15 de abril de 2018

Tres títeres de Sión atacan Siria


"... una oenegé, casualmente radicada en Londres, fundada por un oficial de inteligencia británico y financiada al alimón por George Soros y USAID (o sea, la CIA), denuncia ataques químicos que nadie ha visto y que difícilmente pueden ser producto de unas tropas gubernamentales que ya han conquistado el terreno..."


15 de abril de 2018

SERTORIO

Ya está: el claudicante Trump ha vuelto a plegarse ante las exigencias del verdadero poder en Estados Unidos y a traicionar el prudente aislacionismo jeffersoniano de sus votantes. Los bombardeos de Siria, de los que a estas alturas no sabemos si van a continuar o pararán con el estúpido despliegue de estas últimas horas, son una agresión innecesaria con un fin no definido frente a una ofensa no comprobada. Salvo por el gasto en munición y el trabajo que proporciona al complejo militar-industrial yanqui, motivo que no es baladí en estas aventuras del gran gorila de la Casa Blanca, no vemos ningún propósito de interés nacional estadounidense en esta salvajada aérea. El infame Gobierno que atribula a España no ha tardado en unirse al coro de los lustrabotas al mentir por boca del cipayo Mariano y considerar esta barbaridad como una acción "legítima y proporcionada".


Si los bombardeos paran pronto, el daño hecho a las estructuras militares de Siria será grave, pero no impedirá la victoria del Gobierno legítimo de al-Assad sobre los mercenarios wahabíes teledirigidos por Washington y Riad. Si continúan los ataques –como sucedió en Libia–, pueden frustrar lo hecho por Damasco, Moscú y Teherán en los últimos años: consolidar un Estado viable y fuerte en Siria, una unidad política soberana y civilizada en medio del caos político desencadenado en Oriente Próximo por la administración Obama en 2011.

La justificación del ataque es la de siempre: una oenegé, casualmente radicada en Londres, fundada por un oficial de inteligencia británico y financiada al alimón por George Soros y USAID (o sea, la CIA), denuncia ataques químicos que nadie ha visto y que difícilmente pueden ser producto de unas tropas gubernamentales que ya han conquistado el terreno. Como en el caso de las armas de destrucción masiva de Iraq o las violaciones y torturas en el Kuwait ocupado por Saddam, el protocolo de actuación nunca cambia (ya nadie se acuerda de la niña kuwaití, la "testigo" que denunció en 1990 ante los parlamentarios yanquis la barbarie de las tropas iraquíes, a la que asistió mientras estudiaba en Londres, prodigioso caso de bilocación). Siempre que se trata del Deep State, la verdad es lo de menos. Unas lágrimas bien lloradas en la pantalla bastan. Eso sí, todavía esperamos ver las imágenes de los centenares de víctimas de los bombardeos humanitarios de los últimos veinticinco años: civiles de los refugios antiaéreos de Bagdad, afganos masacrados en bodas y fiestas, libios carbonizados por los demócratas en Sirte, Trípoli y Bengasi.

En Francia e Inglaterra las prefieren con burka

Salvo sembrar el caos, único propósito discernible en la política de Washington, no alcanzamos a entender esta infame acción del Pentágono. El régimen sirio es el único que garantiza a cristianos, drusos, alauíes, chiitas y sunníes la libertad de culto y la igualdad jurídica y política. Los mercenarios afganos, saudíes y "europeos" que combaten a sueldo de Riad pretenden imponer un régimen como el saudí o peor, con uno o varios emiratos yihadistas en Damasco, Homs y Alepo, por ejemplo. El triunfo de las bandas salafistas sobre el Gobierno de al-Assad daría lugar a una masacre de cristianos, alauíes y hasta sunnitas, pues el sufismo goza de gran popularidad en Siria y es anatema para el credo de los ulama hanbalitas de Riad. Pero, además, con esta acción, Trump alimenta el aventurerismo saudí, enredado en una guerra en el Yemen, donde sus tropas están haciendo el ridículo frente a la resistencia popular encabezada por los hutíes. Sólo su supremacía aérea le permite mantenerse en un país firmemente chiita, donde las tropas saudíes sufren reveses militares continuos que recuerdan mucho a los de los italianos de Mussolini en Grecia.   

Arabia Saudí cuenta con dos argumentos muy poderosos en su favor: dinero y petróleo. Pero no deja de ser otro débil emirato como Kuwait o Bahrein, sólo que con unas dimensiones físicas enormes. Las alianzas tribales que dieron estabilidad al reino de Ibn Saud han saltado por los aires con la política del actual rey y de su príncipe heredero. Las luchas por el poder en Riad están lejos de haber acabado. La costa de al-Hassa, el corazón petrolero de la monarquía, albergan una mayoría chiita que, como en el caso de Bahréin, tasca con impaciencia el freno de la represión saudí. Y eso por no hablar de los millones de inmigrantes que pueden servir de fermento para cualquier revolución. Quizá sea un síntoma de esa debilidad interna la agresividad de su política exterior, que contradice la tradicional cautela de otros reinados y pugna irresponsablemente con Teherán por ser el hegemón del Golfo. La República Islámica iraní es un Estado-nación sólido, con una tradición de milenios y una conciencia étnica y religiosa extremadamente firme, que fue capaz de superar y vencer un desafío de la gravedad de su guerra con Irak en los años ochenta. Arabia Saudí es una nación ficticia, un negocio de los especuladores petrolíferos, un despotismo familiar en plena hybris al que la Historia puede barrer con un soplido. Como Austria-Hungría con Alemania, las aventuras de un socio menor, de una monarquía decadente, pueden arrastrar a Estados Unidos y a Europa a la catástrofe.

No nos engañemos: las guerras no se ganan desde el aire. Y menos con una nación dispuesta a no dejarse masacrar por las hordas yihadistas. Estados Unidos tendría que emplearse abiertamente, con un mínimo de setenta mil soldados pie en tierra, para derribar el régimen de al-Assad. Si se atreve, tendremos una III Guerra Mundial.



