2 de noviembre de 2018

ESI es el principio


el Caballo de Troya de la Ideología de Género en la Argentina. 




En la última década han aumentado en un 4.000% los tratamientos transgénero de menores en el Reino Unido.

"Una vez conocido el dato y escandalizados por ello debemos buscar la causa. Yo le diría a la ministra que no busque demasiado lejos, que ella (y sus predecesoras en el cargo) es en parte la causante de esta aberración.

El ministerio que dirige Penny Mordaunt es el responsable de los programas escolares de adoctrinamiento en centros escolares..."

1.806 niñas británicas hormonadas para convertirlas en "niños" 

10 de octubre de 2018
JAVIER BORREGO


Penny Mordaunt, responsable del Ministerio de la Mujer y la Igualdad del Reino Unido, ministerio totalmente alineado con las políticas de género internacionales, propuso el pasado 15 de septiembre estudiar las causas del disparatado incremento de los tratamientos transgénero en menores del Reino Unido.

Este incremento es, con datos de la propia ministra, de un 4.000% (cuatro mil por cien) en la última década, y se hacen eco del mismo diarios como The Times o The Telegraph. Coinciden ambos en que en el último año 1.806 niñas han sido sometidas a estos tratamientos en el sistema sanitario de Gran Bretaña.

Son datos ciertos, proporcionados por el propio Ministerio británico, lo que provoca conmoción en cualquier lector, con independencia de la ideología y más entre los que nos dedicamos a la enseñanza o somos padres, porque no cabe duda de que lo que está pasando con los niños ingleses les pasará en muy corto periodo de tiempo a todos los europeos.

Son varias las razones por las que nadie puede permanecer indiferente ante el hecho de que estos tratamientos se estén produciendo en un número cada vez mayor y en edades cada vez más tempranas.

Primero: porque afecta a menores que deberían pensar en cualquier cosa menos en el sexo.

Segundo: porque los tratamientos son irreversibles y se trata de la única cosa que se les permite hacer a los menores sin el consentimiento paterno y que además tiene consecuencias fisiológicas y psicológicas para toda la vida.

Tercero: porque semejante incremento no puede sino ser causado por algo distinto a la “necesidad” de tales operaciones por cuestiones intrínsecas al menor. Es decir: las causan los adultos.

Una vez conocido el dato y escandalizados por ello debemos buscar la causa. Yo le diría a la ministra que no busque demasiado lejos, que ella (y sus predecesoras en el cargo) es en parte la causante de esta aberración.

El ministerio que dirige Penny Mordaunt es el responsable de los programas escolares de adoctrinamiento en centros escolares, el que firmó la «Alianza nacional contra la homofobia, bifobica y transfóbica», que actúa en centros escolares del Reino Unido. Esta ‘Alianza’ se firmó entre el Estado y una docena de asociaciones LGTB para inculcar a los niños la idea de que cualquier práctica, orientación o deseo sexual es igualmente válido, que existen niños que son niñas, niñas que son niños e individuos que no son ni una cosa ni la otra, etc. Estos programas, que se introducen en las escuelas –en teoría– para evitar el rechazo que sufren en la adolescencia los jóvenes homosexuales, enseñan a utilizar el propio cuerpo y el ajeno como fuente de placer, a identificar posibles sentimientos homosexuales y a aceptarlos como normales.

Independientemente del logro de su objetivo (personalmente creo que tampoco lo cumplen) está claro que estos programas lo único que pueden generar es confusión y desorientación en los niños y adolescentes, puesto que por definición tanto unos como otros no tienen formado el carácter ni tienen claro quiénes son y mucho menos quiénes quieren ser.

En el caso de los menores de once años sabemos que en su horizonte mental el sexo no aparece. Si por accidente aparece en su vida se muestra como un misterio, como cosas de los mayores que no terminan de comprender ni en su dimensión real ni en sus implicaciones. Por otro lado, en el nivel psicológico, los afectos del niño son de naturaleza muy diferente a las personas adultas. El niño vive en el presente donde lo que tiene delante es amado sin implicaciones de ningún tipo. Un niño puede jugar con un desconocido como si fuese su más fiel amigo y no volver a verlo sin echarle de menos ni preguntarse nada de él, o puede enfadarse y desenfadarse en unas horas con un compañero. Pueden tener mejor relación con una muñeca que con una persona real, porque la realidad es distinta para los niños que para los adultos, abarca más. Los niños no tienen el tipo de relación direccional de los adultos, por lo que no tienen orientación de ningún tipo, y menos orientación sexual.

En cuanto a la diferenciación sexual es algo que tampoco forma parte del universo del niño. Si bien son capaces de distinguir sexos a muy temprana edad (la identificación del sexo es un universal antropológico), no le dan el valor que los adultos le damos, no tratan a uno y otro sexo de manera diferente. Es del todo imposible que un niño o una niña manifiesten espontáneamente su incomodidad con el sexo propio (“asignado”, en la jerga de la ideología de género) o su preferencia por personas de su mismo sexo.

Solo si los adultos se empeñan en que los niños busquen afectos direccionales (la pregunta por el novio o la novia en educación infantil), con la que muchos padres acosan constantemente a sus hijos, los niños se pueden plantear esa cuestión como una realidad posible, y si además se les pregunta si están más a gusto con los de su propio sexo o si sienten por algún compañero atracción, los niños en su imaginación pueden crearse una idea equivocada de lo que son las relaciones con sus compañeros. En estos programas, por ejemplo, se les pregunta a los niños si tienen novio y a las niñas si tienen novia.

Plantear en un niño un conflicto como este, ponerles a jugar a que los niños sean niñas. y las niñas, niños, para “ver cómo se sienten”, puede excitar la imaginación infantil, que, como dijimos, tiene trastocado el criterio de realidad, creando a veces la ilusión de ser lo que no se es, y esta imaginación es más potente en el caso de las niñas.

La confusión en la infancia llevará inexorablemente a una confusión mayor en la pubertad, puesto que, en este periodo, como veremos, el conflicto es parte de la vida.

No es de extrañar que aquellas niñas que fueron adoctrinados por estas asociaciones LGTB hace diez años pidan ahora de forma numerosa el cambio de sexo o practiquen la homosexualidad o la bisexualidad de manera momentánea, hasta lograr encontrar su sitio en la vida, es decir, llegar a la edad adulta.

*

En cuanto a los adolescentes, el discurso adoctrinador en los colegios puede causar también un daño irreparable. Pensemos que la adolescencia es una etapa de crisis, donde todo lo aprendido en cuestiones de moral y política se pone en entredicho y donde el joven busca una afirmación en muchos casos contra la sociedad o el estilo de vida de los padres.

