negociación en bloque, con una moneda única, con los poderes mundiales sino que desea negociar con Brasil como bloque con los poderes internacionales, esta es la madre del borrego. Quien no vea esto, mira sin ver.

Este ejemplo que hemos puesto es emblemático pues muestra como Itamaraty apoya y socaba al mismo tiempo un mismo proyecto. Nuestras cancillerías no se dan cuenta o no lo hacen notar, nuestros políticos menos pues pasan su vida en problemas internos y vuelos de cabotaje, ni qué decir de nuestros dirigentes sociales y culturales embelezados en un “latinoamericanismo” vacuo y falto de contenido.

En la construcción del gran espacio suramericano Brasil es Alemania y Argentina es Austria, pero la sumatoria de Venezuela, Perú y sobre todo Colombia equilibra la balanza. Hoy, a mediados del 2009, esta última opción, la opción Colombia es de singular importancia. Y si algún tonto de estos que nunca faltan pues stultorum infinitus est numerus nos dijera que es imposible, solo nos cabe responderle es conditio sine qua non en la construcción de un gran espacio suramericano reemplazar las criterios ideológicos por las relaciones geopolíticas o mejor aún: Metapolíticas.

La relación geopolítica de Argentina tiene que ser forzosamente con Brasil, pero para ello debe privilegiar las relaciones geopolíticas con Venezuela y Colombia más allá de los criterios ideológicos. Brasil tiene una gran ventaja sobre Argentina, su mayor potencial económico y militar pero al mismo tiempo tiene una desventaja geopolítica en la región, no puede tener ningún otro aliado de peso, sólo puede tener socios circunstanciales, pero Argentina si tuviera política exterior propia, sí que puede tener aliados. Y esta es la gran diferencia que juega a nuestro favor.

Socios históricos del Brasil lo han sido el Paraguay, Chile y Ecuador pero nunca llegaron a la categoría de aliados. Esta categoría es la que se quiso plasmar en el Tratado de Asunción con Argentina, pero no pasó de una asociación comercial. Así están las tensiones geopolíticas hoy en la América del Sur.

alberto.buela@gmail.com
CEES (Centro de estudios estratégicos suramericanos) CGT
Dirección postal: Casilla 3198 (1000) Buenos Aires
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Fuente: politicaydesarrollo
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