30 de marzo de 2018

Rusiagate


En ejecución el “plan B” del fallido “Rusiagate”



¿Qué habría ganado Rusia con el asesinato del ex espía ruso Sergei Skripel y su hija Yulia? Esta simple pregunta está totalmente descartada del “razonamiento” de los políticos y de ese poder de facto que son los medios de prensa de los países de la OTAN, y sin embargo planteársela es “elemental”, como diría Sherlock Holmes, sobre todo si vemos el impecable realismo para no agravar las tensiones que el presidente ruso Vladimir Putin ha demostrado en el manejo de los conflictos creados por Estados Unidos y sus aliados en Ucrania, Siria y otros países.

Es por eso que hay “coincidencias” que merecen ser examinadas con atención, sobre todo en asuntos de sumo interés mundial y sin caer en un razonamiento “conspiracionista”. Me refiero a esta “coincidencia” tan puntual y que “cae como anillo al dedo” que ha sido el envenenamiento del ex espía ruso y su hija en Salisbury, Gran Bretaña, el domingo 4 de marzo, justo cuando ya era visible el desinfle del “Rusiagate”, la fábula de que Rusia, y en particular el presidente Vladimir Putin, habían manipulado la elección estadounidense para que ganara Donald Trump.

En efecto, conociendo el comportamiento de los gobernantes y servicios de inteligencia de Londres y Washington a lo largo de la historia, y especialmente en los últimos tiempos, hay muy buenas razones para pensar que lo sucedido a Skripal y a su hija, un grave hecho que aún no ha sido y que ni siquiera se quiere que sea elucidado, tuvo lugar en un momento muy particular, cuando periodistas británicos del Channel 4 estaban por revelar que la manipulación de la elección estadounidense, y del referendo sobre el Brexit, habían sido la obra de una empresa británica, Cambridge Analytica, que tiene oficinas en Londres, Nueva York y Washington y que utilizó datos proporcionados por Facebook (1).

Cambridge Analytica (CA), un “brote” de la empresa Strategic Communications Laboratories (SCL), manipuló elecciones en numerosos países –incluyendo algunos de Latinoamérica-, lo que necesariamente implica que tenía fuertes nexos con el mundo político relacionado con Washington y las estructuras de gobierno (e inteligencia), lo que no es extraño si vemos que uno de sus principales accionistas es nada menos que el  multimillonario estadounidense Robert Mercer, quien entre otras “causas” bien reaccionarias financió las campañas de varios Republicanos, entre ellas la de Donald Trump (2).

El reportaje de Channel 4

El 19 de marzo pasado el canal de TV Channel 4 News de Gran Bretaña difundió un reportaje (3) sobre CA que había sido realizado gracias a grabaciones –algunas hechas en secreto- entre finales del 2017 y enero del 2018, que exponían a través de los directivos y colaboradores de Cambridge Analytica todas las formas de manipulación que esta firma utilizó en el proceso referendario del Brexit en Gran Bretaña y en las elecciones de Estados Unidos (EEUU) que dieron el triunfo a Donald Trump, dos procesos a partir de los cuales se montaron increíbles campañas de propaganda para tratar de “mostrar” que habían sido manipulados por el gobierno de Moscú.

El primer dato curioso y revelador es que antes de que el Channel 4 difundiera el reportaje, el fundador y director de CA, Alexander Nix, renunció a su cargo, lo que implica que estaba al tanto de lo que iba a revelarse y de las consecuencias que tendría tanto para la firma y sus propietarios, como también para las conexiones políticas de CA en Londres y Washington.

Pero en realidad mucho antes, como por ejemplo el 15 de diciembre del 2017 –según la información del diario The Wall Street-, el consejero especial Robert Mueller pedía que CA “una empresa de datos que trabajó en la campaña para el presidente Donald Trump, entregase los documentos como parte de su investigación en la interferencia de Rusia en la elección del 2016 en EEUU” (4), lo que implica que ya entonces los servicios de inteligencia de EEUU y sus aliados estaban al tanto del papel que CA había jugado en el proceso electoral estadounidense.

Más aún, el diario The Times of Israel (5) acaba de revelar que CA trabajó con empresas israelíes y que además de utilizar los datos de Facebook –según el directivo de la división política de CA, Mark Turnbull-, efectuaba operaciones clásicas de chantaje y las “honey traps” (utilización de prostitutas ucranianas para grabar situaciones que permiten chantajear), y que para ello utilizaba ex espías británicos e israelíes. El informático canadiense Christopher Wylie, que trabajó para CA y decidió dar a conocer estas operaciones (6), acaba de revelar que la compañía canadiense AggregateIQ trabajó en el programa informático Ripon “que fue utilizado para identificar los votantes republicanos antes de la elección presidencial de EEUU en el 2016”.

Con la información disponible y la que empieza a salir a luz es claro que toda esta operación, así como quienes participaron en ella y quienes fueron sus beneficiarios, era de conocimiento de los servicios de inteligencia de EEUU y sus aliados, y mucho antes del 19 de marzo, cuando Channel 4 News difundió su reportaje.

O sea que mucho antes del 19 de marzo y del fatídico 4 de marzo –el envenenamiento de Skripel y su hija-, los personajes claves en Londres y Washington sabían que el Rusiagate que se jugaba en el Capitolio de Washington no solo estaba destinado a desplomarse definitiva y estrepitosamente, sino que habría que enfrentar el costo político y diplomático de esa campaña contra Rusia, fraguada desde el comienzo por millonarios, políticos y empresas de EEUU y Gran Bretaña.

Los vientos de marzo

Para tener una mejor visión del contexto hay que recordar que el 1 de marzo el presidente ruso Vladimir Putin hizo un discurso muy importante en el cual abordó importantes asuntos de política interior y –para poner las cosas en su lugar frente a Washington y la OTAN-, dio a conocer los avances que su país había logrado en armas estratégicas.

Asimismo ya había comenzado en Siria la preparación de la ofensiva para liberar las estratégicas zonas cercanas a Damasco, la capital, que estaban bajo el control de distintas fuerzas terroristas financiadas y armadas por el imperialismo y sus aliados, las cuales preparaban una operación de utilización de armas químicas que sería atribuida al gobierno de Siria para justificar la intervención militar de EEUU y sus aliados, que tenían planeado bombardear los edificios del gobierno en Damasco y las instalaciones del Ejercito Árabe Sirio.