En la adolescencia el joven no encuentra su lugar y camina, como un náufrago, en busca de su lugar en la vida: busca afiliaciones (políticas, musicales, artísticas, religiosas), busca su afirmación y quiere ser tratado como adulto, pero tiene constantes recaídas a la infancia. No hay nada sólido en la vida del adolescente y este periodo se caracteriza por la búsqueda constante de su ser. El adolescente se ha iniciado ya en el amor direccional, ya le gusta alguien, aunque ese alguien cambie constantemente. Aún no ha llegado al amor pleno, sino que está en el mundo de los amores. La vida del adolescente puede ser pensada como los fuegos artificiales: mucha intensidad, pero poca pólvora, de tal manera que constantemente salta y vuelve a su ser.

La relación con las personas del otro sexo no es del todo equilibrada. Se da una relación de amor y odio a la vez; por una parte, las tendencias naturales les llevan a la unidad, pero la psicología, con sus dos tiempos madurativos entre hombres y mujeres, les lleva al rechazo, sobre todo entre las chicas. El adolescente se siente doblemente incomprendido: primero por sus padres y después por los representantes del sexo contrario, pero con las personas de su misma edad y sexo se siente plenamente a gusto.

Siendo así las cosas, no es el mejor momento para explicarles en el colegio la posibilidad de un amor homosexual, o trabajar la idea de que los sentimientos hacia sus compañeros deban llevar necesariamente a una idea homosexual o transexual.

Estos programas, sin duda, no cumplen objetivo que se proponen, pero traen una serie de problemas muy graves que deberían tenerse en cuenta, aprendiendo la lección del Reino Unido a la hora de exportarlos al resto de los países.

http://javierborrego.blogspot.com/



- - -

24 de septiembre de 2018

El abuelito Soros y la sociedad abierta




"...para alcanzar esta utopía globalista, el abuelito Soros necesita destruir las naciones entendidas al modo clásico, como comunidades políticas fundadas en fuertes vínculos familiares, sostenidas en tradiciones comunes, fortalecidas en una fe compartida. La «sociedad abierta» que preconiza el abuelito Soros es la sociedad de hormiguero liberal, desarraigada y multicultural, en la que todo lazo social y toda aspiración de bien común son reducidos a fosfatina..."


El abuelito Soros

El enemigo de las naciones entendidas al modo clásico no es otro que el liberalismo

Juan Manuel de Prada

Huyendo de las informaciones sensacionalistas sobre George Soros, leo un reportaje encomiástico de Michael Steinberger, publicado en el New York Times. Para completar su ditirambo, el periodista acude a voces tan autorizadas como la del hijo del magnate, Alexander Soros: «Me dijo –escribe Steinberger– que su padre no ha mostrado entusiasmo en hacer publicidad de su judaísmo, porque “era algo por lo que casi lo habían matado”. Pero siempre “se ha identificado como judío” y su filantropía es a la postre una expresión de su identidad judía, pues le hace sentir solidaridad hacia otros grupos minoritarios; y también porque ha advertido que un judío sólo podía hallarse a salvo en un mundo en el que las minorías estuviesen protegidas. Explicando las intenciones de su padre, Alex añadió: “La razón por la que luchas por una sociedad abierta es porque es la única en la que puedes vivir siendo judío, a menos que te conviertas en un nacionalista y sólo luches por tus derechos en tu propio estado”».

A confesión de parte, relevo de pruebas. Pero a nosotros no nos interesa señalar aquí la relación entre las actividades del abuelito Soros y su «identidad judía», sino su condición de adalid –citamos el New York Times– de la «libertad individual, la sociedad abierta y el libre pensamiento», como «devoto discípulo de Karl Popper». El artículo citado menciona en nueve ocasiones, siempre con respeto reverencial, al maestro del abuelito Soros, cuyo concepto de «sociedad abierta» inspira su activismo; y repite hasta dieciséis veces que la causa de Soros no es otra sino el «liberalismo» y los «valores liberales». Y aquí es donde queríamos llegar. Pues no faltan tontos útiles (e infiltrados que los apacientan) que se obstinan en presentar al abuelito Soros como un promotor del llamado «marxismo cultural», una entelequia conspiranoica que lanzó con gran éxito la derecha yanqui, para que el catolicismo pompier y el cretinismo evangélico picasen el anzuelo y abrazasen bobaliconamente las tesis liberales.

Pero lo cierto es que el abuelito Soros es un liberal coherente y fetén, partidario acérrimo del mercado libre y de un mundo sin fronteras. Y para alcanzar esta utopía globalista, el abuelito Soros necesita destruir las naciones entendidas al modo clásico, como comunidades políticas fundadas en fuertes vínculos familiares, sostenidas en tradiciones comunes, fortalecidas en una fe compartida. La «sociedad abierta» que preconiza el abuelito Soros es la sociedad de hormiguero liberal, desarraigada y multicultural, en la que todo lazo social y toda aspiración de bien común son reducidos a fosfatina, mediante la promoción de ideologías que dinamitan la institución familiar (de ahí que patrocine el feminismo y los derechos de bragueta) y el estímulo de los flujos migratorios que dinamitan las tradiciones comunes (de ahí que financie las organizaciones dedicadas al acarreo, que no rescate, de inmigrantes). El abuelito Soros, en fin, anhela una «disociedad» en la que el ser humano deja de ser el «animal político» aristotélico, para convertirse en un insecto social, desarraigado e infecundo, al servicio del mercado. Por supuesto, en este anhelo (como en toda cuestión política) hay un fondo teológico; pero sobre esto no diremos nada, acogiéndonos a la disciplina del arcano.

Basta ya de paparruchas conspiranoicas. Si la izquierda secunda al abuelito Soros  es porque, como profetizó Pasolini, se ha convertido en una fuerza mercenaria y traidora de la causa obrera, un perro caniche al que Soros y otros como él han concedido una prórroga de talonario. Pero el enemigo de las naciones entendidas al modo clásico no es otro que el liberalismo, que es la doctrina promovida por el abuelito Soros.

Fuente:   abc.es
https://www.abc.es/opinion/abci-abuelito-soros-201809241647_noticia.html

11 de agosto de 2018

Ahora todos somos fascistas



Había una vez una izquierda, especialmente el estalinismo, que llamaba a construir frentes populares antifascistas. Era fascista, por lo tanto, todo aquel que se negara a entrar en esas alianzas. 
Luego fueron los "progres" en general, los que acusaban de "fachos" a todos aquellos que no compartieran su "moderna" visión del mundo. Así vemos, por ejemplo en España, que son fachos quienes dicen cosas tan anticuadas como "Los niños tienen pene, las niñas tienen vagina"

A su vez, durante la Guerra fría, todos quienes no se sometieran a los dictados del capitalismo dirigido desde la Casa Blanca, faro rector del "Mundo libre", eran acusados de comunistas.