Rusia advirtió que quienes preparaban ataques con armas químicas eran los terroristas armados y financiados por EEUU y sus aliados, llamó a cooperar para impedir la provocación y advirtió de manera clara que en caso de ataques aéreos contra instalaciones donde hubiera rusos la respuesta sería contundente y dirigida no solamente a los misiles sino a los aviones, buques e instalaciones que los lanzaran. De esta manera Moscú hizo que se volatilizaran las provocaciones preparadas por Washington y sus aliados para poder lanzar ataques en Siria y escalar las campañas mediáticas, políticas y diplomáticas contra Rusia.

Y es en este contexto que el domingo 4 de marzo en la ciudad de Salisbury ocurre el aún inexplicado envenenamiento de Skripel y de su hija, y que inmediatamente y sin prueba alguna las autoridades británicas acusan a Rusia de un intento de asesinato con un agente químico.

Curioso que el “ataque” con armas químicas que no pudo suceder en la zona cercana a Damasco sucediera en menor escala, según las autoridades de Londres, pero en nada menos que en Gran Bretaña, un importante país de la OTAN…

¿Algo más que coincidencias?

Por el momento ya se pueden plantear algo más que dudas sobre la coincidencia entre 1) el desplome total del Rusiagate en Washington y otras capitales que habían acusado a Rusia de intervenir y manipular elecciones, 2) el envenenamiento (porque todavía no se sabe si fue un intento de asesinato) de Sergei Skripal y su hija, y 3) el reportaje elaborado por periodistas del Channel 4 que reveló el papel que CA, sus propietarios y colaboradores, así como Facebook y ex espías de países occidentales jugaron en el referendo sobre el Brexit, en las elecciones en EEUU y de muchos otros países.

Pero para quien ha cubierto la política de agresión de EEUU hacia muchos países durante casi 60 años, las “coincidencias” que parecen “caídas del cielo” y que permiten no solamente seguir agrediendo sino aumentar la fuerza de la agresión, siempre han sido “operaciones con banderas de conveniencias” (false flags operations) para poner en acción los “planes B” que permiten continuar y escalar el plan original de agresión.

Es posible y deseable que se investigue cuándo las autoridades (y servicios de inteligencia) se enteraron del contenido de las entrevistas grabadas por el Channel 4, de la misma manera que se debe investigar cómo y con qué producto químico fueron envenenados o se envenenaron los Skripel, y de dónde provenía el producto, y todo esto en el contexto de la necesaria pregunta ¿a quién favoreció lo sucedido?

Mis recuerdos sobre la cobertura de los atentados contra el World Trade Center en el 2001 y de cómo esa tragedia fue manipulada por el poder político y mediático estadounidense para lanzar la guerra contra Irak para derribar a Saddam Hussein en el 2003, me hacen dudar de que la verdad salga a luz a menos que funcionarios honestos decidan no ser cómplices de más guerras y graves tensiones internacionales, y den a conocer los elementos que permitan llegar a saber lo que realmente sucedió.

La razón de fondo para el plan B

Si poco me extrañan las extravagantes acusaciones que lanzan los gobernantes británicos y estadounidenses es porque, como dice un respetado profesor de relaciones internacionales (que no voy a nombrar), veo mucha frustración y rabia no contenida en el comportamiento patológico de los maestros del universo. Que el mundo no evoluciona en un buen sentido para ellos.

Basta leer la parte pública de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que el gobierno de Trump dio a conoce a finales del 2017, y de la Estrategia de Defensa Nacional (EDF) dada a conocer a comienzos del 2018, y ver que en ambos casos hay una profunda preocupación en Washington (y por lo tanto en la OTAN) por la guerra que están perdiendo en Siria, por la pérdida de influencia y de hegemonía regional y mundial del sistema de dominación económica, comercial y financiera que conocemos bajo la figura de “globalización neoliberal”, y el encogimiento del poder político (y del “soft power”), frente a lo que ambos documentos denominan como “potencias rivales” que no aceptan las reglas del juego de la (ya pérdida) hegemonía que EEUU logró con el desmembramiento de la Unión Soviética.

¿Cuáles son esas potencias rivales? Rusia y China, a la primera se la asedia con bases y armamentos, se le aplican sanciones tras sanciones y se la acusa de todo lo imaginable. A China, que ya es la segunda potencia mundial económicamente hablando y que puede poner en entredicho el sistema monetario basado en el dólar, se la ataca con aranceles sobre los laminados de acero y aluminio, y se la amenaza con sanciones por no respetar los derechos de propiedad intelectual, mientras avanzan planes para aumentar el cerco militar que existe en Asia.

Washington y sus aliados ven que el realismo y la serenidad de Moscú y Beijing frente a estas provocaciones es una irrefutable muestra de convicción en el camino que ambos países han escogido. No desconocen que la fortaleza para resistir los embates proviene de la cohesión social y política de esos países, lo cual en lugar de llevar a la adopción de políticas realistas sigue alimentando el irracional, obcecado y hasta rabioso clima político que reina en las cúpulas del imperio y de la mayoría de sus aliados.

En el fondo, y la historia me parece que lo confirma, no solamente a los imperios no les gustar perder, sino que raramente aprenden cómo perder sin enloquecerse. No en vano el historiador Eric Hobsbawm nos advirtió del peligro implícito en la decadencia del imperio estadounidense, que desde su creación utilizó la fuerza militar como instrumento de dominación.

Lo cierto es que hay que terminar con la globalización de este capitalismo imperialista si además de impedir las guerras y hasta un conflicto nuclear queremos solucionar los peligros fatales para la humanidad que son el cambio climático, la destrucción de los ecosistemas y la falta de desarrollo en África para alimentar y hacer vivir una multiplicación de su población, como señala el biólogo estadounidense Paul Erlich (7).

El plan A fracasó y casi seguro que el plan B también fracasará, pero debemos estar conscientes que en Washington, Londres, Tel Aviv y otras capitales del imperio tienen más planes para avivar tensiones, crear focos de guerra y de subversión (Venezuela, Irán, Corea del Norte y países de África están en la mira) que pueden adquirir dimensiones regionales y llevar a confrontaciones nucleares.