Pero un dia... se derrumbó el Muro de Berlín, se esfumó la Unión Soviética. La República Popular China se integra perfectamente con el mundo capitalista, a tal punto que la vieja potencia hegemónica le teme más como competencia dentro del capitalismo que por ser "comunista". Con el tiempo, muerto el "cuco" Fidel y pasado a retiro su decrépito hermano, la Revolución Cubana, decrépita también, dejó de ser modelo para la izquierda del Tercer Mundo, que desapareció al desaparecer el segundo. El Che Guevara sobrevive en banderas y remeras, usadas por jóvenes que no tienen la menor idea de sus luchas y huirían espantados si alguien pusiera al Che real como modelo a seguir. 

Resultado, el mote de comunista ya no asusta a nadie. El hipercapitalismo globalista necesita crear un nuevo enemigo. Entonces, será fascista ahora todo lo que de alguna manera se oponga a la globalización.

- - - 

EL DISCURSO ANTIFASCISTA: 
La nueva estrategia de la derecha neoliberal en Europa y EEUU


El periodista y escritor británico, Andy Robinson, explica la nueva táctica neoliberal frente al adversario político: llamar a todos nazis y fascistas. La lista es extensa: desde Trump a Putin, pasando por Hugo Chávez, Jeremy Corbyn  y  Sanders. Esta perversa apropiación del discurso antifascista,  fabricada en algún think tank de EEUU, se extiende rápidamente por Occidente.  Robinson retrata el uso que en el Reino Unido, hacen los seguidores del ex primer ministro Tony Blair para atacar a Jeremy Corbin. En el estado español, la derecha -que es heredera del franquismo y además, lo  reivindica- tiene el cinismo de llamar “nazis” y “fascistas” a los líderes independentistas catalanes. Hasta  algunos  dirigentes del PSOE  han sido capaces de semejante infamia. 
Montserrat Mestre03/08/2018



El “antifascismo” de los Clinton y los Blair: una advertencia


No les basta con decir que Hugo Chávez era un populista con tendencias fascistoides. Tienen que dejar caer que Corbyn lo es también: es la nueva estrategia para frenar a la izquierda

ANDY ROBINSON / CTXT

En los años treinta quienes escribían libros sobre cómo organizar la lucha contra el fascismo eran Leon Trotsky o Antonio Gramsci. Qué pena que la élite en Londres, París y Washington en aquellos tiempos –los Madeleine Albright de los años treinta– no les hicieron caso. Pero advertir hoy contra el peligro inminente del nazismo –bien sea atribuido a  Donald Trump, Vladimir Putin o a los populistas de la izquierda– es de rigor para aquellos demócratas clintonistas y nuevos laboristas que, en los años noventa, desregularizaron los mercados financieros, desmantelaron el sistema de protección social y debilitaron a los sindicatos.



Albright ve fascismo por todas partes en su libro Fascismo, una advertencia que Paidós acaba de editar en España:  Donald Trump supuestamente es un precursor del populismo que, tras una recesión o una catástrofe natural, puede convertirse en fascismo. El brexit también. Es más, hay que olvidarse de las etiquetas de derecha e izquierda porque el fascismo se esconde en todas partes. Es lo que pasó en Venezuela. “Hugo Chávez se convirtió, yo diría, en un fascista”, dijo Albright al New York Times. Vladimir Putin se hizo fascista tras “echar un vistazo en el manual totalitario de Stalin”. Trotsky, asesinado por un estalinista pero muy consciente de la diferencia entre el ejército rojo y las SS, se habría desesperado al leer un análisis tan superficial.

Pero Albright, y sus aliados clintonistas, tras tantos años de verse forzados a defender el sistema, están disfrutando. Sienten, por fin, el fuego de indignación moral en sus vientres. Además, esa  pasión antifascista crea nuevas oportunidades políticas en un momento en el que todo parecía perdido para los trianguladores de aquella tercera vía. Tras contemplar el abismo, acaban de ver su salvación en la lucha contra un fascismo mal definido. ¡No pasarán! Por fin, Madeleine Albright puede sentise una luchadora.

¡No pasarán! Por fin, Madeleine Albright puede sentise una luchadora.

En el Reino Unido, el delirante debate político se parece cada vez más al estadounidense, quizás debido a la americanización de la élite londinense (solo hace falta ver medios como The Guardian, y The Daily Mail, que tienen más lectores en EEUU que en su propio país). Pero aquí, el centro neoliberal se lo juega todo. El caos que ha sembrado el brexit en el partido conservador ha creado el riesgo inminente de un Gobierno laborista bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, defensor acérrimo desde hace décadas de los derechos de las víctimas de las políticas y las guerras de Tony Blair y Madeleine Albright. Por si eso fuera poco, se acerca la hora del juicio del brexit, una catástrofe para los bancos de la City londinense y las multinacionales del FTSE 100 que hay que impedir como sea. Pero ¿cómo frenarlo? El establishment ya no cuenta con un partido fiable que vele por sus intereses desde aquellos años maravillosos de Tony Blair y David Cameron. Corbyn defiende el brexit y no quiere un segundo referéndum.

Así que no basta con decir que Hugo Chávez era un populista con tendencias fascistoides. Hay que dejar caer que Corbyn lo es también. En una entrevista emitida en Channel Four hace un par de semanas, Blair se sacó de la manga la trillada palabra P (populista) en referencia a Corbyn. Planteó que existe ya una agenda común entre la derecha y la izquierda extremas en favor del brexit. Con el apoyo, por supuesto, de Donald Trump, los rusos y Cambridge Analytica. “Es muy llamativo que tanto la ultraderecha como la extrema izquierda apoyan a Putin”, dijo el ex primer ministro, responsable de crímenes en Irak, ahora multimillonario consejero de bancos e inversión y multinacional.

Para insistir, Blair repitió las acusaciones de antisemitismo lanzadas contra Corbyn, un veterano de la lucha contra el racismo, porque no apoya incluir en el nuevo código contra el antisemitismo del partido laborista la prohibición de toda crítica a Israel tal y como estipulan las normativas de la Asociación Internacional del Holocausto. Margaret Hodge, la ex ministra blairista que votó en favor del bombardeo de Bagdad, arremetió contra Corbyn en el parlamento tachando al líder laborista de “jodido racista antisemita”. Es lo que te pasa si defiendes los derechos de los palestinos ante los de los francotiradores.

Detrás de todos estas ideas descabelladas –que los rusos y Julian Assange decidieron los resultados de las elecciones en EEUU o que Jeremy Corbyn es un antisemita– se esconde un choque ideológico de enorme envergadura. Los clintonistas y los blairistas ya se preparan para la última batalla contra la nueva (vieja) izquierda de Corbyn y Bernie Sanders, y contra los emergentes movimientos socialistas Momentum en el Reino Unido y los Socialistas Democráticos de América (como Alexandria Ocasio-Cortez, elegida candidata demócrata por el Bronx y Queens) en EEUU.

Y las tácticas serán de las más sucias. Los blairistas, con el apoyo de los bancos en la City, ya han elaborado la siguiente estrategia: resaltar una similitud entre Corbyn y Nigel Farage por el agnosticismo del líder laborista respecto al brexit. Échale un poco de antisemitismo a la acusación y ya tienes a alguien que Albright puede incluir en la segunda edición de su libro.

Mientras, en Estados Unidos se irá avanzando con el Rusiagate, una distracción gigantesca frente a los verdaderos problemas que sufren los estadounidenses bajo la administración de Trump. Putin es un fascista/estalinista capacitado para regalar elecciones a sus aliados. Si no enterramos nuestras diferencias y apoyamos todos a la CIA y a Hillary Clinton (o a quien sea su reencarnación), vamos a repetir los errores trágicos de los años treinta. Si no estás de acuerdo, (te dicen que) allanas el camino al fascismo.

Cuesta creer que la cínica jugada de secuestrar el discurso antifascista para volver al pasado clintonista/blairista va a funcionar. En Estados Unidos, el Rusiagate no interesa a nadie menos los editorialistas del Washington Post y el New York Times. Lo que sí importa es la defensa de las subidas de salarios y la creación del sistema de sanidad pública que propone Alexandria Ocasio-Cortez. Como sugirió en su primera comparecencia con Sanders en Kansas la semana pasada, esto es lo que uniría a la white working class con el resto de la clase trabajadora en EE. UU.

Los laboristas lideran los sondeos porque Corbyn es el único político que ha logrado poner un puente sobre el abismo del brexit. Cuenta con el voto de la mayoría aplastante de los votantes remainers de izquierda, quienes, más que amar a la Unión Europea, temen un brexit de hiperliberalismo anglosajón mezclado con nostalgia por el imperio al estilo de Boris Johnston. Pero Corbyn cuenta también con parte del voto del brexit obrero y se niega a adoptar el discurso de que el respaldo al brexit es el de la ignorancia y el prejuicio. Hay un componente nacionalista ya en el discurso corbinista que recuerda un poco a la izquierda latinoamericana, ahora encabezada por Andrés Manuel López Obrador, amigo de Corbyn. El líder laborista pronunció hace una semana un discurso titulado Build it in Britain again en el que defendió la industria nacional, salarios protegidos por fuertes sindicatos nacionales y el papel del Estado de apoyar a la empresas británicas de la economía productiva. Defendió también la nacionalización de los monopolios de servicios públicos. La palabra “nación” en su discurso entronca con las conquistas sociales y laborales del siglo XX, no con el imperio. Ese es el tipo de brexit que todos los votantes laboristas apoyarían, sean del remain o del brexit, y podría llevar a Corbyn a Downing Street. Por eso, será tachado en los medios blairistas de populismo autoritario: un “primer paso hacia el fascismo”.

Fuente: pajarorojo



16 de junio de 2018

La «ideología de género» contra el sexo


"No cabe duda de que los roles sociales de hombres y mujeres han cambiado radicalmente en el curso de las últimas décadas. Mediante la integración de una amplísima mayoría de mujeres en el sistema salarial se ha ido borrando progresivamente la frontera entre una esfera privada femenina y una esfera pública masculina..."


Entrevista a ALAIN DE BENOIST



«Esto ya no es una mujer», titulaba provocativamente la revista Éléments, inspirada por Alain de Benoist. Una más que femenina Brigitte Bardot lo desmentía en la portada. El debate sobre la teoría del género está bloqueado porque los partidarios de dicha ideología… niegan su existencia. Según el movimiento gay, nunca ha habido tal teoría, pues lo único que pretenden, según ellos, es luchar contra la discriminación. La teoría del género, explican los militantes homosexuales, ha sido inventada por el Vaticano para hacer creer que existe un complot gay con misteriosos y sórdidos objetivos. Finalmente, ¿existe o no existe la teoría del género?

¡Por supuesto que existe! Autores como Judith Butler, Eric Fassin, Monique Wittig y muchos más, ¿qué son, sino representantes de la teoría del género, es decir, adalides de una teoría que pretende que las identidades sexuales no dependen en absoluto del sexo biológico o de la pertenencia sexuada? Pero esta teoría no es tampoco el resultado de ningún “complot homosexual”. Se basa en la idea de que la identidad sexual se deriva de una pura “construcción social”. Afirma que no hay, en el momento de nacer, ninguna diferencia significativa entre los niños y las niñas (postulado de neutralidad); pretende que el individuo no debe nada a la naturaleza y puede construirse a sí mismo a partir de nada (fantasma de autoengendramiento).

En cuanto a la discriminación, hay formas muy distintas de luchar contra la misma. Si la discriminación consiste en tratar desigualmente a los hombres y a las mujeres, soy por supuesto el primero que quiere que desaparezca. Pero hay que saber si la igualdad debe comprenderse como sinónimo de la mismidad. Con otros términos, hay que saber si, para restablecer la igualdad entre los sexos, se tiene que hacer desaparecer la diferencia entre ellos, cosa que obviamente no creo en absoluto. Ocurre lo mismo con los “estereotipos”, que no son sino verdades estadísticas abusivamente generalizadas. La forma en que algunos se imaginan que, para “deconstruir los estereotipos”, hay que arremeter contra las nociones mismas de lo masculino y lo femenino, revela que, por más que pretendan lo contrario, quienes así piensan, se adhieren al postulado básico de la teoría del género.


Muchos y muy diversos son quienes luchan contra la teoría del género. Lo mismo ocurre con sus argumentos. ¿Se deberían, a su juicio, evitar ciertos argumentos que pudieran tener un objetivo erróneo o hacer el juego del enemigo al que pretenden combatir?

Hay, en efecto, diversas formas de criticar la ideología de género. En mi libro Les démons du bien [Los demonios del bien], mi crítica es de índole exclusivamente intelectual: estudio esta ideología para saber cuál es su valor en cuanto a la verdad, constato que es nulo y digo por qué. En los ambientes católicos lo que se hace no es tanto una crítica de este tipo, sino una crítica moral. Se basa en el postulado de que la teoría del género pretende legitimar comportamientos sexuales que se consideran, de entrada, “aberrantes” o “anormales”, empezando por la homosexualidad.