Lo que es menos seguro es que en lugar de aceptar la realidad, que el mundo unipolar terminó hace rato, y que en lugar de ladrar y lanzar amenazas en el Consejo de Seguridad de la ONU, los actuales dirigentes occidentales den muestras de realismo para crear un mundo multipolar que respete las diferencias y legítimos intereses de todos los países, y que permita a África y otras regiones desarrollarse para enfrentar la dura realidad que se nos viene encima.


Notas

1.- Un canadiense que trabajó para Cambridge Analytica revela la manipulación: https://www.rt.com/uk/422471-cambridge-analytica-wylie-murder/


2.- La historia y composición de Cambridge Analytica en Wikipedia:  https://en.wikipedia.org/wiki/Cambridge_Analytica






- Alberto Rabilotta es periodista argentino-canadiense.

Fuente:   Alainet. 28.3.2018

27 de marzo de 2018

Aprendan, zurdos



En su paso por la Argentina, el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, fue entrevistado por la periodista Hinde Pomeraniec, de Infobae. Fue consultado por un tema sensible que se está debatiendo actualmente en nuestro país, la despenalización del aborto. Su respuesta fue tajante: “El aborto para mí es un asesinato. Y el asesinato del ser más débil, más desprotegido”. Es interesante conocer su posición para comprender que no sólo desde posturas “de derecha” se cuestiona la legalización del aborto:

Rafael Correa:
"...el aborto para mí es un asesinato. 
Y el asesinato del ser más débil, más desprotegido".


— Le voy a hacer una pregunta ya más de orden social. Hace unos años usted mantuvo un debate interno con las mujeres de su partido por la despenalización del aborto. Usted es una persona creyente, religiosa, está en contra de la despenalización, y éste es un momento en el cual no solo en la Argentina sino en diversos países se comienza a discutir el tema, incluso países católicos como Irlanda. Me gustaría escuchar su opinión.

— No creo que se trate de ser católico o no, son convicciones que van más allá de la creencia de uno. Gandhi decía: “Quién puede dudar de que el aborto es un asesinato”. Gandhi no es que era cristiano, no es que seguía los principios morales de la Iglesia Católica. Yo respeto mucho otras opiniones pero ese enfrentamiento, siempre hubo un debate interno. Y eso es democracia. El enfrentamiento fue por otro problema. Habíamos quedado en sacar ese tema, que es tremendamente sensible, de un nuevo cuerpo legal que se estaba discutiendo –me parece que era el Código Penal, el Código Integral Penal-. Después de llegar a un acuerdo con esas compañeras, ellas rompen el acuerdo y lo meten y nos crean un problema político. Entonces, se sanciona a esas compañeras por eso, por no haber respetado el acuerdo, como ellas lo reconocieron luego. Pero todo fue tergiversado por la prensa diciendo que, como no estaban de acuerdo conmigo, entonces las perseguimos. No es cierto: se llegó a un acuerdo y se rompió la disciplina partidista al haber roto ese acuerdo. En todo caso usted sabe cuál es mi posición al respecto.

— Sí.

— Respeto todas las posiciones en contrario pero yo soy también de esa línea de Gandhi, el aborto para mí es un asesinato. Y el asesinato del ser más débil, más desprotegido.

— Entonces, si usted fuera presidente hoy y su Congreso tratara la despenalización y la aprobara, ¿la vetaría?

— Sí.

— Es decir que no sería presidente en un país que tuviera el aborto despenalizado o legalizado.

— No sería el presidente que diera paso a aquello.

— Suena fuerte.

— Prefiero irme a mi casa.

— Muy fuerte.

— Sí, hay convicciones que son inclaudicables, ¿no?



La entrevista completa  ===>  acá.


Fuente:  Kontrainfo

13 de marzo de 2018

....intento de feminizar a los hombres...



...Niegan la biología porque la biología desmiente su idea de que las personas son de plastilina. Y ellos las quieren de plastilina para poder moldearlas. La existencia de la naturaleza imposibilita la ingeniería social...

Peterson: "Hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo"
12 FEB. 2018



Jordan Peterson
Entrevista de Cayetana Álvarez de Toledo a jordan B. Peterson.


Lo llaman "el intelectual más odiado por la izquierda", pero es mucho más que eso. Este psicólogo clínico canadiense se ha convertido en una figura de culto entre los 'millennials', sobre todo masculinos. Su reciente libro, 'Doce reglas para la vida', es un tratado de la responsabilidad frente a la cultura del victimismo. Y Jordan B. Peterson arrasa en ventas.



Pregunta. Dalí dijo que "los crustáceos son duros por fuera y blandos por dentro; o sea, lo contrario de los hombres". Usted también compara a los hombres con las langostas.

Respuesta. La izquierda posmoderna y sus guerreras feministas han logrado imponer la idea de que la jerarquía es una construcción social del malvado y corrupto patriarcado occidental. Sepultan la biología bajo su ideología. Niegan la naturaleza para culpar al varón. Es absurdo. Sus ideas no tienen base fáctica alguna. La Biología evolutiva y la Neurociencia demuestran que las jerarquías son increíblemente antiguas. Más que los árboles.

P. Tanto como las langostas.

R. Para una langosta, un dinosaurio es un nuevo rico que llegó y, puf, desapareció. Ya hace 350 millones de años las langostas vivían en jerarquías. Su sistema nervioso hace que aspiren a un estatus elevado. Los machos tratan de controlar el territorio y las hembras de seducir a los machos más fuertes y exitosos. Es una estrategia inteligente, que utilizan las hembras de distintas especies, incluida la humana.

P. Somos blandas por fuera y duras por dentro...

R. ¿Son machistas las langostas? Existe un hilo de continuidad entre las estructuras sociales de los animales y los humanos. Nuestro cerebro tiene un mecanismo que opera a base de serotonina: cuanto más elevada nuestra posición en el grupo, emociones más positivas. Las langostas tienen el mismo mecanismo. Pruebe a darle un Prozac a una langosta deprimida por una derrota: se pondrá como Clint Eastwood y volverá a la pelea.