Estoy doblemente en desacuerdo con esta idea. En primer lugar –y éste es un punto fundamental–, pienso que la teoría del género no pretende tanto justificar tal o cual comportamiento sexual como negar la diferencia entre los sexos, lo cual no es en absoluto lo mismo. Con lo que sueñan no es con la homosexualidad, sino con la indistinción.

Por otra parte, yo no efectúo ningún juicio moral sobre las preferencias o las orientaciones sexuales. No veo en nombre de qué formularía semejante juicio. La homofobia, así pues, sólo es para mí una estupidez más entre otras muchas. Lo que, en cambio, me parece importante es recordar que lo masculino y lo femenino existen independientemente de las orientaciones sexuales. Los homosexuales no constituyen en modo alguno un “tercer sexo”, por la sencilla razón de que sólo hay dos sexos. Los gais y las lesbianas son hombres y mujeres como los demás, con la particularidad de que tienen preferencias sexuales propias y de carácter minoritario. Pero “minoritario” nunca ha querido decir “menos natural”: una norma estadística no es lo mismo que una norma moral. Con todo ello quiero decir que no soy de los que sólo critican la teoría del género con la esperanza de volver al viejo orden moral.


Si bien es una insensatez pretender que las diferencias entre hombres y mujeres no existen o son irrelevantes para los roles sociales que desempeñan, tal vez sea cierto que se deben repensar, hoy, las funciones sociales de los hombres y mujeres. ¿Está usted de acuerdo? Y en caso afirmativo, ¿cómo las repensaría?

No cabe duda de que los roles sociales de hombres y mujeres han cambiado radicalmente en el curso de las últimas décadas. Mediante la integración de una amplísima mayoría de mujeres en el sistema salarial se ha ido borrando progresivamente la frontera entre una esfera privada femenina y una esfera pública masculina. El acceso a la contracepción, la legalización del aborto o, incluso, la disyunción entre las responsabilidades familiares y las atribuciones de índole sexual les han dado a las mujeres libertades cuya conquista no lamento en lo más mínimo. ¡No soy ningún nostálgico del patriarcado a la antigua, el cual nunca fue tan insoportable como en la “Belle Époque” de la revolución industrial y del auge de la burguesía! Creo, en cambio, que algunas de estas libertades han resultado, en parte, ilusorias. La posibilidad ofrecida a las mujeres de trabajar fuera del hogar, por ejemplo, ha constituido a la vez una liberación y una alienación (a favor del sistema capitalista). Y a quienes más ha beneficiado la “revolución sexual” han sido, en últimas, a los hombres…

La cuestión es saber si esta transformación de las funciones sociales masculinas y femeninas debe implicar una negación o una desaparición de la feminidad y de la virilidad. No lo pienso en absoluto. La pertenencia sexuada no es sólo un asunto de órganos sexuales (el propio cerebro ya es sexuado al nacer), y la desexualización de hecho de un cierto número de roles y funciones no ha hecho desaparecer esa invariable antropológica que constituye la división del género humano en dos sexos. En el espacio y en el tiempo, en el ámbito de las diferentes culturas, los roles sociales masculinos y femeninos han ido evolucionando sin parar (es lo que se obstinan en no ver quienes razonan en términos esencialistas), pero esta evolución nunca ha puesto en tela de juicio el hecho de que los hombres y las mujeres no pertenecen ni al mismo sexo ni al mismo género.

Lo que hay que repensar es de qué forma distinta puede expresarse hoy en día lo masculino y lo femenino. El error, propagado por la teoría del género, sería creer que lo masculino y lo femenino deben, simplemente, dejar de expresarse al no corresponder ya a nada. Equivaldría ello a considerar que los hombres y las mujeres tienen que ser pensados en lo sucesivo como individuos abstractos y ya no como seres encarnados; es decir, haciendo abstracción del cuerpo y de la carne, de la seducción y de las relaciones sexuales. Como dice una feminista francesa muy hostil a la teoría del género, Camille Froidevaux–Metterie: “¿Por qué, después de haber sido tan sólo cuerpos, deberían hoy las mujeres vivir como si no tuvieran cuerpo?”


¿Cabe identificar en la teoría del género un problema más específico: el odio que siente esta sociedad por la figura del hombre, del macho y del padre?

Durante siglos, en la época del patriarcado, los valores femeninos han sido considerados constantemente inferiores a los masculinos. En la tradición cristiana, a menudo, la mujer ha sido asignada, simbólicamente al menos, al orden de la voluptuosidad, de la seducción y, por tanto, del pecado. Tertuliano veía en ella el “antro del diablo”. En la época clásica, las mujeres también fueron condenadas por “brujería”. Ahora se ha caído en el extremo inverso. Los valores tradicionalmente considerados femeninos (la sensibilidad, el espíritu de ayuda mutua y de cooperación, etc.) han sido colocados por encima de los valores masculinos. Todo lo que evoca la virilidad o la hombría despierta burlas, desdén, hostilidad… La noción de autoridad está desacreditada en su principio mismo… por más que siga omnipresente en la vida real. Al mismo tiempo, el niño (al que en el pasado siempre se le consideraba más carnalmente ligado a su madre que a su padre) es objeto de una idolatría sin precedentes. Antaño, el crimen supremo era el parricidio; hoy es el infanticidio. Esta situación no es preferible al antiguo reino de lo masculino. Constituye, en realidad, su simétrica inversión. No se sale del desequilibrio sustituyendo el patriarcado por el matriarcado.

Lo que resulta particularmente inquietante en el desmoronamiento de la figura paterna es que el padre ya no puede desempeñar el papel que normalmente le corresponde: encarnar la Ley simbólica que le permite al niño poner término a la “fusión materna” propia de la primera infancia; o lo que es lo mismo: entrar en la edad adulta. La quiebra de los valores viriles les lleva a los hombres a dudar de sí mismos, lo cual deteriora gravemente las relaciones entre los sexos. El hundimiento de la función paterna produce una generación de inmaduros narcisistas que nunca consiguen resolver su complejo de Edipo. Esta evolución es uno de los aspectos centrales de la sociedad posmoderna que tenemos a la vista.


Sobre el tema del “matrimonio para todos”…

El “matrimonio para todos” es reclamado por la minoría de una minoría, que representa un total de menos del 1% de la población. En España, donde el matrimonio gay fue legalizado en 2005, el matrimonio entre individuos del mismo sexo representa sólo el 0,6% del conjunto de matrimonios. La ideología de género (“gender”) concierne a todo el mundo. En la medida en que ella pretende que los niños son, en el momento de su nacimiento, “neutros” desde el punto de vista sexual, o cuando afirma que el sexo biológico no potencia para nada las preferencias sexuales de la mayoría de los individuos, y que el sexo (sólo hay dos) debe ser reemplazado por el “género” (habría una multitud, constituyendo otras tantas “normas” que los poderes públicos habrían de institucionalizar), esta ideología conduciría, de hecho, a negar la alteridad sexual, los que terminaría en un confusionismo total. La ideología de género se inscribe en una ficción de libertad incondicionada, de creación de uno mismo a partir de la nada. Con ella, no se trata de liberar el sexo, sino de liberarse del sexo. No lo veo, sin embargo, como hace el Vaticano, como un medio desviado de “legitimar la homosexualidad”, que parece, como poco, bastante simplista.

Añadiría que, en un país donde dos de cada tres niños nacen ahora fuera del matrimonio, no se puede decir que los heterosexuales aparezcan hoy como los más creíbles campeones del “matrimonio tradicional” (que no es, en realidad, sino el matrimonio republicano). Actualmente, sin embargo, no hay nadie más que los “curas” y los “homos” (que a veces son los mismos) que quieran poder casarse. En cuanto a mi posición personal, ésta se resume en una fórmula: estoy por el matrimonio homosexual y contra el matrimonio de los homosexuales. Hablando claramente, pienso que el matrimonio clásico, en la medida en que es una institución fundada sobre una presunción de procreación, como lo muestra su etimología (del latín “matrimonium”, derivado de “mater”, madre), deber ser reservado a las parejas heterosexuales, pero no soy nada hostil a un contrato de unión civil que permita a dos personas del mismo sexo perpetuar, al menos formalmente, su unión. Soy favorable, además, a la adopción para todos, pero hostil a la adopción plena en el caso de parejas homosexuales. En efecto, en lo que concierne al matrimonio, todo es asunto de definición: o vemos un contrato entre dos individuos, o vemos una especie de alianza entre dos linajes distintos. Porque no son la misma cosa.


Después de años de lucha, ¿qué balance podemos sacar del feminismo?

Un balance necesariamente de contraste, por la excelente razón de que el feminismo, en sí mismo, no significa gran cosa. Ha habido siempre, de hecho, dos grandes tendencias en el interior del movimiento feminista. La primera, que denomino “feminismo identitario y diferencialista”, buscan ante todo defender, promover y revalorizar lo femenino por relación a los valores masculinos impuestos por siglos de “patriarcado”. No sólo lo femenino no es negado, sino que, por el contrario, es proclamado su igual valor con lo masculino. Esta tendencia, ciertamente, ha conocido excesos, a veces llegando a caer en la misandria (en la década de 1960, algunas feministas americanas llegaron a decir que “una mujer tiene la misma necesidad de un hombre que un pez de una bicicleta”). Al menos no cuestionan la distinción entre los sexos. Encuentro este feminismo bastante simpático. Es este feminismo el que debe hacer avanzar realmente la condición femenina.

La segunda tendencia, que podemos llamar “feminismo igualitario y universalista”, es bien diferente. Lejos de buscar la revalorización de lo femenino, considera que es, por el contrario, el reconocimiento de la diferencia de los sexos lo que ha permitido al “patriarcado” imponerse. La diferencia es así tan tenue como indisociable de la dominación, mientras la igualdad es, a la inversa, puesta como sinónimo de indiferenciación o de la mismidad. Entramos, por tanto, en otro registro. Para hacer desaparecer el “sexismo”, habría que hacer desaparecer la distinción entre los sexos (igual que para hacer desaparecer el racismo hay que negar la existencia de las razas) –y sobre todo negar su natural complementariedad. Así, las mujeres no debería concebir más su identidad sobre el modo de pertenencia (al sexo femenino), sino sobre sus derechos en tanto que sujetos individuales abstractos.

Como dijo la ultrafeminista Monique Wittig, “se trata de destruir el sexo para acceder al estatuto de hombre universal” En otras palabras, las mujeres son hombres como los otros. Es, evidentemente, de esta segunda tendencia de la que nación la teoría de género.


¿Es forzosamente necesario ser feminista para ser una auténtica mujer?

Habría que ponerse de acuerdo sobre lo que es una “verdadera mujer”. Raymond Abellio distinguía tres grandes tipos de mujer: las mujeres “originales” (las más numerosas), las mujeres “viriles” y las mujeres “últimas”. Él interpretaba el feminismo como un movimiento de movilización de las primeras por las segundas. Lo que es seguro es que se puede ser feminista en sentido identitario sin serlo en sentido universalista. La cuestión que se plantea, sin embargo, es saber si la segunda tendencia mencionada antes todavía puede ser calificada de “feminista”. Si no hay más sujetos que hombres y mujeres, si el recurso al “género” permite desconectar lo masculino y lo femenino de su sexo, no vemos cómo la teoría de género puede todavía ser considerada como “feminista”, es decir, ¿qué caracteriza a las mujeres en tanto que mujeres?. ¿Cómo podrían las mujeres seguir siendo mujeres liberándose de lo femenino? Tales son, precisamente, las cuestiones que ponen en duda las feministas más hostiles a la ideología de género, como Sylviane Agacinski o Camille Froidevaux–Metterie.


Hoy, las Femen... ¿es suficiente mostrar sus pechos para hacer avanzar la causa femenina?

Si tal fuera el caso, la condición femenina, después de varias décadas, ¡habría dado un extraordinario paso hacia adelante! Pero en el mundo actual, la exhibición de un par de senos es de una tremenda banalidad. Igual que en las playas el monokini está pasado de moda. Exhibiendo sus pechos por todas las partes, las Femen, venidas de Ucrania, ingenuamente imaginaron que iban a causar cierta impresión. Pero ellas sólo hacen sonreír. Diciendo que creían que, para hacerse entender, tuvieron que recurrir a lo que algunos sociólogos llaman “la hostil desnudez”, una desnudez que no es concebida como medio de atraer, de seducir o de provocar el deseo, sino como un agresivo desafío, una especie de proclamación frente al enemigo. Este tipo de práctica revela un pobre exhibicionismo en el que se resume actualmente una gran parte de la sociabilidad occidental, la cual consiste en usar su cuerpo como una mercancía. ¡Las desafortunadas Femen pronto se olvidarán porque nadie se preocupará ya de sus tetas!