P. ¿De dónde viene la idea de la jerarquía como pura construcción social?

R. En parte, del pensamiento de la Ilustración. A muchos intelectuales y filósofos les cuesta asumir las lecciones de la Biología evolutiva: descubrir lo mucho que tenemos en común con los animales, que no todo es cultura o razón... Les escandaliza profundamente. Y se entiende. La revelación de que un antidepresivo funciona a lo largo de la cadena evolutiva sacude nuestra visión del hombre.

P. Usted señala sobre todo a la izquierda.

R. La izquierda en general considera que las jerarquías son malas. Es normal: las jerarquías producen ganadores y perdedores. Y ser un perdedor o convivir con perdedores -gente que lucha pero malvive- es existencialmente doloroso. Además está demostrado que el exceso de desigualdad genera sociedades inestables. La izquierda tiene derecho a preocuparse. A lo que no tiene derecho -porque es científicamente falso- es a culpar de la desigualdad al capitalismo, a Occidente o al presunto patriarcado. Ocurre también con la riqueza. Dicen: es injusto que la riqueza se distribuya de forma desproporcionada y que pocas personas acumulen la mayor parte.

P. Lo cual es verdad.

R. Pero no es culpa de nadie. Es un fenómeno enraizado en la naturaleza: los que más tienen, más acumulan. Se ve en el tamaño de las ciudades. En las masas de estrellas. En la altura de árboles. Ahora hay unos señores que se hacen llamar "econofísicos". Estudian la Economía a partir de las leyes de la Física. Y han descubierto cosas fascinantes: las mismas leyes que rigen la distribución del gas en el vacío rigen la distribución del dinero en la economía. El problema de la desigualdad no tiene una explicación simple. Las cosas son complejas. Y la izquierda debe asumir esa complejidad y, a partir de ahí, iniciar una profunda renovación intelectual. La izquierda de hoy es tan previsible. Está tan obsesionada con la identidad, la raza, el género, la victimización... Lleva más de 30 años de retraso intelectual...

P. Desde que Derrida dijo: la verdad no existe, todo es interpretación.

R. La constatación del fracaso del comunismo, de su criminalidad estructural, fue un shock para la izquierda.

P. Archipiélago Gulag es su libro de cabecera.

R. Sí, después de Solzhenitsyn ni los más dogmáticos, ¡ni los intelectuales franceses!, pudieron seguir justificando el comunismo. ¿Qué hicieron entonces Derrida y los posmodernos? Una maniobra tramposa y brillante. Sustituyeron el foco del debate: de la lucha de clases a la lucha de identidades.

P. En la que seguimos enredados.

R. La premisa de los posmodernos era correcta: el mundo está sujeto a un número infinito de interpretaciones. Pero variedad no denota viabilidad. Lo corroboran a diario la Psicología del desarrollo, la Biología evolutiva, la teoría del juego, el estudio comparado de humanos y animales... hay infinitas interpretaciones potenciales, pero muy pocas interpretaciones viables.

P. Un ejemplo.

R. Vaya al Smithsonian Museum en Washington. Verá expuestos cientos de esqueletos de mamíferos. Son todos increíblemente parecidos. Las extremidades varían de longitud, pero el plan básico del cuerpo no ha variado. Lleva así decenas de millones de años porque no hay tantas configuraciones que funcionen. Y cuando una funciona, se conserva. Lo mismo ocurre con la jerarquía: es la solución evolutiva al problema de que muchos elementos del mismo tipo de una cosa convivan en un mismo lugar. Y hasta ahora no hemos dado con una alternativa. Si los posmodernos tuvieran razón, habría cientos de formas distintas de organizarse socialmente. Y no las hay.

P. ¿Y qué sentido tiene negar la naturaleza?

R. Los posmodernos son tercamente ideológicos: fijan un axioma, que puede ser válido, y luego lo aplican indiscriminadamente hasta invalidarlo. Foucault, por ejemplo: todo lo explica en función del poder. No acepta la multicausalidad. El sexo, el hambre, el calor, estatus, el juego, la exploración, la esperanza, el dolor... También influyen.

P. Pero insisto: ¿por qué negar la biología?

R. Por política. En el fondo, la obsesión de los posmodernos con el poder y las relaciones de dominio refleja sus ansias de poder y su afán de dominio. Niegan la biología porque la biología desmiente su idea de que las personas son de plastilina. Y ellos las quieren de plastilina para poder moldearlas. La existencia de la naturaleza imposibilita la ingeniería social.

P. Se intentó en el Siglo XX.

R. Auschwitz. El Gulag. No podemos percibir el mundo sin una jerarquía ética. Lo demuestran la Psicología y la Biología, y lo saben hasta los ateos. Necesitamos un orden. Sin orden se impone el vacío ético y moral. El relativismo absoluto. El caos.

P. Hablemos del caos. Sus vídeos y conferencias arrasan entre adolescentes y millenials, sobre todo varones. ¿Por qué?

R. Hay una crisis de la masculinidad. La "tóxica masculinidad", dicen las feministas. Los chicos reciben de la sociedad moderna un mensaje devastador y paralizante. Primero, se les recrimina su agresividad, cuando es innata y esencial a su deseo de competir, de ganar, de ser activamente virtuosos. Luego se les dice que la sociedad es una tiranía falocéntrica corrupta de la que ellos, por supuesto, son culpables de origen por el mero hecho de ser hombres. Y finalmente se les advierte: «No se os ocurra intentar prosperar o avanzar, porque entonces además de culpables seréis cómplices activos de la tiranía feminicida». El resultado es que muchos varones, sobre todo jóvenes, tienen la moral por los suelos. Están empantanados, perdidos. No tienen rumbo ni objetivos.

P. Usted insiste en la diferencia entre poder y competencia.

R. Es esencial. Lo peor que han hecho los posmodernos es propagar la confusión entre poder y competencia, aptitud, habilidad. Las jerarquías no son de dominación sino de competencia. Lea la luminosa obra de Frans de Waal. Los chimpancés tiránicos acaban muy mal: destrozados a pedazos. Los chimpancés más exitosos -también sexualmente- son los que interactúan mejor. Los que hacen amigos y tratan bien a las hembras. La competencia es más eficaz que el poder puro y duro.