Pero sería un error creer que ellas tienen el apoyo de las feministas. Aparte de Caroline Fourest, notoria y amorosamente caída en los brazos de Inna Shevchenko, la mayoría de las feministas han tomado rápidamente sus distancias frente a estas exhibicionistas, a las que reprochan utilizar sus cuerpos y hacer una llamada a una “política de telegenia”, para movilizar la atención mediática, a riesgo de legitimar indirectamente el reconocimiento de las diferencias entre los sexos –claramente, de hacer un uso de sus glándulas mamarias conforme con los “estereotipos”. Otros activistas se opusieron a la exhibición de los senos, que en lugar de afirmar la superioridad de la desnudez, ellas harían mejor en defender la libertad de las mujeres a vestirse como ellas quieran. Hay que leer, en este contexto, el artículo de Mona Chollet titulado “Femen por todas partes, feminismo por ninguna” En cuanto a las reivindicaciones propiamente feministas de las Femen, ¡todavía las están buscando!


Entrevista efectuada por Adriano Scianca.
Traducción de Jesús Sebastián

4 de junio de 2018

El Loby judío y una voz silenciada




Norman Finkelstein

UNA VOZ SILENCIADA

El intelectual judío que lo perdió todo por criticar a Israel

Las polémicas de Finkelstein contra el poderoso lobi proisraelí en EEUU han arruinado su carrera

RICARDO MIR DE FRANCIA


Norman Finkelstein vive solo en un pequeño apartamento de Coney Island, un barrio obrero de población inmigrante a una hora de Manhattan. Es la una de la tarde cuando suena el timbre. Una voz quebradiza pregunta quién llama y abre la puerta en pantalón de pijama y sin camiseta. "Estoy agotado, me había olvidado de la entrevista", dice disculpándose. Apenas ha dormido en toda la noche y parece desorientado. A las tres de la mañana estaba en pie para leer sobre los últimos acontecimientos en Gaza, territorio al que ha dedicado su último libro: Gaza, investigación sobre su martirio. El libro es número uno en ventas de Amazon en dos categorías. Ha sido aclamado por los grandes referentes en la materia, pero después de décadas combatiendo la narrativa que Israel y sus aliados propagan para seguir sometiendo a los palestinos, Finkelstein parece un hombre derrotado.


En Estados Unidos, denunciar sin eufemismos las políticas de Israel es un ejercicio de alto riesgo. Un campo de minas plagado de tabús y líneas rojas. Y este académico judío de 64 años, hijo de supervivientes del gueto de Varsovia y los campos de exterminio nazi, las ha pisado todas. "Tengo reputación de ser un inconsciente y un salvaje, pero hago las cosas de forma muy premeditada. Sé exactamente cuáles serán las consecuencias de cada palabra que digo", dice en el comedor de su casa. Su estilo combina un rigor casi forense por los hechos con la indignación moral de los viejos intelectuales. En sus libros ha detallado las violaciones israelís de los derechos humanos en los territorios ocupados y ha impugnado lo que llama la ‘Industria del Holocausto’, su obra más polémica.

Así ha descrito a una serie de instituciones e individuos a los que acusa de haberse apropiado de las atrocidades nazis para enriquecerse y explotarlas con fines ideológicos para "victimizar a Israel", “justificar sus políticas criminales” y blindarlo ante la crítica. No ha dejado tótem sin descabezar. Ha acusado de “corrupción moral” al escritor Elie Wiesel, el historiador Bernard Lewis, el abogado Alan Dershowitz, la Liga Antidifamación o el Congreso Mundial Judío. El precio ha sido altísimo. Le han llamado "veneno", "asqueroso judío que se odia a sí mismo" o "negacionista del Holocausto", cuando toda su familia (salvo sus padres) fue vapuleada en los campos. Pero, sobre todo, han logrado condenarle al más profundo ostracismo.

Campaña demoledora

Tras una demoledora campaña de presión por parte del lobi proisraelí, la Universidad de DePaul (Chicago) en la que daba clases decidió cesarle en el 2007. De nada sirvió el apoyo mayoritario del resto de profesores o las huelgas de hambre de algunos estudiantes. La propia universidad llegó a reconocer tácitamente que el cese respondía a motivos políticos al describir a Finkelstein como un "académico prolífico y un extraordinario profesor".

Desde entonces no ha podido volver a enseñar en las universidades de su país y ha sido expulsado del circuito de conferencias. El que era junto a Noam Chomsky y Edward Said la voz más respetada de los derechos palestinos en EEUU ha acabado ninguneado como un paria. “He pagado un doble precio”, reflexiona ahora. "Llevo desempleado 11 años. Solo di clases durante cuatro semanas en Turquía, lo que financieramente y moralmente es muy duro porque me encanta enseñar".

El otro tiene que ver con su completa exclusión del debate público. Su libro sobre Gaza salió en enero y, aunque la situación en la Franja ha copado semanas de titulares por la matanza de palestinos desarmados en sus fronteras, la prensa estadounidense le ha ignorado completamente. "A tenor de las principales autoridades en la materia, mi libro es el mejor nunca publicado sobre el tema, pero no he recibido una sola reseña en los medios. La única llegó hace tres semanas. Tampoco me ha llamado un solo periodista para preguntarme mi opinión". (El noticiario Democracy Now le llamó el mismo día de nuestra entrevista).

Gaza un campo de concentración

Lo más paradójico de todo es que las posiciones de Finkelstein sobre el conflicto no son particularmente radicales. Defiende los dos estados, critica la campaña de boicot contra Israel y promueve el uso de la no violencia contra la ocupación. “El problema no son mis posiciones políticas, sino mi rechazo a diluir los hechos para que sean más digeribles para el público. De ahí que no diga que Israel usa una fuerza desproporcionada en Gaza. Digo que dispara deliberadamente contra civiles, que no tiene derecho a encerrar a su población en un campo de concentración o que está envenenando a un millón de niños. Es así, son hechos”.

Su análisis raramente aventura conclusiones gratuitas. Bebe de los informes de la ONU, el derecho internacional y las declaraciones de los protagonistas del conflicto. Finkelstein recuerda que fue el británico David Cameron quien definió Gaza como "una cárcel al aire libre" tras la imposición del bloqueo en el 2006, ilegal según la ONU por ser una forma de castigo colectivo. O que el 97% del agua de la Franja está contaminada, según varios estudios. La prestigiosa economista de Harvard, Sara Roy, ha escrito que, a consecuencia de la periódica destrucción israelí y el veto a la entrada de materiales para la reconstrucción, "seres humanos inocentes, la mayoría jóvenes, están siendo lentamente envenenados por el agua que beben".