P. El periodista Andrew Sullivan asegura que las relaciones gays son tan "agresivas" como las relaciones heterosexuales. Niega que exista una voluntad de dominio específica del hombre sobre la mujer y advierte contra la idea de guerra de sexos por falsa y peligrosa.

R. Sólo los hombres débiles intentan dominar a las mujeres. Otra lectura imprescindible: Machos demoníacos, de Richard Wrangham. Hay tres géneros de orangutanes: las hembras; los machos dominantes, que cautivan a todas las hembras; y los machos débiles, que morfológicamente parecen adolescentes y que, como no logran aparearse, recurren a la violación. ¡Violan! La lección es evidente: sólo los perdedores recurren al poder para obtener más sexo del que, necesitándolo, pueden alcanzar.

P. ¿Y qué pasa con los perdedores que aun así fracasan en sus propósitos?

R. Para eso existe la monogamia, que está enraizada en la biología y reafirmada culturalmente. Para evitar que los hombres rechazados acaben desarrollando conductas antisociales. En las relaciones humanas también funciona el patrón de distribución de Pareto: pocos hombres acaparan buena parte de las oportunidades sexuales. Esto es malo para los chicos que no ligan, claro. Pero tampoco es bueno para las chicas. Se ve en los campus universitarios americanos más progres, donde en los últimos años se ha producido una caída notable en el número de estudiantes varones precisamente por la presión ideológica. Las probabilidades que tiene una chica de trabar algo parecido a una relación estable son ínfimas. Alguno pensará: "¡Qué suerte para los chicos, el sueño de todo adolescente!" Falso. Porque las relaciones de pareja se convierten en una secuencia infinita de ligues de una noche sin continuidad ni perspectiva ni utilidad en el medio o largo plazo. Es un juego degenerativo, que devalúa a los participantes de ambos lados.

P. Usted denuncia el "intento de feminizar a los hombres".

R. Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad.

P. Explíquelo.

R. Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre. Y si es lista y competente, quiere un hombre incluso más listo y más competente que ella.

P. Veo ya a las feministas radicales rasgándose las túnicas.

R. Las feministas radicales se equivocan ¡radicalmente! No distinguen entre un hombre competente y un déspota. Su pánico cerval a cualquier exhibición de habilidad masculina es revelador de una pésima experiencia personal. Dicen: "¡Arranquemos a los hombres sus garras y sus colmillos! ¡Socialicémoslos! ¡Hagámoslos blandos, flácidos y femeninos, porque así no podrán hacernos más daño!" Es una manera patológica de contemplar el mundo y las relaciones humanas. Y es también un grave error estratégico. Porque cuando anulas a un hombre, aumentas su amargura y su resentimiento. Lo conviertes en un ser inepto, atormentado, carente de sentido. Y las vidas sin sentido son desdichadas. Y el hombre anulado se enfada. Y entonces sí se vuelve agresivo. El despotismo de los débiles es mucho más peligroso que el despotismo de los fuertes.

P. Usted vincula la crisis de la masculinidad con el auge de la extrema derecha.

R. Cuando las únicas virtudes sociales son lo fofo e inofensivo, la dureza y la dominación se vuelven fascinantes. Mire el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey. Seis meses estuve riéndome cuando se publicó. Pensé: ¡Qué apropiado! La cultura entera arde en exigencias de que el hombre envaine las armas y el libro más vendido de la historia es una fantasía sadomasoquista. Es extraordinario. Freud estaría a la vez horrorizado y exultante.

P. ¿Y las consecuencias políticas?

R. Son evidentes. No sé si se enteró del escándalo que provocó mi oposición a la ley C-16.

P. Sí.

R. La ley impone el uso de pronombres neutros para transexuales. En lugar de él, ella o ellos, palabras como ze, hir o zir. Yo dije, y repito, que no voy a usar esos términos. Primero, porque la imposición de palabras por ley es inaceptable y no tiene precedentes. Y, segundo, porque son neologismos creados por los neomarxistas para controlar el terreno semántico. Y no hay que ceder nunca el terreno semántico porque si lo haces, has perdido. Ahora, imagine que ya hubiésemos cedido. Que hubiésemos aceptado que una persona se define por su identidad colectiva, por cualquiera de sus fragmentos: género, raza, etnia, el que sea. ¿Qué pasaría? La narrativa opresor-oprimido se habría impuesto. Y los radicales de derechas dirían: "Vale, vamos a jugar el juego de la izquierda. Eso sí, nosotros no vamos a ser los culpables perdedores. Nosotros vamos a ser híperagresivos y vamos a ganar". Y entonces sí entraríamos en una lucha identitaria. En una guerra de sexos. En la polarización total.

P. Está ocurriendo.

R. La izquierda cree que puede ganar arrojando toneladas de culpa sobre los presuntos opresores. Quizá lo consiga, pero yo no apostaría mi dinero.

P. Hablemos ahora de las mujeres. Me da la impresión de que existe una brecha entre el discurso de las élites feministas -actrices, políticas ¡y políticos!- y las mujeres de verdad.

R. Claro que hay una brecha. Abismal.

P. ¿Qué quieren de verdad las mujeres de verdad?

R. Lo mismo que querrían los hombres si los hombres fuesen los que paren: desplegar todo su potencial y competencia, pero también tener bebés.

P. ¿En qué proporción?

R. A los 19 años, las mujeres anteponen su carrera a la familia. A los 28, ya no tanto. Es una realidad de la que nadie habla. Salvo algunas mujeres de 37 a 40 años que han desaprovechado la ventana de oportunidad reproductiva y se sienten infelices.

P. Bastaría con que los hombres ayudasen más con los niños.

R. Los hombres están peor configurados que las mujeres para el cuidado de niños de menos de dos años. Esto es así. Podemos aleccionarlos. Pero, ojo: también hay mujeres -inteligentes, fuertes, formadas- que libremente deciden ser ellas las que cuidan de los niños. Lo hacen porque quieren, no porque nadie se lo imponga. Y esa decisión les lleva a tomar otra, previa. Cada hijo exige unos tres años de intensa dedicación. Es mucho tiempo. Y para una madre, causa objetiva de vulnerabilidad. ¿Qué hacen entonces las mujeres? Practican la hipergamia: buscan pareja en el mismo o superior nivel competencial que ellas. Hablemos claro: de igual o más capacidad socioeconómica que ellas. Esto ocurre en todas las culturas. Es una de las revelaciones más notables de la Biología y la Psicología evolutivas. Y en el caso de las mujeres hípercompetentes, es un problema. Cuanto más alto el coeficiente intelectual de una mujer, más baja la probabilidad de que encuentre una pareja estable.

P. Los hombres no se atreven...

R. ... Ni a invitarlas a salir. He trabajado durante décadas con abogadas altamente cualificadas. Me contrataban para mejorar su productividad laboral y sus relaciones afectivas. Sus vidas. Lo tenían durísimo para encontrar pareja. Fíjese en este dato del Pew Research Centre. En los últimos 15 años, el interés de las mujeres por el matrimonio ha subido muchísimo. En cambio el de los hombres se ha desplomado. Una pésima combinación.

P. Quiero preguntarle por la brecha salarial entre hombres y mujeres.

R. Para empezar, es menor de lo que dicen. Los que hacen las estadísticas suelen confundir la media y la mediana. Y la media se desfigura por la existencia de un segmento ínfimo de billonarios, que en su mayoría son hombres.

P. Bien. Pero existe.

R. Sí. Lo que no existe es lo que llaman la brecha salarial "de género". Es decir, una brecha fruto de un prejuicio machista. Para que el argumento feminista funcione habría que asumir que el empresariado mundial es masoquista, tonto, suicida: "¡Ajá! Les pagamos menos y también las contratamos menos". Es absurdo. La realidad es que la diferencia salarial tiene unas 20 causas, de las que apenas una sería atribuible al prejuicio.

P. ¿Cuáles son esas causas?

R. La edad es una. La personalidad es otra, muy importante. Y la más importante son los intereses. Un dato contracorriente: las mujeres solteras de menos de 30 años cobran más que los hombres en esa misma franja de edad. La personalidad: las personas agradables cobran menos que las personas desagradables. Les cuesta más pedir un aumento de sueldo. Triste pero cierto. Y resulta que, de media, las mujeres son más agradables que los hombres. Dato científico, eh. Esto produce un ligero sesgo a favor de los hombres, que no es fruto de ningún prejuicio machista; si acaso es una injusticia con las personas amables del sexo que sean. Finalmente, los intereses: a los hombres les interesan más las cosas y a las mujeres, las personas. Y las profesiones relacionadas con las cosas están mejor pagadas que las profesiones relacionadas con las personas. Ingeniero y enfermera. Banquero y maestra.

P. Las mujeres holandesas son las que más trabajan a tiempo parcial. Y eso a pesar de una intensa política de incentivos para que lo hagan a tiempo completo. Parece que les gusta.

R. Es su elección. Incluso para mujeres que no tienen hijos ni quieren tenerlos. Pero nadie lo dice. Unos por ideología. Otros por miedo.

P. ¿Miedo? Se refiere a los sectores liberales y conservadores.

R. Claro. No se atreven a decir nada que contravenga el relato feminista por pánico a ser linchados por la turba.

P. En España, el presidente del Gobierno se opuso a la intervención en las empresas para imponer la igualdad salarial. Lo llamaron machista y se retractó.

Lo explicó hace años Thomas Sowell: "Si le das al Gobierno el suficiente poder como para imponer la igualdad efectiva de resultados le habrás dado el suficiente poder como para convertirse en una tiranía".

P. ¿Pero podría hacerse?

Habría que crear una estructura burocrática monstruosa. El libre mercado existe precisamente porque es imposible llevar a la práctica la fórmula "a igual trabajo, igual salario". ¿Quién y cómo determina que dos trabajos son idénticos? Ya se intentó bajo la Unión Soviética. Y así acabó.

P. ¿Por qué hay tan pocas mujeres al frente de grandes empresas?

R. Tengo un amigo que dirigía una de las principales empresas tecnológicas de Canadá. No cogió vacaciones en 20 años. Ni un sólo día. Y no eran jornadas de ocho horas, la mitad en el yate. Eran de 18 horas. Todo el día en un avión. Ya, en primera clase. Pero lejos de casa. De su familia. En hoteles anónimos. Nada de juerga y tequila. Para vivir así hay que estar configurado de una manera muy particular. Hay gente así, claro. Y la mayoría son hombres. ¿Son mejores? No. Son distintos. Incluso podríamos decir que sus prioridades son peores que las de las mujeres que optan por una vida más equilibrada, trabajando media jornada y cuidando de sus hijos. En todo caso, es su elección. ¿Usted qué haría?

P. Humm...

R. Ya.

P. Bajas de paternidad: hay oferta pero no hay demanda. ¿Por qué?

R. Cuando tienes un negocio del que depende tu familia no te coges cuatro meses de baja. Lo mismo pasa en las profesiones muy competitivas. Los despachos de abogados, por ejemplo. La mayoría de los socios son hombres. ¿Machismo? No. Hacen lo posible por fichar y mantener a los mejores. Del sexo que sea. El problema es que, a partir de cierta edad, las mujeres se marchan o reducen su nivel de compromiso. De nuevo, es una elección legítima. ¿Vamos a criticarlas por ello? ¿Vamos a llamarlas falocéntricas?

P. Susan Pinker cuenta que en la Unión Soviética muchas mujeres estudiaban carreras relacionadas con las Ciencias y en cuanto llegó la democracia, y pudieron escoger libremente, se produjo un trasvase hacia las Humanidades.

R. Y fíjese en la última gran sorpresa.

P. ¿Cuál?

R. Los países escandinavos han hecho lo imposible por imponer una igualdad formal entre hombres y mujeres. De la cuna hasta la tumba, han eliminado todos los elementos culturales que pudieran condicionar o acentuar las diferencias de género. Hasta los juguetes son neutros. ¿Y qué ha pasado? Exactamente lo contrario de lo previsto: ¡las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres se han acentuado! Es un descubrimiento científico impresionante: si erradicas las diferencias culturales, maximizas las diferencias biológicas.