Hechos como estos o que Gaza será "inhabitable" en el 2020 si no se abren las fronteras, pasan de puntillas o no se publican en la prensa norteamericana. Finkelstein lo atribuye parcialmente a las mismas fuerzas que han arruinado su carrera. "Hay un lobi proisraelí muy efectivo y bien financiado que es absolutamente despiadado. Es la vieja mafia que te rompía las rodillas, pero lo hace de una forma nueva. Destruye tu reputación, te calumnia, te difama y te humilla de la forma más abyecta".

Dejar de escribir

En su caso, lo ha conseguido. Dice que ha dejado de escribir. Y no hay que ser psiquiatra para adivinar el momento por el que atraviesa. "Lo más difícil es levantarte por las mañanas porque tienes que buscar una excusa para tu vida". Tampoco puede viajar a Palestina porque Israel le prohibió la entrada en el 2008 tras expresar su solidaridad con la milicia libanesa de Hizbulá. "Estoy muy resentido por lo que ha pasado, pero volvería a hacerlo. Me siento libre y digo lo que pienso", dice recuperando el fuego con el que se enfrentó a gigantes y fariseos sin achicarse ante las consecuencias.

Antes de despedirse, busca un vídeo en Youtube con imágenes de su trayectoria y música de Pete Seeger al clásico alemán Die gedanken sind frei (Los pensamientos son libres). Y ya de pie, como si lloviera finalmente sobre el desierto, canta como un profeta desnudo liberado de su martirio. "Mis pensamientos me dan poder/ Ningún erudito puede cartografiarlos/ Ningún cazador puede atraparlos/ Ningún hombre puede negarlos".

fuente: elperiodico.com/es/

- - -
Si éso pasa en a "gran democracia del Norte" que podemos esperar nosotros en njestra Banana Republik.
Úrsula Vargues primero, y Esmeralda Mitre después, ya lo han podido comprobar:

Úrsula Vargues: "El mejor ejemplo de que lo que yo dije es cierto, es que no tengo trabajo"


- - -

1 de junio de 2018

Feminismo o Abortismo



El que quiera entender que entienda




Verónica Camargo, mamá de Chiara Paez 
(foto: Lucía Merle) 

El feminismo, entendido como movimiento para luchar por los derechos de las mujeres (igualdad política, acceso a la educación y al trabajo, etc,) se ha ido trasformando en abortismo. El derecho al aborto pasó a ser un tema casi excluyente en el feminismo actual. Incluso en movimientos como #NiUnaMenos, que nacieron contra la violencia de género. La mamá de Chiara Pérez, la chica de 14 años asesinada estando embarazada, y dio origen a ese movimiento, declaró que ya no se siente representada por el mismo.

No es casual que ese feminismo sea promovido en todos los países y cuente con grandes recursos provenientes de fundaciones sostenidas por grandes corporaciones (ej. Fundación Ford), o filántropos (tipo Soros o Rockefeller) y sea canalizado hacia toda una red de ONG's  supuestamente preocupadas por los derechos y la salud de la mujer.  Cuentan también con el apoyo entusiasta de una miríada de voluntarios que se consideran progresistas, e incluso revolucionarios que creen que están combatiendo al capitalismo que los financia.

Tampoco es casual que el tema del aborto haya sido traído a debate no por un gobierno progresista, como se autocalificaba el kirchnerismo, sino por otro mucho más sensible a los requerimientos de los organismos internacionales tipo FMI, Banco Mundial, etc.

En el debate sobre el aborto se van viendo los jugadores e intereses que representan. Algunos abiertamente a favor, como es naturalmente Página12, el diario progre, y otros, como Clarín, de manera más solapada.

Algunas notas:

La cara verdadera del gobierno (o sea, del FMI)

El aborto legal tuvo un fuerte apoyo del ministro de Salud en el cierre del debate  "El aborto existe, no lo podemos soslayar", dijo Rubinstein. Y aseguró que la ley sería beneficiosa para la salud pública..."


- - -


Padre Pepe Di Paola, 
de Villa 21 de Barracas

“No es inocente que este año se instale el aborto desde la política para acercarse a aquel que promueve en todo el mundo el aborto que es el FMI”
...“Aborto es sinónimo de FMI le guste o no al mundo conservador, que no ve con malos ojos que los pobres tengan menos cantidad de hijos o que no los tengan, y también al mundo pseudo progresista, que levanta banderas de presunta libertad sabiendo que este genocidio es inspirado y promovido por el FMI




Verónica Camargo, la mamá de Chiara Paez, la chica de 14 años asesinada, dijo que ya no se siente parte del movimiento #NiUnaMenos, que inició el crimen de su hija.

"Las chicas sufren violencia y presión de los hombres que no quieren hacerse cargo. Ese fue el caso de Chiara y su bebé", observó.
..."Los problemas deben solucionarse por sus verdaderas causas: una educación, evitar la pobreza, la salud pública, un buen sistema judicial que ponga penas severas en casos de abuso y maltrato. También las familias debemos ocuparnos"

Ver:

21 de mayo de 2018

Para saber quien manda ...


"Para saber quien reina sobre ti, simplemente descubre a quien no puedes criticar".   Voltaire




Caricaturista alemán fue despedido después de dibujar a Netanyahu

Sena Güler

En el pasado, el caricaturista Dieter Hanitzsch había hecho dibujos en los que criticaba al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, pero fue defendido con base en la libertad de expresión.

El prominente diario alemán Süddeutsche Zeitung despidió al caricaturista Dieter Hanitzsch por sus opiniones antisemitas después de dibujar una caricatura del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

En el dibujo, Hanitzsch retrató a Netanyahu con un misil en la mano y vestido como Netta Barzilai, la cantante israelí que ganó el concurso de música Eurovisión de este año. En el dibujo Netanyahu dice: “El próximo año en Jersualén”.

La caricatura generó controversia en redes sociales y otros medios de comunicación alemanes.

El editor en jefe del Süddeutsche Zeitung, Wolfgang Krach pidió perdón por la imagen, sin embargo, Hanitzsch se negó a pedir disculpas por su invención.

En declaraciones a medios locales, el caricaturista de 85 años declaró que quería criticar la explotación que Netanyahu ha ejercido con el concurso de Eurovisión a favor de sus intereses propios y lo acuso de abusar de la victoria de la cantante.

Hanitzsch agregó que no era común que un periódico despida a uno de sus caricaturistas por un dibujo. “Lo pueden amonestar, hacerle una advertencia, pero despedirlo no es una buena manera”.

En el pasado, Hanitzsch había hecho caricaturas en las que criticaba e incluso insultaba al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que fueron publicados en el mismo diario, pero fue defendido con base en la libertad de prensa y de expresión.

*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.


Fuente:   www.aa.com.tr/