P. ¿Es todo hombre un agresor sexual en potencia?

R. ¡Tanto como la mujer una manipuladora caza-ricos en potencia! En todo individuo existe una capacidad muy elevada de hacer el mal. La pregunta es: ¿por qué se difunden estas ideas sobre los hombres?

P. ¿Por qué?

R. El 95% de los delitos son cometidos por el 5% de la población. La mayoría de esos criminales actúa una o dos veces. Pero existe un pequeño segmento que actúa de forma serial. Depredadores sexuales. Pederastas. Psicópatas que dejan un reguero de víctimas. A partir de ahí, cualquiera puede convertir a todos los hombres en depredadores al manipular la definición de "violencia sexual". Porque no hay un hombre en el planeta que no haya hecho alguna vez un avance sexual no correspondido. En parte por torpeza o falta de sofisticación. En parte porque no sabía cuál iba a ser la respuesta.

P. Hoy eso basta para forzar la dimisión de un ministro o liquidar la carrera de un actor.

R. La izquierda posmoderna exige a la vez expresión sexual ilimitada, de cualquier gusto o color -ahí está el Orgullo Gay- y seguridad sexual absoluta. A ver cómo cuadran ese círculo. Su última ocurrencia es una maravilla: el consentimiento afirmativo. Cada paso y etapa de un encuentro amoroso o sexual debe quedar debidamente registrado para evitar equívocos. ¡Es tan orwelliano! Sólo un pobre ingenuo de 13 años puede considerar que esto es no ya positivo, sino viable. A veces da la impresión de que nuestra cultura ha sido tomada por gente con graves trastornos de personalidad. Lo digo seriamente. Clínicamente.

P. ¿Cómo definiría el #MeToo?

R. Actrices vestidas de riguroso negro... Eso sí, de forma sexualmente provocadora... Hollywood, quejándose de manipulación sexual... ¡Hollywood, que se erigió literalmente sobre la manipulación sexual! Parece una broma. Pero vamos a hablar en serio. Existe un fenómeno que he visto en mi consulta... A ver, esto podría causarme un problema... Algunas mujeres no saben decir que no. Son mujeres vulnerables o dañadas, que se exponen una y otra vez. Tienen relaciones anómalas, no sólo con los hombres. Una mujer está en casa. Llega el repartidor. Es amable y simpático. Y acaba teniendo con él una relación sexual que no supo cómo evitar y de la que al minuto se arrepiente gravemente. No es culpa suya. Ni del repartidor. Ni de nadie. Es un fenómeno más frecuente de lo que parece y en las universidades se agrava por el consumo de alcohol.

P. ¿A veces decir que no es decir que sí?

R. ¿Cómo?

P. Un no es casi siempre un no rotundo. Pero alguna vez puede ser un quizás. O incluso un sí. Depende de muchos factores.

R. Yo no me atrevería a decir eso.

P. Lo digo yo.

R. Si usted dijera eso en el típico campus progre americano sería denunciada ante un comité de discriminación, sometida a una investigación, linchada y despedida.

P. ¿Y de que me acusarían exactamente? ¿De promover la violación?

R. Probablemente.

P. La verdad es compleja. Salvo que aceptemos que todas las mujeres, y todos los hombres por cierto, somos débiles, incapaces de expresar nuestra voluntad y sentimientos, o incluso de jugar con las palabras y los tiempos.

R. Creo que fue Mike Pence el que dijo que no se reuniría a solas con una mujer a puerta cerrada. La gente se escandalizó. A mí me han aconsejado lo mismo cientos de veces. Yo paso, porque me parece ofensivo, para mí y desde luego para las mujeres. Para eso, pongamos una cámara en cada despacho. O mejor aún: impongamos la obligación de que todo encuentro sexual sea grabado y colgado en YouTube, así nadie podrá tener la más mínima duda de que cada fase del acto se desarrolló de forma perfectamente cordial, civilizada y consentida.

P. ¿Qué le pareció el manifiesto de las actrices francesas en respuesta al #MeToo?

R. No lo conozco.

P. Se lo enviaré. Distingue entre el acoso sexual y el derecho a importunar.

El derecho a importunar es elemental. Como el derecho a ofender. Se lo dije a la entrevistadora de Channel 4 con la que tuve una discusión, digamos, intensa.

P. Viral.

R. No hay derecho a pensar sin derecho a ofender. Porque nada de lo que yo pueda decir será universalmente aceptado y asumido. ¿Y quién decide qué es ofensivo? Tu interlocutor. ¿Y si hablas con mil personas? Como mínimo una de ellas se ofenderá. ¿Y entonces qué haces? Dejas de hablar. Te limitas a decir obviedades: "este suelo parecería ser de color gris". Con un agravante: cuando acaba el debate empieza la bronca.

P. ¿Y qué papel juegan los medios?

R. Lo que necesitamos en los medios es pocas personas súperinteligentes dispuestas a decir la verdad. Lo que tenemos son hordas de columnistas de segunda poseídos por el miedo y la ideología. Y pronto dejarán de ser leídos y escuchados.

P. Su libro es un tratado de responsabilidad contra la cultura de la sobreprotección.

R. Otro legado de la progresía: una generación de mimados y quejicas, cero preparados para encarar la vida. Esos padres edípicos, que hacen un pacto con su niño: "No nos abandonarás jamás y a cambio nosotros haremos todo por ti". Puro egoísmo envuelto en mimos. El resultado es que los niños crecen sin madurar. No tienen sentido de la responsabilidad. Son victimistas. Se vuelven inútiles y acaban resentidos.

P. ¿Y cómo se inculca el sentido de la responsabilidad?

R. Mi mensaje a los jóvenes es sencillo. Espabilad. Dejad de pudriros en casa. Dejad de quejaros y de culpar a los demás. Sed honrados, rectos y disciplinados. Haced algo útil. Asumid vuestra responsabilidad. Buscad sentido a la vida. Haced como las langostas: caminad erguidos con los hombros hacia atrás.

P. Lo que no dicen los políticos.

R. Lo que deberían decir. Porque al mundo le sobran niños. Lo que necesita son hombres adultos.

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